Sucesos

Terremoto de Patillos, Coronado: la niña que sobrevivió y perdió a su familia recuerda el día más triste de su vida

Argentina Amador Blanco, la memoria de una sobreviviente

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Argentina Amador Blanco, de 85 años, es una de las sobrevivientes del terremoto de Patillos en Coronado, San José.

Tenía apenas 12 años cuando un fuerte movimiento la mantuvo tumbada en el suelo, sin poder levantarse durante unos segundos.

El sismo llegó acompañado de un ruido que todavía permanece en su memoria. Pero lo peor lo descubrió después, cuando intentó regresar a su casa y encontró que los caminos habían desaparecido, que su vivienda ya no existía y que su familia había desaparecido para siempre.

El espantoso momento ocurrió el martes 30 de diciembre de 1952, a las 6:07 a. m. en la víspera del Año Nuevo.

El fuerte movimiento provocó deslizamientos y cambió el cauce del río Blanco.

Aquellos recuerdos permanecen intactos en la memoria de esta enfermera pensionada. Ocurrieron cuando ella era apenas una niña y, aunque han pasado 74 años, todavía le cuesta hablar de algunas escenas.

“Casi no tengo valor de recordarlo porque me da mucha tristeza”, contó.

Argentina Amador Blanco, de 85 años, sobreviviente del terremoto Patillos en Coronado, el 30 de diciembre de 1952. Foto: Jorge Alvarado para La Teja
Argentina Amador Blanco, de 85 años, sobreviviente del terremoto Patillos en Coronado, el 30 de diciembre de 1952. Foto: Jorge Alvarado para La Teja (Jorge Alvarado para La Teja/Jorge Alvarado para La Teja)

Antes de que la tierra se moviera, aquella parecía ser una mañana de trabajo más en la finca.

Argentina recuerda que la familia se levantó alrededor de las 4 de la mañana para ordeñar.

“Yo era como la tercera o cuarta de los hermanos. Tenía otros hermanos mayores. Como chiquillos que éramos, teníamos que colaborar en la casa, siempre ayudábamos en lo que podíamos”, recordó.

Uno de sus hermanos, Eduardo, se quedó lavando la lechería. Otro, Edgar, se llevó las vacas a un potrero. Su papá, Bernardo Amador Chanto, salió para entregar la leche recién ordeñada a unos muleros, hombres que llegaban en sus mulas para recogerla.

Argentina y su hermano Álvaro, quien tenía 10 años, se encargaron de llevar otro grupo de vacas hacia un terreno más alto.

La familia se dividió, como era habitual en aquella finca.

Terremoto de Patillos, en Coronado, San José el 30 de diciembre de 1952. Foto: Tomada de Senderismo Cartago CR
Así pedían ayuda para los afectados del terremoto de Patillos en Coronado. Foto: Tomada de Senderismo Cartago CR (Tomada de Senderismo Cartago CR /Tomada de Senderismo Cartago CR)

En la casa quedaron su mamá, Eugenia Blanco; una hermana que se llamaba igual que su madre; y un recién nacido llamado Carlos Luis.

Argentina y Álvaro estaban lejos de la vivienda cuando ocurrió el terremoto.

El movimiento fue tan fuerte que los dos niños no podían mantenerse en pie.

“Mi hermano y yo quedamos por otro lado. Nosotros no podíamos caminar por la fuerza del temblor, nos tumbaba al piso”, recordó.

Aquel terremoto cambió el terreno que conocían. Los caminos se convirtieron en zanjas y los pasos que antes utilizaban para movilizarse entre las fincas dejaron de existir.

Para los dos hermanos, regresar a casa se convirtió en una lucha.

Argentina y Álvaro comenzaron a avanzar por un trillo.

Las fincas de Patillos no tenían electricidad y las personas se movilizaban a pie o en mula.

Desde Cascajal de Coronado hasta Patillos, podían tardar aproximadamente seis horas caminando.

“Caminamos por un trillo como unas cinco o seis horas hasta que llegamos a una casa que estaba destruida, pero había una familia”, relató Argentina.

Los habitantes de aquella casa escucharon lo que contaban los niños y trataron de averiguar si realmente había ocurrido lo que ellos decían.

Lo comprobaron; el lugar donde vivía la familia Amador Blanco había desaparecido.

El terremoto había convertido aquella zona en un paisaje irreconocible: ríos de barro, así la describe doña Argentina.

Ella y Álvaro pensaron entonces que quizá serían los únicos sobrevivientes de su familia.

Una tía materna llegó a recogerlos para llevarlos a Goicoechea.

Pero todavía quedaba una persona por encontrar.

Su papá estaba vivo; la Cruz Roja lo había rescatado y lo llevó hasta el centro de Coronado.

Para los dos hermanos esta noticia les devolvió algo de esperanza.

“Fue una gran alegría encontrar a mi papá,” recordó Argentina.

Pero el encuentro estuvo marcado por otra escena que tampoco ha podido olvidar.

Bernardo Amador, papá de Argentina, estaba sumido en una borrachera.

“Nos dio mucha tristeza que mi papá estaba sumido en una borrachera tal que ni nos reconoció, seguro de lo mismo que había pasado y pensar que había perdido a toda la familia. Entonces mi hermano y yo llorábamos”, relató.

Bandera de Coronado
Los temblores en Coronado, San José recordaron el terremoto de diciembre de 1952. Foto: Alonso Tenorio (Alonso Tenorio/Atenorio)

Los cuerpos de los familiares de Argentina nunca fueron recuperados.

“Nunca se recuperaron, ni nadie se preocupó por buscarlos tampoco”, manifestó.

Argentina no solamente perdió a su mamá y a sus hermanos siendo una niña. También tuvo que continuar su vida sin un lugar al cual regresar para visitar sus restos. Nunca más volvió a ese sitio.

La zona donde vivían estaba formada por fincas y lecherías. No había electricidad. Las casas se alumbraban con canfín.

Los periódicos de la época describieron un escenario que permite comprender lo difícil que debió ser para Argentina y otros sobrevivientes regresar a sus casas.

La Nación reportó hasta el 3 de enero de 1953 lo que había ocurrido porque durante esos días no circuló el periódico. Señalaba que grandes masas de tierra se habían desprendido del Irazú y que entre Patillos y Tierras Morenas habían aparecido nuevos cerros que antes no existían.

También informó sobre un cerro que había caído sobre el cauce del río Blanco y había formado un lago.

Durante varios días hubo personas aisladas, familias cuyo destino se desconocía y equipos de rescate que luchaban contra el barro, los derrumbes y los nuevos accidentes del terreno para llegar hasta ellas.

Terremoto de Patillos, en Coronado, San José el 30 de diciembre de 1952. Foto: Tomada de Senderismo Cartago CR
Terremoto de Patillos, en Coronado, San José el 30 de diciembre de 1952. Foto: Tomada de Senderismo Cartago CR (Tomada de Senderismo Cartago CR/Tomada de Senderismo Cartago CR)

Argentina no fue la única niña que quedó marcada por aquel terremoto.

Agustín Ernesto Quirós tenía 10 años y vivía en El Rodeo de Coronado, aproximadamente a 10 kilómetros en línea recta de Patillos.

Él recuerda el movimiento a través de los animales.

En su casa había un árbol de flor de itabo. Durante el terremoto, sus ramas comenzaron a rozarse unas con otras y produjeron un ruido que, según recuerda, era ensordecedor.

Pero lo que más le impresionó fue el comportamiento del ganado.

Las vacas se arrodillaban y mugían de una manera que le provocaba miedo. Las gallinas corrían y los animales se alborotaban.

“Se le paraba el pelo a uno”, recordó al hablar de aquella mañana.

Una hora después, comenzaron a llegar noticias a los cuerpos de emergencia y las unidades empezaron a movilizarse por Coronado.

Quirós, todavía un niño, llegó hasta el Puente Rosario, sobre el río Virilla, para observar el paso de los vehículos de emergencia.

En ese momento todavía no comprendía la magnitud de lo que había ocurrido en Patillos.

Con los años, vivió otros terremotos, entre ellos el de Limón y el de Cóbano, pero ninguno quedó grabado en su memoria de la misma manera.

“No les tengo miedo a los temblores, pasé el terremoto de Limón, el de Cóbano y otros, pero el de Patillos fue excepcional, quizás por la cercanía en la que estuvimos y ver los daños”, comentó.

Carlos Blanco, vecino de Coronado, tenía 14 años cuando ocurrió el terremoto.

También recuerda cómo aquel movimiento cambió por completo los caminos.

Él y su familia estaban tomando café antes de salir a jalar pasto cuando comenzó el desastre.

Después del terremoto, los caminos se habían convertido en enormes zanjas.

“Ni las vacas podían pasar. Las tuvimos que rellenar con piedras y luego con arena para poder pasar”, recordó.

Blanco también participó en la búsqueda de un muchacho que había quedado sepultado mientras arreaba unas vacas.

Tras seis días, lo encontraron.

“Ese día venía el muchacho y quedó aterrado. Como a los seis días lo encontramos, estaba parado y recostado al paredón. Pobrecito, ¡qué muerte más triste!”, expresó.

Su recuerdo se suma a los testimonios que permiten dimensionar lo que ocurrió en aquella zona.

No se trató únicamente de casas dañadas. El terremoto modificó caminos, ríos y montañas. Aisló comunidades y dejó familias enteras bajo tierra o desaparecidas entre los deslizamientos.

Escuela Monserrat de Cascajal
Lo más cerca de Patillos es por Cascajal o Monserrat de Coronado, sin embargo no hay camino para llegar a Patillos, es montaña. Foto: Marvin Caravaca (Marvin Caravaca)
Todo es montaña en la parte alta de Coronado, donde justamente ocurrió el teremoto en diciembre de 1952. Foto: Alonso Tenorio (Alonso Tenorio)

Han pasado 74 años desde aquel 30 de diciembre.

Argentina ya no es aquella niña que salió de madrugada a trabajar junto con sus hermanos. Hoy tiene 85 años. Fue enfermera y está pensionada.

Pero conserva con claridad los recuerdos de aquella mañana.

Recuerda haberse levantado a las 4 a. m. para ordeñar.

Recuerda haber salido con Álvaro para llevar las vacas a un terreno más alto.

Recuerda que la tierra no los dejaba caminar.

Recuerda las horas de camino.

Recuerda llegar a una casa destruida y enterarse de que el lugar donde vivía había desaparecido.

Recuerda encontrar a su padre y verlo sin siquiera reconocerla.

Y recuerda, sobre todo, a las personas que nunca volvieron.

Su hermano Álvaro, con quien sobrevivió aquella mañana, murió en 1991. De aquella familia que salió a trabajar antes del amanecer, Argentina fue una de las personas que pudo contar lo ocurrido.

A sus 85 años, aquella niña todavía lleva consigo la historia de una familia que desapareció en uno de los terremotos más destructivos que han golpeado a la zona.

El terremoto terminó en aquella mañana de diciembre de 1952. Para Argentina, sin embargo, una parte de él se quedó para siempre en su memoria.

Alejandra Morales

Alejandra Morales

Bachillerato en Periodismo en la Universidad Internacional de las Américas y licenciada en Comunicación de Mercadeo en la UAM. Con experiencia en temas de sucesos y judiciales.

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