Juan Pablo Naranjo Meza es el ocho del alto rendimiento del Club Sport Cartaginés, un volante mixto de esos modernos, que recupera el balón pero además lo sirve y que llegó a entrenar con la primera brumosa en la etapa de Andrés Carevic en el club.
Hace exactamente nueve meses, en un partido en la cancha de Dulce Nombre de Cartago, sede de los blanquiazules en esa categoría, Juan Diego se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha, el menisco y se esguinzó el ligamento colateral externo con apenas 17 años.
Su caso no se contó en los medios dentro de la plaga de lesiones de cruzados que afecta al fútbol nacional, posiblemente solo su familia, amigos, y en el club se habrán dado cuenta, una muestra de la realidad que enfrentan los jóvenes con este tipo de lesiones.
Si hablamos que en la máxima categoría este problema se volvió habitual, en las ligas menores se potencia el triple, pues allí enfrentan todo el combo completo que es la receta para el desastre, malas canchas, en ocasiones preparación física errónea y poco cuido de parte de los muchachos.
Cuando un muchacho menor de edad se rompe un cruzado o tiene una lesión así de seria, deben enfrentar la situación por la que pasó Juan Pablo, ver si se puede operar por su cuenta sino quiere esperar meses en la Caja o quedarse hasta sin cirugía.
Naranjo, dichosamente para su carrera, pudo operarse en lo privado, a una semana de su lesión, gracias al seguro de su papá, algo que salió del bolsillo de su familia.
De igual forma no apuesta todo su futuro al fútbol y estudia Administración de Empresas en Tecnológico de Costa Rica, algo vital para él.
“Todo el trámite lo tuve que hacer por mi cuenta, algo así tan grande los equipos no nos pueden cubrir eso, a la liga menor se le cubre con una póliza, pero no a tanto nivel, el equipo luego se hizo responsable con la terapia y la rehabilitación, la fisioterapia, pero la operación sí tuve que hacerla por mis propios medios y ayuda de mis papás.
“Yo tengo compañeros que esperaron hasta cinco o seis mes por una operación, sino es que más, porque en ligas menores no se brinda ese apoyo, luego el club te ayuda con toda la rehabilitación, pero todo es partir de la operación”, nos contó.
La Teja publicó el lunes una entrevista con el doctor Erick Solano, especialista en el área y nos contó que si las canchas de las primera división están mal, en ligas menores la situación es completamente dramática, lo que nos confirmó Juan Pablo.
La mayoría de campos en los que se juegan en ligas menores son en canchas sintéticas, incluido en Alajuelense y Saprissa, que juegan en sus centros de alto rendimiento.
“Es una cosa bárbara, uno entiende la realidad y el presupuesto de lo que se le da a liga menor, tampoco es que uno espera jugar en canchas perfectas, pero partiendo del hecho que de los diez equipos del campeonato siete juegan en sintético y tres son plazas, incluidos nosotros, es complicado”
“La cancha sintética del Colleya, de Heredia, del mismo Beto Fernández (centro de entrenamiento de Saprissa) es la de siempre, es una alfombra. Liberia, Puntarenas y nosotros jugamos en plazas que depende mucho de las condiciones del año.
“La de Liberia, por ejemplo, es muy bonita, una muy buena cancha, en buen estado, pero en otras te encontrás un hueco en la plaza y en cualquier momento estás expuesto a pisar mal y te fuiste en todas”, contó.
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Juanpa fue claro que su lesión fue parecida a la de Santiago van der Putten, un poco de mala suerte, pero no culpa a la cancha ni nada por el estilo.
Los problemas en ligas menores se ven casi en cualquier cancha, la plaza de Dulce Nombre depende de la temporada, tiene huecos de arena, zacate o tierra porque se seca y así deben salir a jugar.
El doctor Solano nos contó que atiende a muchos jóvenes y es muy consciente de esta realidad, por lo que nos dijo que la famosa frase de “yo hubiera llegado a primera pero me lesioné la rodilla”, tiene más de realidad que de chota.
“La gente eso lo toma mucho en el vacilón, pero vieras como hay, nosotros operamos por semana, cinco, seis, siete ligamentos cruzados de personas de 13 a 17 años, eso algo supercomún.
“A veces operamos pacientes de 30, 40 años que tuvieron una ruptura de ligamento cuando tenían 13, 14 años y no tienen el recurso para poderse operar en su momento y obviamente se tuvieron que retirar y se operan ahora los que pudieron”, destacó.
El médico nos dio de referencia que si en primera división ve 15 ligamentos, en ligas menores son 60.
Rafael Soto, entrenador de ligas menores y asistente técnico del equipo Pitbulls en la segunda división, nos indicó que en esas categorías, eso lamentablemente se volvió una condicionante, porque los equipos no tienen los recursos para enfrentar estas lesiones.
Más allá de las canchas, Soto advirtió que hay que cuidar mucho el manejo de cargas de entrenamiento, además, porque en estas categorías suele haber mucho entrenador sin tanta preparación que no sabe manejar este tipo de cosas.
“Hay personas que lo hacen por cariño y no tienen la capacitación adecuada, la carga y el tipo de entrenamiento cambia mucho dependiendo de las edades y días de juego”, dijo.
El coctel para el desastre en ligas menores puede ser muy serio y por la libre, lo que enciende aún más las alarmas.



