Hace tres años, Diana Saavedra recibió una noticia que le cambió la vida: tenía cáncer de mama en fase tres y mientras enfrentaba uno de los momentos más difíciles de su vida, hubo algo a lo que se aferró en todo momento: el deporte.
Diana es nutricionista, practica crossfit y corre, y el seguir manteniendo sus rutinas le sirvió para levantarse de los días tristes y además le ayudó a salvar su vida.
El 12 de octubre de 2023, esta vecina de El Coyol de Alajuela se enteró de la enfermedad y en el camino decidió que no dejaría de hacer ejercicio, aunque su cuerpo no le respondiera igual.
Diana, quien hoy tiene 32 años, se agitaba, perdió fuerza y tuvo que reducir los pesos que levantaba, pero buscó la manera de mantenerse activa. Si no podía correr, caminaba mientras su entrenadora adaptaba las rutinas a sus síntomas y a las necesidades de su recuperación.
El año pasado, decidió correr la Gran Maratón de Costa Rica y completó 30 kilómetros en Tamarindo, donde obtuvo el quinto lugar y ahora quiere correr una maratón completa y a propósito del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se conmemora este lunes 19 de octubre, desea compartir su historia para animar a otras mujeres a cuidar su salud.
No pudo contra ella
- ¿Cómo se enteró del diagnóstico?
En abril de 2023, un sábado por la noche, sentí una pelota en el seno izquierdo y soy una persona muy intensa y le dije a mi esposo, que se llama José, que el domingo iría a revisarme.
Me hicieron un ultrasonido y me dijeron que no era nada y a los días me fui a hacer una biopsia, pero no aparecía nada extraño; me dijeron que había una pelota de grasa y me quedé tranquila, pero la pelota aumentaba su tamaño.
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Me volví a hacer un ultrasonido y el doctor me mandó a hacer una biopsia urgente. Me asusté, pero mi reacción inicial no fue la de llorar, porque yo tenía que hacerme todo rápido y el 12 de octubre una doctora de una clínica privada me dijo que tenía cáncer y que podría tener metástasis.
En noviembre comencé la quimioterapia, llevé en total 16 sesiones de quimioterapia y 30 de radioterapia y me quitaron el seno, pero era candidata para una reconstrucción y me pusieron un implante.
- Al inicio no se dio la oportunidad de llorar, pero ¿cómo asimiló todo lo que pasaba?
Al inicio entré en estado de shock. Me preguntaba por qué me pasaba eso a mí. Tenía 29 años, estaba muy joven, me alimentaba bien, no fumaba, no tomaba, en mi familia no había factores de riesgo de cáncer.
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Pero luego me enojé conmigo misma y con Dios. El primer día en que asimilé mi condición y me desmoroné fue el día en que se me empezó a caer el pelo. Yo sabía que me iba a volver a crecer, pero fue lo más difícil. Siempre he tenido problemas con mi autoestima, me cuidaba mucho mi cabello y eso me afectó mucho.
- ¿Se vio obligada a dejar el deporte?
Toda la vida he corrido y desde hace siete años me puse a hacer crossfit y esto me ayudó porque no sentía que se me bajaran las defensas y me ayudó a tener ánimo y esperanza.
Siento que todo lo que he construido por años, los hábitos, la disciplina, me han ayudado y durante el tratamiento no fue una opción dejar de hacer deporte. Aunque me costara respirar y tuviera pocas fuerzas, me decía: “me limpio las lágrimas, me pongo los tenis y salgo a solucionar porque no me quiero haciendo nada en la casa”.
Si no podía correr, caminaba. Mi entrenadora me cambió las rutinas para mejorar mi movilidad y mi masa muscular; ahora disfruto más de la actividad física.
Mi tumor estaba en el lado del corazón y recuerdo que un día tenía que hacerme un electrocardiograma y una doctora me dijo que había un alto riesgo de toxicidad cardíaca por la quimioterapia y cuando me revisó, me preguntó si hacía ejercicio y recuerdo que me respondió:
“Pues eso le salvó la vida, porque hay evidencia científica que demuestra que mujeres que hacen deporte durante la quimioterapia disminuyen casi en su totalidad el riesgo de la toxicidad a nivel cardiovascular”, y eso hoy lo valoro mucho.
Antes corría 5 km o 10 km; esa era la distancia que más corría. Una vez superado el proceso de cáncer, siempre había querido empezar a entrenar para una maratón. Corro tres o cuatro veces a la semana y he recuperado la fuerza para seguir haciendo lo que me gusta.
- ¿Qué reflexión hace de todo lo que ha vivido?
Me enseñó a valorar muchas cosas que yo daba por sentadas, cosas tan sencillas como el hecho de salir a correr a cualquier hora. Cuando tenía cáncer, no podía hacerlo porque no me podía exponer al sol.
No podía ir a la playa, no podía ir al cine, tenía que cuidarme mucho. Ahora soy como una niña que se sorprende y disfruta hasta los más pequeños momentos, la vida me devolvió esa capacidad de asombro ante cualquier cosa.
El cáncer es una carrera contra el tiempo y una vez que llega, hay que correr para ser atendido lo más pronto posible. Los adultos creemos que nuestra salud es infinita y no es así. Les aconsejo que practiquen deporte. Esto les ayudará siempre y los beneficios son para toda la vida.
Todos los días me digo: “si el cáncer no pudo contra mí, nada puede contra mí”, y ahora trato de vivir a plenitud cada día.







