Andrés Mora, Karol Espinoza.Hace 6 días

El trofeo de campeón conseguido este miércoles por el equipo de San Carlos amaneció este jueves en un lugar muy especial, el camerino del equipo en el estadio Carlos Ugalde Álvarez.

Bryan Calvo cumplió el sueño de ver a San Carlos campeón. José Cordero
Bryan Calvo cumplió el sueño de ver a San Carlos campeón. José Cordero

Este lugar fue testigo de las charlas técnicas del entrenador, Luis Marín, de las alegrías, las tristezas y los enojos de los futbolistas durante todo el torneo, así que era el lugar indicado para que el primer trofeo de campeón nacional de los norteños permaneciera ahí luego del pachangón que armaron los sancarleños.

La Teja cayó este jueves al estuche de los Toros del Norte y ahí nos encontramos a sus dos utileros, personajes que pasan a la sombra pero que cumplen un papel muy importante y quienes estaban dándole brillo al trofeo.

Uno de ellos es Bryan Calvo, quien tiene nueve años de trabajar con San Carlos, por lo que este miércoles disfrutó a lo grande el primer campeonato obtenido por los norteños al vencer en la final de la segunda fase al Saprissa.

83 años pasaron para que un equipo ascendido, alzara la copa de campeón nacional.

Calvo asegura que el último año ha sido inolvidable porque pelearon el ascenso, hace seis meses estuvieron en semifinales ante Alajuelense y ahora consiguieron el máximo logro para cualquier equipo.

“Todavía hoy es sencillo creerlo”, dijo mientras sostenía la copa.

Calvo indicó que este era su sueño desde niño y ver al equipo de sus amores alzar la copa es algo indescriptible, tanto así que cuando se dio el pitazo final, no sabía si llorar o ponerse a correr.

“Lo principal es quedar en la historia de este club. La gente siempre nos van a recordar como los primeros utileros que fueron campeones en esta institución”, comentó Bryan.

Calvo recuerda que al salir del colegio empezó a trabajar con el Comité de Deportes de San Carlos, donde Sandro Alfaro era el administrador del estadio Carlos Ugalde.

A Alfaro se le murió el papá y entonces a Calvo lo mandaron a trabajar en la parte administrativa del estadio y logró quedarse en el equipo.

Sibaja y Calvo no sabían qué hacer para tener bien lindo el trofeo. José Cordero
Sibaja y Calvo no sabían qué hacer para tener bien lindo el trofeo. José Cordero

“El año que San Carlos descendió la última vez (en abril del 2017), descendía el equipo de mis amores, el club con el que trabajaba.

"Pero de ahí salió algo muy bueno, el trabajo que ha hecho la junta directiva para que el equipo sea campeón es muy grande”, recordó el vecino de barrio San Pablo, en el puro centro de Ciudad Quesada.

Bryan dice que aunque su trabajo no se ve ante la prensa o la afición, se siente parte del equipo, ya que así se lo hacen saber los jugadores y el cuerpo técnico, quienes más que compañeros son amigos suyos.

No vio los últimos quince minutos

Álvaro Sibaja es el otro utilero del campeón nacional y él nos contó que este jueves tenían programada una cena para celebrar con los jugadores, administrativos y demás miembros del club.

Tras 12 años en el club, Sibaja asegura que ha pasado por muchas dificultades, pero que ahora está recogiendo el fruto del esfuerzo.

Además, su hermano es el masajista del equipo y fue él, quien lo ayudó a entrar a trabajar con el cuadro norteño.

“Prácticamente no dormí nada, pero llegué temprano porque quería ver cómo había amanecido el estadio, el lugar donde levantamos la copa. Llegué aquí a las cinco y treinta de la mañana”, contó Sibaja.

Se ve fácil pero tener este trofeo en las vitrinas de un equipo no es cosa fácil. José Cordero.
Se ve fácil pero tener este trofeo en las vitrinas de un equipo no es cosa fácil. José Cordero.

Con tanto tiempo laborando en el equipo, don Álvaro había vivido de todo, pero le faltaba ser campeón.

“Me hacía falta, tenía dos subcampeonatos en primera y dos ascensos. Uno se despierta y se pregunta si será un sueño, pero por dicha es la realidad. Somos campeones y tenemos una estrella que nadie nos la va a quitar nunca”, añadió.

Sibaja no es de pagar promesas, pero sí reza y confesó que le pidió a Dios que les echara una manita.

“No pude ver los últimos quince minutos del partido, porque me fui a rezar”, comentó el vecino de barrio Santa Fe en Ciudad Quesada.