El Mundial 2026 arrancó este jueves con música, color, estadios llenos y el desfile de las 48 selecciones clasificadas. Sin embargo, para Costa Rica hubo una imagen imposible de ignorar: la bandera tricolor no apareció.
La ausencia se convirtió en una dolorosa confirmación de lo ocurrido en noviembre del 2025, cuando la Selección Nacional quedó fuera de la Copa del Mundo. La pesadilla se volvió realidad: la fiesta más grande del planeta comenzó y Costa Rica no fue invitada.
En una nación que supera los 350 homicidios durante los primeros seis meses del año, según cifras del Organismo de Investigación Judicial, y que enfrenta una tasa de desempleo cercana al 6,9%, el mundial representaba mucho más que fútbol. Era una pausa. Un escape. Un refugio emocional.
El fútbol como un pequeño tesoro
La sicóloga María Ester Flores explica que el impacto de quedarse fuera del Mundial no debe minimizarse porque el fútbol cumple una función emocional importante dentro de la sociedad.
“Sicológicamente la mente utiliza el fútbol como un mecanismo de defensa y un mecanismo de ajuste a la vida para que la vida no sea tan triste”, explicó la especialista.
Según Flores, el fútbol se convierte en un elemento de identidad colectiva que permite a las personas desconectarse temporalmente de sus problemas cotidianos.
La experta lo resume con una metáfora sencilla pero poderosa: para muchas personas el Mundial es “como un pequeño tesoro que uno tiene en el corazoncito para aliviar la vida”.
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Ese tesoro desapareció cuando Costa Rica quedó eliminada.
“No estar ahí es perder ese tesorito y tener que enfocarse otra vez en mantener la rutina”, explicó.
Cuando el país desaparece del mapa
La ausencia también tiene una dimensión simbólica.
Cada cuatro años, las selecciones nacionales llevan algo más que jugadores a una Copa del Mundo. Llevan una bandera, una historia, una cultura y una identidad.
Para Flores, uno de los efectos más fuertes es sentir que el país perdió visibilidad ante el mundo.
“Cuando uno va a un Mundial lleva la bandera de Costa Rica y es la oportunidad que tenemos de que el mundo nos conozca, de que el mundo sepa que existimos”, señaló.
Por eso, la ausencia genera una sensación colectiva de frustración.
“Hay una vergüenza social porque perdimos ese chance”, agregó la sicóloga.
Este jueves, durante la ceremonia inaugural, miles de costarricenses vieron desfilar una bandera tras otra. México. Sudáfrica. Alemania. Argentina. España. Francia, Panamá, pero no Costa Rica.
Y esa imagen tuvo un peso emocional que para muchos fue inesperadamente fuerte.
El Mundial que unía a todos
Una de las principales pérdidas que es la desaparición de los rituales colectivos.
Porque el Mundial nunca ha sido solamente fútbol.
Son las reuniones familiares. Los amigos que se juntan frente al televisor. Las oficinas que hacen pausas. Los pasajeros en buses que estallan de alegría cuando cae un gol. Las personas que normalmente no siguen el deporte, pero que se contagian de la emoción nacional.
“El fútbol une precisamente en un solo color”, explicó la especialista.
Y añadió una reflexión que resume lo que muchos sienten este mes:
“Nos perdimos de disfrutar de la unión nacional ante un solo color”.
Durante un Mundial desaparecen muchas diferencias. No importa la edad, la profesión, la religión, ideología política o la posición económica. Durante 90 minutos todos celebran el mismo gol.
Este año, ese espacio de encuentro simplemente no existe.
Un país que ya estaba cansado
La ausencia de Costa Rica llega en un momento particularmente complejo para la sociedad.
La inseguridad domina las conversaciones diarias. Los homicidios siguen marcando cifras históricas. Muchas familias enfrentan problemas económicos. Otras luchan por encontrar empleo o por llegar a fin de mes.
En ese contexto, perder el Mundial significa perder también una fuente de ilusión.
“Significa más desencanto, más estrés, más desmotivación”, afirmó Flores.
La sicóloga explica que cuando desaparece ese elemento positivo, las personas tienden a enfocarse más en los problemas.
“Te vas a fijar en lo peor que está el país porque perdiste el fútbol, perdiste el tesorito”.
Mientras Costa Rica estaba clasificada, existía una expectativa compartida.
El dolor de sentirse excluido
La especialista compara la situación con un estudiante que hizo todo el esfuerzo durante el año, pero perdió el examen final y no pudo graduarse junto a sus compañeros.
“Cuando el ser humano experimenta la exclusión del grupo, siente miedo y siente dolor”, explicó.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando los costarricenses observan el mundial ven la fiesta, pero no forman parte de ella.
Cuando el Mundial estaba por comenzar, el entusiasmo era contagioso.
Ahora ocurre algo parecido, pero con la decepción.
“Dos o tres personas empiezan a hablar mal de lo que está pasando en el país y se contagia”, explicó.
Por eso no resulta extraño encontrar en redes sociales comentarios de nostalgia, frustración o incluso enojo mientras otros países disfrutan del torneo.
El Mundial seguirá, pero algo faltará
Durante las próximas semanas habrá goles, sorpresas, héroes, eliminaciones y celebraciones.
Muchos ticos adoptarán una segunda selección. Algunos seguirán a Argentina por Messi. Otros apoyarán a Brasil, España, Alemania o México, pero nada será igual.
Y en un país que enfrenta diariamente noticias sobre violencia, desempleo, listas de espera y dificultades económicas, esa ausencia pesa más de lo que muchos imaginaban.


