Johan Cortés cambió en enero el calor de la zona sur de Costa Rica, donde creció desde niño en Coto 45, por el frío paralizante de Tirana, capital de Albania, país en el que hoy cumple su sueño de ser legionario con el KF Kairat.
Apenas en el 2021, este defensor de 26 años estaba trabajando en la empresa Pindeco, una piñera ubicada en Buenos Aires de Puntarenas, a la que llegó un poco decepcionado tras algunas malas experiencias en el fútbol.
Con una familia a cuestas y como alguien que nunca le ha temido a trabajar, tomó el empleo con toda la actitud y disposición, en largas jornadas bajo el sol, con machete en mano y mucho esfuerzo físico, pero en el fondo él sabía que su talento estaba para más.
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De la piñera a la Primera División
El fútbol le volvió a sonreír y unos meses después, en el 2022, llegó al Municipal Pérez Zeledón, equipo en el que había dado sus primeros pasos en Tiquicia, y en el 2025 se marchó al Municipal Liberia, cuyo rendimiento lo potenció hasta dar el salto a Europa.
En entrevista con La Teja, Cortés reflexionó sobre los cambios que ha enfrentado en su vida, donde no rendirse nunca ha sido la clave para cumplir poco a poco sueños que parecían lejanos.
“He hablado con varias personas que son de mi pueblo (Coto 45, en la frontera con Panamá), uno de los entrenadores que tuve allá y me ayudó a llegar a primera división me dijo algo que me llegó mucho".
“Usted acá para la gente de la zona sur, Ciudad Neily, Coto 45, de su pueblo, o de Corredores, usted es un ejemplo a seguir. Aquí todo el mundo habla de usted bien y lo ve ahora diferente, creo que ha sido el único jugador de la zona que salió de acá y que le fue bien en Costa Rica y luego pudo salir así a Europa, vea lo que es eso”, comentó.
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“Ser ejemplo es un orgullo muy grande”
Más allá de cumplir su sueño, a Johan Cortés lo que más lo llena es poder inspirar a los niños y jóvenes de su comunidad.
“Para mí es un orgullo muy grande. Ser el ejemplo de muchos niños, tal vez yo fui el primero, que vean que si pude hacerlo yo, muchos también van a poder, o podrán, dejarles el camino marcado, enseñarles la ruta. Yo la pulsee bastante, no me rendí pese a las dificultades, y entonces mostrarles ese camino”, añadió.
Cuando una persona viene desde abajo, las cosas le han costado mucho y ha tenido que pulsearla bastante, sabe aprovechar cuando se le presentan las oportunidades.
“Desde que estaba trabajando en la piñera, yo me decía a mí mismo en la mente que en la mínima oportunidad que tenga, la iba a aprovechar. Obviamente, uno valora el trabajo, pero siempre y cuando uno pueda estar en un lugar mejor, debe intentarlo”.
“Yo siempre tuve la convicción de que quería seguir jugando. Era un trabajo muy duro, honrado, para sostener a mi familia, pero no era lo que quería para mi vida. Quería seguir intentando jugar fútbol, seguir con mi carrera y, gracias a Dios, se me dio”, añadió.
El reto del frío en Tirana
El frío en Tirana fue uno de los mayores retos en sus primeros días en Europa. Salir a entrenar con temperaturas de uno o dos grados hacía que todo se volviera pesado; le dolía el cuerpo, no tanto por la práctica, sino por ese clima extremo.
En esas semanas extrañaba el sol de Liberia, de Coto 45 y de la zona sur, pero si ya había enfrentado el calor fuerte del Puerto cuando trabajaba en la piñera, esto no era algo que lo fuera a hacer arrugarse. Con el paso de los días, se adaptó.
A finales de año tuvo ofertas incluso de equipos grandes en Costa Rica, pero cuando apareció la oportunidad de irse a Europa, la eligió porque era la mejor opción en términos generales.
“Firmé por año y medio. Mi idea es hacer las cosas bien, jugar la mayoría de partidos y ojalá ser llamado a la Selección de Costa Rica. Sabemos que la selección es una vitrina muy grande y luego intentar salir a una liga mejor en todos los aspectos”, comentó.
El plan va por buen camino: ha jugado cinco de siete partidos, todos como titular. Solo se perdió uno por lesión y otro porque acompañó a su amigo y compañero Freddy Álvarez tras el fallecimiento de su hijita de nueve años.
Johan Cortés no se pone techo. La vida le enseñó, cuando trabajaba de sol a sol en Pindeco, que los sueños no se abandonan. Se trabajan. Se pulsean. Y cuando llega la oportunidad, se aprovecha sin miedo.




