La vida de Christian Tamayo Retana cambió por completo hace 12 años. Tras décadas atrapado en el alcoholismo, un momento frente a su hijo lo llevó a reconocer que tenía un problema y a buscar ayuda. Desde entonces, asegura haber encontrado una nueva vida basada en la fe, el servicio y el apoyo a quienes más lo necesitan.
Hoy, junto a su esposa Jaime Jiménez, dedica su tiempo a visitar enfermos, llevar la comunión y compartir su testimonio para ayudar a otras personas que enfrentan adicciones o momentos difíciles.
Una vida marcada por el alcohol
Tamayo creció en una Costa Rica donde el consumo de licor era parte de la vida social. Según relata, el primer contacto con el alcohol llegó a los 14 años, cuando estudiaba en el colegio.
Con el paso del tiempo el consumo se volvió habitual. Mientras estudiaba Administración de Empresas, ya trabajaba y tenía dinero propio, lo que facilitó mantener ese estilo de vida.
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Años después fundó un negocio ganadero en Guanacaste, donde permaneció durante 17 años. Ese ambiente, según recuerda, también estaba muy ligado al consumo de alcohol, lo que profundizó la adicción.
Aunque continuó trabajando y cumpliendo con sus responsabilidades, el problema afectó su vida personal y familiar.
“Era un esclavo del licor”, nos contó.
El momento que cambió todo
El punto de quiebre llegó cuando su hijo tenía cerca de 10 años.
Tras un día completo de consumo de alcohol, Tamayo se desmayó frente a él al regresar a casa. La escena dejó al niño asustado y al día siguiente le preguntó qué había ocurrido.
Ese momento lo marcó profundamente.
“Me hinqué en mi cuarto y le pedí a Dios que me ayudara a salir de esa esclavitud”, recuerda.
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Poco después inició un proceso de abstinencia, apoyado también por temas de salud como la diabetes que padece desde joven.
El 4 de marzo de este año cumplió 12 años sin consumir alcohol.
Una nueva vida de servicio
Tras dejar el alcohol, Tamayo asegura que experimentó cambios profundos en su vida. Entre los más importantes menciona haber recuperado el respeto por sí mismo y la confianza de su familia.
Desde 2014, él y su esposa participan como ministros extraordinarios de la comunión, visitando enfermos y adultos mayores que no pueden asistir a la iglesia.
También llevan la comunión a personas en el hogar para adultos mayores Magdala, donde comparten tiempo y acompañamiento espiritual.
Según explica, su motivación es compartir con otros lo que considera un regalo recibido.
“Lo que yo he recibido no puedo guardármelo. Tengo que hablar del amor y la misericordia de Dios”, señala.
La mujer que nunca se rindió
En su historia, Tamayo destaca constantemente el papel de su esposa Jamie Jiménez, a quien describe como una de las grandes bendiciones de su vida.
Durante los años más difíciles, asegura que ella nunca perdió la fe en que podía cambiar, a pesar de las críticas o comentarios de otras personas.
“Ella nunca claudicó”, afirma.
Hoy ambos continúan trabajando juntos en actividades pastorales y acompañamiento a personas enfermas.
Un mensaje para quienes luchan contra una adicción
Para Tamayo, reconocer el problema es el primer paso para salir de una adicción.
Asegura que la clave está en la humildad para aceptar que se necesita ayuda.
“Cuando uno abre su corazón y reconoce que no puede solo, es cuando empieza el cambio”, explica.
Su historia, dice, busca demostrar que sí es posible cambiar de vida y empezar de nuevo.




