Costa Rica llegará a uno de los escenarios cinematográficos más importantes de Europa con una historia que toca una fibra sensible en muchas mujeres del país.
La película Bye Bye, Paraíso, dirigida por Kim Elizondo Navarro, protagonizada por María Luisa Garita y producida por Gabriela Fonseca Villalobos, fue seleccionada en la Sección Oficial fuera de competición del 29 Festival de Málaga, tras competir entre 2.883 obras inscritas.
El logro no solo coloca al cine costarricense en un escaparate internacional de alto perfil, sino que lleva a Europa una historia íntima sobre el amor romántico, la promesa de una vida mejor y la fragilidad del llamado “paraíso”.
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“Llegó a ser elegida por el festival, por medio de una estrategia de distribución que se hace desde producción. Se hacen aplicaciones a distintos festivales del mundo en los cuales nos gustaría que la peli participe, y en este caso, el Festival de Málaga nos eligió dentro de 2.883 obras inscritas. Nos alegramos mucho cuando nos dijeron”, explicó.
El proyecto no fue inmediato. Nació hace más de un lustro y atravesó un proceso constante de escritura y desarrollo.
“Nació hace 6 o 7 años, ha sido un proceso largo, pero muy, muy constante. Filmamos en el año 2024. En setiembre. Entre Atenas y Punta Leona. Toda una aventura”, relató la directora.
La historia sigue a Vilma, una mujer de 45 años que, tras una juventud marcada por limitaciones, logra vivir frente al mar en una exclusiva zona turística del país. Esa vida, sin embargo, depende de un hombre estadounidense que la visita una vez al año y sostiene económicamente el estilo de vida desde la distancia.
Cuando él corta la comunicación y el dinero comienza a escasear, el paraíso deja de ser postal y se convierte en incertidumbre.
El sueño del paraíso… sostenido por otro
La película cuestiona una idea profundamente instalada: que el amor con un extranjero puede representar movilidad social, estabilidad y acceso a una vida privilegiada.
“Así nace la historia de Vilma, una mujer muy enamorada, muy romántica, que espera por su príncipe azul. En este caso decidimos que ese proveedor fuera casi un fantasma. No nos interesaba tanto quién era él en concreto, sino todo lo que Vilma proyecta sobre él: sus sueños, sus expectativas, sus esperanzas”, explicó Kim.
El personaje no es un juicio, es una pregunta.
“Creo que para dirigir hay que perseguir algo misterioso, algo que no entendemos, no retratar desde el juicio, sino desde la pregunta. En este caso, ese misterio venía del corazón de Vilma. Había muchas cosas que no entendíamos de ella: tanto sacrificio, tanta entrega, tanta espera. Pero era inevitable reconocernos en ella”.
Migración, desigualdad y contradicción país
La raíz del relato también se conecta con procesos sociales que marcaron la historia reciente del país.
“Pienso en mi infancia, cuando mi abuelo migró a Estados Unidos en una ola de migración que hubo en Pérez Zeledón a inicios de los 2000. Todas las personas querían una mejor vida, una que, por una u otra razón, no podían encontrar acá”.
Pero con el paso del tiempo, la directora observó el fenómeno inverso.
“Ahora, en mi adultez, observo cómo Costa Rica es considerado un paraíso para otros, pero a costa de desigualdad, gentrificación y daños ambientales”.
Esa contradicción es el telón de fondo de la película: el paraíso como aspiración, pero también como construcción desigual.
La cinta aborda además la menopausia y el torbellino emocional que acompaña esa etapa.
“Tratamos temas como la menopausia, situaciones y revoltijo de emociones que suceden durante esta etapa. Es un viaje emocional bien intenso que creo que nos puede hacer pensar en nosotras mismas o en otras mujeres que conocemos”.
La intención es clara cuando llegue a salas nacionales.
“Queremos que vayan muchas mujeres al cine. Es una buena película para llevar a la mamá al cine, a la tía, para ir con amigas de distintas edades. Queremos compartirla con un público costarricense, latinoamericano”.
Con su selección en el Festival de Málaga, Bye Bye, Paraíso no solo representa a Costa Rica en Europa, sino que lleva una conversación incómoda y necesaria: ¿qué significa realmente alcanzar el paraíso y cuál es el costo cuando ese sueño depende de alguien más?





