Mientras miles de personas disfrutan juegos, sonrisas y vacaciones en el Parque Nacional de Diversiones, hay historias que casi nunca se ven.
Una de ellas es la de Enrique Porras Rodríguez, un trabajador de 62 años, vecino de Curridabat, quien desde hace ocho años forma parte del equipo que mantiene el parque limpio y en condiciones para el disfrute del público.
Una labor notable, que todos disfrutan
Enrique trabaja en el área de limpieza y mantenimiento, una labor clave en un lugar que recibe gran afluencia de visitantes, especialmente en temporada alta. Sus horarios cambian según la época del año y actualmente labora de 10 de la mañana a 8 de la noche.
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El trabajo se organiza por áreas. A Enrique le corresponde una zona específica del parque, mientras que otros compañeros cubren sectores como Pueblo Antiguo, Plaza Tijuana y el parqueo. El equipo está conformado por hombres y mujeres que, desde temprano, se encargan de que cada rincón esté en orden.
“Lo mejor es que el huésped venga y vea todo el parque bonito, que se note el trabajo, que no hay basura, que se ve limpio”, nos comentó don Enrique, orgulloso de que su esfuerzo se refleje en la experiencia de quienes visitan el lugar.
Entre la conciencia y la falta de educación
No todo es sencillo. Enrique reconoce que una de las partes más complicadas de su trabajo es lidiar con algunas personas que no cuidan el espacio.
“Hay gente muy consciente, pero también hay gente que no. Es lo más complicado”, explica con serenidad.
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También señala que muchas personas desconocen que el Parque Nacional de Diversiones pertenece al Hospital Nacional de Niños y que el dinero es para ellos, por lo que creen que, al pagar la entrada, más bien les tienen que agradecer. Aun así, aclara que esos casos son pocos y que la mayoría de visitantes se comporta con respeto y amabilidad.
Un trabajo que sostiene a una familia
Enrique es casado y padre de familia. Su trabajo no solo mantiene limpio el parque, sino que también es el sustento de su hogar. “Del arrocito y los frijoles de toda la familia”, dice, dejando claro que gracias a su labor diaria logra salir adelante.
Lejos de verse como alguien especial, Enrique se considera parte de un gran equipo. Destaca que no solo él, y para todos los trabajadores del parque, las miles de personas que lo visitan durante el año, son bienvenidas y valoradas dentro de la institución.
Su historia es la de muchos héroes anónimos, personas que, sin aplausos ni reflectores, hacen posible que lugares llenos de magia funcionen cada día.




