¡Bien breteado!

Profesor huyó de Nicaragua y se reinventó en Costa Rica con un negocio de nacatamales

Educador le enseñó a su esposa a hacerlos y con eso se ayudan con los gastos de la casa

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Los testimonios de vida de los migrantes nicaragüenses son sorprendentes y la historia de Douglas Hernández y su esposa Diamantina Campos no es la excepción.

Ellos escaparon de su país a raíz del estallido social ocurrido en el 2018 y decidieron venirse a Costa Rica.

Douglas trabajaba como profesor en el Inatec, un centro educativo técnico estatal de Nicaragua que es como decir el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), del cual fue despedido por unirse a las manifestaciones en contra del régimen de Daniel Ortega.

Pero el tema no se quedó ahí, ya que el 8 de julio del 2018 debieron dejar todo atrás y salir huyendo de su país, luego de ser amenazados durante la denominada operación limpieza, que tuvo lugar en su natal Jinotepe. Desde entonces están radicados en Costa Rica junto a sus tres hijos, de 21, 20 y 13 años.

Dejar atrás al resto de la familia con la que se ha compartido toda una vida no es fácil, incluso, Diamantina estaba a una semana de terminar la práctica profesional en Enfermería, pero tuvo que dejarla de forma abrupta para salvar su vida y las de sus seres queridos.

Una vez en nuestro país debieron empezar a ver cómo se establecían, pero por las carreras, ni sus documentos pudieron traer, por lo que están en condición de refugiados.

Douglas ya sacó su cédula de residencia y trabaja en una empresa de construcción, pero le ayuda los fines de semana a su esposa con el negocio familiar.

“Los gatos jinotepinos” en alusión a sus ojos claros y su ciudad de origen, es el nombre de su emprendimiento, con el que venden nacatamales, tacos y enchiladas al estilo nicaragüense.

La pareja empezó poco antes de la pandemia con su emprendimiento a través de Internet y recientemente escucharon de La Verbena de los Pueblos, en la que se organizan ferias los fines de semana, por lo que decidieron unirse para ofrecer sus productos en un ambiente en el que comparten con otros pulseadores.

Inicio difícil

Al igual que les pasó a la mayoría de empresas, la pandemia fue bastante dura con ellos, pero lograron sostenerse.

“Entre semana publicamos en varias plataformas de redes sociales de amigos y de las nuestras, promocionando los productos y gracias a Dios nos va bien. Todo lo hacemos por encargo”, explicó Hernández.

Desde su llegada se instalaron en barrio Tournón, por el cruce de los semáforos de La República, pero al principio el papá de Douglas les tenía que mandar dinero desde Nicaragua, para que alquilaran una casa.

“Tuve varios trabajos informales en construcción y daba clases de matemáticas a estudiantes de quinto año para prepararlos para bachillerato, porque no podía tener un empleo formal debido a la falta de documentos. Colaboré en el María Auxiliadora por un tiempo y hasta me ayudaron con la comida”, explicó el profesor.

En el Inatec sacó un título de maestro de obras y otro de pedagogía para impartir lecciones y daba clases de construcción.

Él estuvo estudiando ingeniería, pero llegó hasta tercer año y no pudo continuar. No obstante, le quedó el conocimiento en Matemáticas y actualmente trabaja con una empresa que da mantenimiento a las torres de telefonía entre semana.

“La empresa fue iniciativa mía y yo le enseñé a mi esposa a hacer los nacatamales porque mi familia tenía negocios de comida y aprendí a hacer muchos tipos de platillos típicos, así que cuando ella se quedó sin trabajo, antitos de la pandemia, le propuse que tratáramos de hacer eso”, contó Douglas.

Lo bueno es que son muy responsables y cuentan con los permisos de salud y de manipulación de alimentos para evitar problemas.

Si usted quiere probar la mano de este matrimonio puede escribirles al WhatsApp 6041-4444 o en el Facebook Los Gatos Jinotepinos.

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