Rocío Sandí.17 marzo
Muchos de los muchachos presos pertenecen a bandas criminales. Foto: Jorge Castillo.
Muchos de los muchachos presos pertenecen a bandas criminales. Foto: Jorge Castillo.

Hace unos diez años, los menores de edad que llegaban a la cárcel del Zurquí eran en su mayoría jovencitos que vivían en la calle y cometían hurtos o robos para sobrevivir, pero ahora la realidad es muy distinta, ya que una gran parte de los muchachos que caen presos en ese lugar son miembros de grupos criminales peligrosos.

Así lo explicó Sofía Segura Balmaceda, directora del Centro de Formación Juvenil Zurquí, ubicado en San Luis de Santo Domingo de Heredia, quien dijo a La Teja que tratar con jóvenes problemáticos es realmente complejo.

"Ya no es la misma población que venía antes, muchachos que estaban en la calle o en albergues del PANI y que se portaban mal. Ahora es una cuestión más organizada y más violenta a la que hay que prestarle atención.

"Ellos han sido excluidos desde muy pequeños, violentados y aprendieron eso. La Ley Penal Juvenil es socio-educativa, por lo que hay un programa que es de sanciones alternativas, que tiene a seiscientos muchachos, ellos están en libertad, reciben atención profesional y se van a sus casas, trabajan, estudian, no duermen en ningún centro.

Los jóvenes están separados por rangos de edades y en este pabellón tienen una compañía gatuna. Foto: Jorge Castillo.
Los jóvenes están separados por rangos de edades y en este pabellón tienen una compañía gatuna. Foto: Jorge Castillo.

“Por otra parte están los que permanecen aquí en el centro, privados de libertad, que son relativamente pocos con respecto a la población penal del país, pero tienen características muy particulares y la infraestructura no es la más conveniente para ellos”, explicó la jerarca.

Malos ejemplos

El criminólogo y exagente del Organismo de Investigación Judicial Gerardo Castaing, coincide en que ahora las bandas buscan jovencitos para incorporarlos en sus filas.

"La globalización que se vive en la sociedad también es adoptada por los criminales, ellos ven ejemplos de países como Colombia, México, Estados Unidos y los copian. Un muchacho de 16 años de ahora no piensa igual que uno de hace 30 años. Actualmente están bombardeados de información y malas influencias, eso los hace vulnerables.

"La situación económica del país ha hecho que muchas mamás, que antes se quedaban en los hogares cuidando a los hijos, ahora deban salir a trabajar, eso hace que los menores estén solos y no se sientan importantes ni tomados en cuenta. Las bandas narco saben eso y llegan hasta esos jovencitos que por lo general viven con limitaciones de dinero, primero les ofrecen drogas y luego los reclutan para los grupos.

En enero se estrenó esta cancha sintética en el centro penitenciario. Foto: Jorge Castillo.
En enero se estrenó esta cancha sintética en el centro penitenciario. Foto: Jorge Castillo.

“Los adolescentes son fáciles de convencer porque empiezan a ver dinero y se emocionan. Además, se consideran respetados porque por primera vez en la vida se sienten parte de algo, que hasta les ofrece la oportunidad de crecer en la jerarquía”, explicó.

Los delincuentes reclutan a los menores y les encomiendan cometer delitos que van desde vender drogas hasta cometer asesinatos. Los pagos muchas veces son bajos y en ocasiones los recompensan con prendas como camisetas de marca o tenis.

Actualmente la población interna masculina de la cárcel de menores está compuesta por un adolescente menor de 15 años, 38 menores de 18 años en condición de indiciados (sin una condena aún) y 18 ya sentenciados. Además, ocho jóvenes mayores de 18 años ya condenados y 10 indiciados que son los que fueron llevados temporalmente a Pococí. En cuanto a las mujeres, hay dos menores de edad en espera de sentencia, mientras que mayores de edad hay dos indiciadas y ocho ya con sentencia. En total son 87 reclusos, incluyendo los diez que están pasando una temporada en la otra prisión.
Muy violentos

La directora del centro penal juvenil dice que muchos de los adolescentes que caen en esa prisión arrastran los problemas que traen de afuera y eso vuelve el ambiente muy tenso.

"Ellos llegan aquí a toparse con los enemigos de la calle y se reproduce lo mismo que pasa afuera. Nosotros tratamos de que ellos estén en convivencia siempre, pero la ley nos hace tenerlos separados, hay que hacer divisiones por edades: menores de 15 años, mayores de 15, indiciados, sentenciados, mujeres, hombres.

Sofía Segura, directora del centro, dice que la estructura no es adecuada para jóvenes

“En la escuela, actividades deportivas y en otras celebraciones especiales, tratamos de que ellos convivan y compartan, pero claro, también tenemos que resguardarles la integridad y la vida”, comentó Sofía Segura.

La encargada de la prisión dijo que los oficiales de la Policía Penitenciaria que trabajan en ese centro deben tener una capacitación distinta que los que laboran en otras cárceles.

"En ocasiones se dan enfrentamientos entre los mismos muchachos y es necesaria la intervención de la Policía, hablamos de una policía especializada, no es lo mismo enfrentar una situación con población penal juvenil, donde hay muchachos jóvenes, enérgicos e impulsivos, que con población adulta.

“Los jovencitos tienden a ser desafiantes, retadores y todo lo cuestionan. Nosotros tenemos que apelar mucho al diálogo. A los muchachos se les habla, se les explica y ahí vamos. Si llegamos de una vez a enfrentarlos vamos a recibir lo mismo o peor, tenemos que tener un balance entre límites y autoridad, pero también efectividad y diálogo permanente”, aseguró.

El último ejemplo de un joven relacionado con delitos graves fue el de un muchacho de 17 años, quien habría recibido 50 mil colones por supuestamente matar a la joven Karolay Serrano. El cuerpo de ella fue hallado en Barva de Heredia.
Los reos reciben educación física en el gimnasio que acaban de remodelar. Foto:Jorge Castillo.
Los reos reciben educación física en el gimnasio que acaban de remodelar. Foto:Jorge Castillo.
Grandes esfuerzos

La directora del centro penal reconoce que falta mucho por hacer para mejorar las condiciones en las que viven los muchachos, pero rescata que están haciendo grandes esfuerzos.

“La infraestructura es para una población que está en un espacio y que sale, no es para población penal y menos para población penal juvenil”, expresó.

Las deficiencias estructurales hacen que para los jovencitos sea fácil hacer huecos en los techos y paredes para fugarse.

En enero pasado terminó la remodelación de un gimnasio y también estrenaron una cancha sintética en las que se pegan unos mejengones.

“Esta población tan joven y con tanta energía necesita tener mucha actividad física y estar ocupada, nosotros tratamos de que eso sea así y de que todos los grupos salgan de los módulos al menos una vez al día”, dijo.

La mayoría de muchachos que están en el centro no reciben visitas. Foto: Jorge Castillo.
La mayoría de muchachos que están en el centro no reciben visitas. Foto: Jorge Castillo.
Olvidados

"No es casual que la mayoría de jóvenes de este centro penal no reciba visitas. Son abandonados, excluidos de un montón de cuestiones que ellos deberían estar viviendo y disfrutando en este momento, obviamente eso les afecta en su comportamiento.

“Aquí tenemos grupos voluntarios que visitan a los muchachos una vez terminada la jornada laboral y durante los fines de semana, nos apoyan un montón. Eso ayuda a que ellos no estén solos cuando los funcionarios administrativos salimos de trabajar, son fundamentales para nosotros”, detalló.

Sofía espera que poco a poco se vayan resolviendo los problemas que tienen en el centro para dar un mejor tratamiento a los muchachos y así sea más efectivo el proceso de reinserción a la sociedad.

Si comparamos los números de casos juzgados por la Ley Penal Juvenil de hace unos años con los actuales se nota un gran incremento. En el año 2006 estaban activos 5.021 casos contra menores, en el 2007 eran 5.702 y en el 2008 un total de 6.722. Diez años después, en el 2016, los casos tramitados fueron 19.275, en el 2017 la cifra fue 17.797 y en el 2018 fueron 16.442.
Los muchachos tienen asignadas distintas labores, algunos ayudan en la cocina. Foto: Jorge Castillo.
Los muchachos tienen asignadas distintas labores, algunos ayudan en la cocina. Foto: Jorge Castillo.