La reciente detención de un hombre de apellidos Villegas Valderramos en las cercanías del peaje de la ruta 32, vinculado presuntamente con la estructura criminal de Alejandro Arias Monge, alias Diablo, vuelve a poner sobre la mesa una de las grandes preguntas: ¿por qué las autoridades no logran capturarlo?
Diablo es considerado uno de los criminales más buscados del país, señalado por las autoridades como líder de una organización vinculada al narcotráfico, homicidios y legitimación de capitales. A pesar de múltiples operativos, su paradero continúa siendo desconocido.
La captura de Villegas se dio como parte de una investigación internacional en la que también participa la DEA, junto con el Ministerio Público y el OIJ, enfocada en ubicar y capturar a Arias Monge.
El sospechoso fue arrestado cuando se desplazaba en un vehículo blanco.
Durante la revisión, las autoridades ubicaron en el carro dinero oculto que asciende a ¢15.499.000 y $2.153, además de marihuana, joyas y tres teléfonos celulares, los cuales fueron decomisados como parte de la investigación.
Según el Ministerio Público, el detenido figura como presunto encargado de transportar dinero y droga para la estructura criminal ligada al Diablo.
El director a.i del OIJ, Michael Soto, asegura que un grupo de agentes viene trabajando con la DEA.
“Es una de las cabecillas de este grupo y se venía desplazando de Nicaragua hasta Limón, se decide intervenir el carro en que viajaba, se localiza dinero, que se cree que venía de recoger y lo llevaba a Guápiles”, dijo Soto.
En las últimas semanas ha circulado la posiblidad de que Diablo esté en la frontera nicaragüense donde se mueve con libertad.
Se cree que el dinero era para alguna necesidad de algún miembro del grupo o producto de la ventana de droga.
Para entender las dificultades de la captura a Diablo buscamos a dos expertos, el abogado Rogelio Ramírez, exagente del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y con amplio conocimiento en crimen organizado, quien señala que uno de los principales obstáculos es la falta de coordinación y flujo de información entre instituciones del Estado y entidades privadas.
“Ciertamente hay muchos factores que complican la localización de una persona en este país. Uno de los factores más importantes es la ausencia de información cruzada entre instituciones del Estado y las empresas de servicio privado, como entidades bancarias y el uso de tarjetas, y que esa información pueda llegar completa y a tiempo a las autoridades policiales o judiciales”, explicó.
Ramírez añade que, en el caso específico de Diablo, no se pueden descartar varias hipótesis: que haya muerto desde hace tiempo, que cuente con apoyo de funcionarios corruptos, que utilice identidades falsas, que se mantenga en zonas fronterizas de difícil acceso o incluso que haya salido del país hacia territorios como México o Guatemala.
También señala limitaciones operativas del Estado.
“La falta de recursos humanos, económicos y tecnológicos impide conformar una fuerza de tarea robusta. Sin inteligencia policial suficiente y sin acceso a información de calidad es muy difícil dar con una persona que opera en la clandestinidad”, indicó.
Según el exagente, detenciones como la de Villegas evidencian que los eslabones logísticos de estas estructuras pueden ser rastreados, pero requieren una labor de seguimiento más profunda y planificada para llegar al objetivo principal.
Por su parte, el criminólogo Gerardo Castaing coincide en que factores geográficos y sociales influyen directamente en la dificultad para ubicar a este tipo de objetivos.
“En la historia hemos tenido casos similares en la zona de Limón, donde hay lugares complicados de acceso. Son zonas muy amplias, inhóspitas, con canales y territorios como Tortuguero, donde la misma geografía complica las operaciones”, explicó.
Entre fronteras
Castaing añade que el temor de la población también juega un papel clave.
“El miedo a represalias inhibe a las personas de brindar información, lo que dificulta aún más la ubicación de estos individuos”, afirmó.
El especialista recuerda que existen rutas históricas y pasos utilizados en zonas como San Carlos y Sarapiquí que permiten movilidad entre fronteras, lo que podría facilitar el desplazamiento de personas que conocen bien el terreno.
Incluso, Castaing no descarta que el Diablo pueda estar oculto en territorio nacional, moviéndose en zonas rurales o fronterizas, o que exista la posibilidad de que ya no esté con vida, aunque subraya que la falta de información confirma la complejidad del caso.
Aunque el actual gobierno había insistido en que el OIJ no pudo capturar a Diablo, la recompensa que ofreció el año pasado la DEA de hasta $500.000 por información que permita su arresto o condena, al vincularlo con delitos de narcotráfico, homicidio y legitimación de capitales, así como conspiración para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos tampoco ha dado resultados.





