AFP .19 junio
El vendedor egipcio, Ahmed Kassem, está haciendo platica con las fotos de Salah. AFP
El vendedor egipcio, Ahmed Kassem, está haciendo platica con las fotos de Salah. AFP

Cuando era adolescente pasaba diez horas en el transporte público de El Cairo, Egipto, para ir a entrenar fútbol.

Hoy, a los 27 años, Mohamed Salah ha ganado una Liga de Campeones de Europa y forma parte de las 100 personas más influyentes del mundo según la prestigiosa revista estadounidense Time Magazine.

Pero, ¿conseguirá coronarse rey de África en su tierra natal?

El arranque
El debut de Egipto en la Copa Africana será este viernes

Anuncios, murales en las paredes... Su sonrisa y su icónico pelo rizado están por todos lados en las calles de El Cairo y de todo el país.

En Egipto, sede de la Copa Africana 2019, es un orgullo nacional. En el extranjero, su fama le sienta en la mesa de los más grandes del mundo.

Hace un año, el ‘Faraón’ estaba en un mal momento. Lesionado del hombro al principio de la final de Champions ante el Real Madrid, abandonó entre lágrimas el terreno de juego y nada pudo hacer para evitar la derrota del Liverpool.

Además, su Mundial en Rusia fue una pesadilla, entre su baja forma y la eliminación en la fase de grupos.

Pero ‘Mo’ Salah se levantó. Fue él quien marcó de penal el primer gol de los ‘Reds’ en la final de la Champions en Madrid de este año ante el Tottenham (2-0). La consagración de una carrera que nunca fue fácil.

En las ciudades egipcias es común encontrar imágenes del astro del Liverpool. AFP
En las ciudades egipcias es común encontrar imágenes del astro del Liverpool. AFP

Su fuerza mental encuentra origen en sus inicios. “He hecho muchos sacrificios por mi carrera, venir de un pueblo pequeño para ir a El Cairo, y ser un egipcio a este nivel, es increíble para mí”, afirmó el atacante tras la corona europea.

Originario de Nagrig, un pueblo en los confines del delta del Nilo, en la provincia de Gharbeya, Mohamed Salah empezó a acudir al centro deportivo de la localidad con ocho años.

“Yo entrené a Mohamed Salah cuando todavía era un niño y su talento estaba claro desde la cuna”, cuenta Ghamri Abdelhamid Al-Saadani, exentrenador de la pequeña instalación de ese pueblito.

Era el comienzo de un camino imposible. Empujado por su padre, un apasionado del fútbol, el joven viaja a Tanta, capital de Gharbeya, antes de ir a El Cairo.

A los 14 años, cuando se une al Arab Contractors Sporting Club de El Cairo, "debía pasar unas diez horas al día en el transporte público para su entrenamiento diario", recuerda Maher Shateya, alcalde de Nagrig.

Todas las esperanzas de que el título quede en casa están puestas sobre Mohamed. AP
Todas las esperanzas de que el título quede en casa están puestas sobre Mohamed. AP

El esfuerzo dio sus frutos y aterrizó en Europa, donde jugó en el Basilea suizo, el Chelsea inglés y la Fiorentina y la Roma italianos antes de alcanzar su actual prestigio en Anfield.

Un hombre devoto

Millones conocen al Salah del Liverpool. Pero, ¿quién es el Salah egipcio? Muy activo en redes sociales, donde cuenta con millones de seguidores, comparte regularmente selfis y fotografías con sus fans.

La prensa y los usuarios en Internet disfrutan con sus imágenes de después de los partidos con su mujer Maggie, originaria también de Nagrig, y sobre todo con su hija Makka.

En los medios de comunicación, el hombre extremadamente devoto (se postra luego de cada gol) juega hasta el final su oportunidad de ser un modelo de vida. “Debemos cambiar nuestra manera de tratar a las mujeres en nuestra cultura”, dijo a Time. En su país participa desde hace varios años en campañas contra la adicción de los jóvenes a las drogas.

Salah también expresó su descontento contra “ciertos periodistas y ciertas personas” que se congregaron delante de su domicilio en Nagrig, donde había ido a pasar unas vacaciones familiares.

En esta casa de tres pisos, Salah nació y creció, es en la aldea de Nagrig, en la provincia de Gharbia. AFP
En esta casa de tres pisos, Salah nació y creció, es en la aldea de Nagrig, en la provincia de Gharbia. AFP

“Esto no tiene nada que ver con el amor. Se llama falta de respeto de la vida privada y una falta de profesionalidad”, tuiteó, explicando que no había podido ir a la mezquita para la oración de la festividad Eid al-Fitr, que pone punto y final al mes del Ramadán.