El Mundial de Norteamérica está por empezar, pero en las calles de Miami apenas se nota. La impaciencia se palpa en el día a día de la gran comunidad latina: en los grupos de WhatsApp, los partidos entre amigos o los entrenamientos de fútbol de los niños.
De puertas afuera, la ciudad floridana, donde siete de cada 10 residentes son latinos, recibe el mayor evento deportivo del año como de puntillas. Tanto que no parece que vaya a albergar cuatro partidos de grupo y tres de eliminatorias, incluido el juego por el tercer puesto.
Para Rafael Calvo, un colombiano de 50 años, “ansioso” por que empiece ya el Mundial, que arranca en dos semanas, Miami aún no ha invertido bastante en promoción.
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“Esperaba el ambiente como un Super Bowl que, un mes o dos antes, ya está prendido. Lo veo muy flojo”, dice mientras observa un entrenamiento de su hijo de 11 años en una academia del Atlético de Madrid en Doral, cerca de Miami.
Una opinión compartida por Genesis Garrido, exjugadora profesional en Venezuela, que dirige la escuela de fútbol femenino Big Potential Training.
“Me esperaba un poquito más de ambiente. No he visto casi nada del Mundial en la ciudad, ni carteles ni decoraciones. Creo que deberían ir introduciendo mejor uno de los eventos más importantes del mundo”, opina la entrenadora de 29 años.
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El obstáculo de los precios
Para muchos, sin embargo, la fiesta será incompleta al no poder celebrarla en los estadios debido a los altos precios de las entradas.
“Estamos muy emocionados de vivir acá el Mundial, pero también un poco tristes porque los boletos son demasiado caros. Yo no voy a ir a ningún partido”, lamenta Garrido.
Calvo, por su parte, quisiera llevar a sus dos hijos al Colombia-Portugal en Miami, pero, con unos precios de mínimo 2.500 dólares (1.1 millón de colones) por entrada a mediados de mayo, ha renunciado al sueño de ver a su selección en la Copa del Mundo.
En su lugar, irá al Arabia Saudita-Uruguay del 15 de junio, por el que ha encontrado ingresos de poco más de $300 (135 mil colones). “Yo nunca he ido a un Mundial, entonces para hacer lo del ‘bucket list’ (lista de cosas que hacer en su vida) voy a ese partido”, explicó.
Garrido también tiene planes: reunir a las niñas de su academia para ver los partidos y acoger a fans de otros países que quieran llevar a sus hijas a entrenar durante el torneo. “Va a ser un bonito intercambio de culturas”, dice.


