Rubén Alfaro, un aficionado nicoyano de los Knicks, fue uno de los privilegiados de ver en vivo, desde la cancha del Madison Square Garden en Nueva York, el mítico juego cuatro de las Finales de la NBA ante los San Antonio Spurs, para muchos el mejor de la historia.
El miércoles 10 de junio, el cuadro neoyorquino dio vuelta a una remontada de 29 puntos para poner 3-1 la serie, partido que marcó la ruta para que este sábado los Knicks alzaran el trofeo de campeones por primera vez desde 1973.
Un amor por los Knicks que nació en el Madison Square Garden
Para Baby Yao, como se le conoce en el ámbito del baloncesto en Costa Rica, fue el mejor momento desde que sigue este deporte, pues además pudo vivir un momento tan emblemático del equipo del que se enamoró hace 17 años y se hizo un gran fan.
“Mi primera vez en el Madison fue como en el 2008; vi un partido de Knicks contra Milwaukee Bucks. Me acuerdo bien porque mi afición por los Knicks se generó ese día. Tenía 13 años de edad y ahorita tengo 30. Es el primer equipo al que fui a ver, el primer estadio al que entré y eso significó mucho.
“Mis papás tenían como tradición todos los años ir adonde una tía que vivía allá y en uno de esos viajes es que me llevaron al Madison. Entré a ese estadio y me acogió el ambiente, la fanaticada y me llamó mucho la atención el eslogan del Madison, ‘La arena más famosa del mundo’. Yo salí diciendo ‘Go New York Go’, ese día", explicó.
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Luego, la llegada de jugadores como Carmelo Anthony al equipo, su favorito en la historia de la NBA, consolidó eso. Nunca le pesó el hecho de que fuera una organización sin títulos desde hace décadas, pues afirma que el fútbol le enseñó a sufrir.
“Yo en básquet soy fan de los Knicks y en el fútbol de Alajuelense y el Barcelona, entonces sé muy bien lo que es sufrir. Lo sé manejar más allá de los títulos”.
Un título que hizo que todo valiera la pena
Nunca faltan las bromas de por qué va con un equipo que nunca gana; algunos le preguntan si es en serio, por eso con el título de este sábado, todo supo más.
La pasión por el baloncesto es algo que lo ha marcado a lo largo de su vida, en la que ha tenido la oportunidad de conocer a mucha gente en ese ámbito y viajar para conocer a otra muy influyente en el deporte y la NBA.
A lo largo de los años ha trabajado hasta con esta entidad como una de sus caras en Latinoamérica, ha hecho programas con ellos, cubierto finales y partidos de las estrellas y conocido muchos de los estadios de la liga.
Ahora que sus amados Knicks estaban en la final, se fue a Nueva York, pero como no ha estado cubriendo NBA los últimos dos años, tuvo que ir de civil. Aun así, gracias a esos contactos, se salvó de pagar los miles de dólares en los que salían las entradas.
“El juego tres ha sido el más caro en toda la historia del deporte, en cualquier disciplina; la entrada más barata estaba en 10 mil dólares (cinco millones de colones). Los contactos que tengo me ayudaron a conseguir un tiquete y no pagué por él.
“Fue una gran ayuda, estaba en la sección 107, mi tiquete valía 60 mil dólares (30 millones de colones), y estaba como a 20 líneas de la cancha y las celebridades”, contó.
El ambiente del histórico juego cuatro
Sobre la energía del mítico juego cuatro, afirma que es algo que jamás había sentido en un partido, y que no tiene comparación alguna.
“Yo estuve en el juego siete en el 2016 cuando LeBron James y los Cavaliers le dieron vuelta a la serie contra los Warriors de Golden State, cuando se hizo la remontada histórica. Yo pensé que nunca más en mi vida iba a estar en un juego como ese, era imposible.
“El Oracle Arena en ese juego fue una locura, salí con dolor de cabeza de la bulla, pero lo que se vivió en el juego cuatro en el Madison no tiene comparación con absolutamente nada. Remontamos 29 puntos y cuando estábamos a diez, ya el Garden se caía. No sé si en las transmisiones se veía, pero las cámaras temblaban, el ambiente y la gente estaba completamente volcada al equipo, fue impresionante”, contó.
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Yao contó que el juego terminó a las 11 p.m. y tuvieron que esperar como dos horas y media para que la gente que estaba alrededor del estadio se disipara y poder salir, porque la locura era impresionante.
“Yo te puedo decir que es el mejor juego que he presenciado en toda mi vida; como fan de los Knicks, obviamente voy a decir eso, pero no sé si hay otro juego tan emocionante y significativo en una final”, añadió.
La emoción del campeonato a miles de kilómetros
Este sábado, Alfaro estaba en Houston, esperando ver el partido del miércoles de la selección de Portugal, pero a miles de kilómetros no pudo contener la emoción de ver que había cumplido lo que apenas veía en sueños pocos años atrás.






