Después de dedicar buena parte de su vida al atletismo y cumplir el sueño de representar a Costa Rica en unos Juegos Olímpicos, Sharolyn Scott cambió las pistas por una vida en la que el trabajo, la familia y Dios ocupan ahora el centro de su día a día.
La exvallista, quien se retiró luego de enfrentar un fuerte desgaste físico y emocional, asegura que el deporte le dejó las herramientas para levantarse cada vez que la vida le pone una valla.
Scott trabaja desde hace 21 años en la Municipalidad de Limón y, aunque ya no entrena con la exigencia de sus años como atleta, mantiene el ejercicio como parte de su rutina porque su corazón se ha agrandado tras tantos años de esfuerzo.
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La caribeña, quien representó a Costa Rica en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016, conversó con La Teja y contó que dedica buena parte de su tiempo a la iglesia Portadores de su Gloria, donde acompaña a otras mujeres que atraviesan momentos difíciles.
Una vida nueva
- ¿A qué se dedica en la actualidad?
Llevo 21 años trabajando para la Municipalidad de Limón; llegué en 2005. Soy inspectora de caminos de la Unidad Técnica. Estoy encargada de hacer inspecciones. Además, trabajamos en el asfaltado de las vías municipales.
Cuando comencé a trabajar en la municipalidad, mi hija tenía un año, nació en el 2004. Cinco años después regresé a las competencias; en ese entonces tenía 23 años. Luego de ver a Nery Brenes en las Olimpiadas de Beijing 2008, me inspiré para buscar mi espacio en unos Juegos Olímpicos.
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- ¿Y cómo es su vida alejada del deporte?
Hago ejercicio en casa porque en 2019 sufrí un burnout (estado de agotamiento físico, mental y emocional profundo) y le dije a mi entrenador que necesitaba parar. Nos dimos un año sabático y quise regresar, pero mi cuerpo todavía estaba muy agotado por los dos ciclos olímpicos. Entonces, tomé la decisión de retirarme.
Actualmente entreno, pero solo para mantenerme; tengo un problema en el corazón: se me agrandó por haber sido atleta durante tantos años y tengo que cuidarme mucho, por lo que no puedo llevar una rutina como la de antes.
Mi hija Trishelle tiene 22 años y hace cinco años me casé. Mi esposo se llama Oscar Bent, llevo una vida normal y me gusta servir en la iglesia. Estoy en una congregación llamada Portadores de su Gloria y me encanta colaborar: trabajo con mujeres, hacemos actividades, puedo escucharlas, aconsejarlas y el Señor nos da fuerzas para seguir adelante.
- ¿Qué satisfacciones te dejó el deporte?
Constancia: que los miedos pasan, que los objetivos se cumplen, que los obstáculos están para derribarlos y que donde muchos retrocedieron o cayeron y no quisieron seguir, yo continué.
Nunca se me olvida el día en que me caí en unos Juegos Centroamericanos. Estaba en Medellín, Colombia, y me caí en la última valla. Era la última oportunidad que yo tenía para clasificar para Londres.
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Y ese golpe fue muy duro emocional y físicamente, pero me levanté. Me levanté con otros objetivos, viendo en qué fallé para ser mejor.
Y eso es lo que me ha enseñado: que es de la misma manera en que uno se cae en la vida como esposa, hija, trabajadora o simplemente como una persona normal, que los golpes, cuando una persona cae, hay que tomarlos como una oportunidad para levantarse y seguir.
Que Dios está ahí para demostrarnos que no llegamos ahí por casualidad y que cualquier golpe nos debe enseñar a caminar, a no mirar hacia atrás, sino a tratar de evitar los errores que cometimos antes y seguir; eso es lo que queda: surgir.
- ¿Qué representa el homenaje que le hizo el Comité Olímpico Nacional?
La verdad, me sentí muy orgullosa. Hace un tiempo pensaba por qué no nos hacían un reconocimiento, porque no cualquiera que llega a ser atleta olímpico.
Hay que sacrificar fiestas, a la familia y, a veces, hasta el propio estudio para poder lograr el sueño de representar a su país en unas olimpiadas. Para mí, ver mi nombre en ese mural significó un orgullo muy grande, volví a entender de qué soy capaz. Mi nombre no quedó en el olvido, sino que quedó en la memoria de muchos jóvenes que vienen adelante.
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Ese reconocimiento que nos hicieron el 10 de julio fue muy importante para mí, fue una oportunidad para reencontrarme con personas que había dejado de ver y fue un gusto participar en este tipo de homenajes.





