Andrés Mora.3 agosto

Aunque para muchos aficionados resulta incómodo ver los partidos pegados a la malla, para otros es todo un placer tirarse las mejengas de esa forma en los estadios de la primera división costarricense, entre ellos el fiebre liguista Andrés Barrantes y el herediano Byron Esquivel.

Esta es la vista perfecta para estos fiebres de la malla en el Rosabal Cordero. Foto: Cortesía
Esta es la vista perfecta para estos fiebres de la malla en el Rosabal Cordero. Foto: Cortesía

Ellos pagan su entrada como cualquier otro, pero en lugar de buscar campo en la gradería, más bien jalan soplados a acomodarse bien pegados a la malla y no se meten al terreno de juego porque no los dejan. Para ambos es clave llegar temprano para buscar el mejor lugar posible.

La Teja se dio a la tarea de buscarlos después de que San Carlos anunció que para el juego de este domingo ante el Municipal Grecia iba a poner a la venta la localidad de malla.

“Lo mejor de la malla es el ambiente, uno siente como que está casi jugando”, Byron Esquivel.

"Es una modalidad que se implementó este torneo con los nuevos planes de socios, aquí es una costumbre, ya que hay cierto grupo de aficionados a los que les gusta ver el juego desde la malla. Son los mismos de siempre y tienen años de años de venir aquí al estadio”, comentó el gerente sancarleño, Gustavo Pérez.

"Esto es más por tradición que por otra cosa. No es el plan más vendido, pero hay un grupo que desde hace muchos años llega a pararse ahí”, agregó el gerente de los Toros del Norte.

Exactamente esa tradición de la que hablan los norteños es la que viven Barrantes en el estadio Alejandro Morera Soto y Esquivel en el Eladio Rosabal Cordero.

Mejengas con papá y mamá

Andrés le dio vida a una tradición familiar, ya que siempre va a la Catedral acompañado de su papá y su mamá (José Elías Barrantes y Gina Herrera).

Doña Gina, Andrés y don José, siempre pegaditos a la malla y apoyando al León. Foto: Cortesía
Doña Gina, Andrés y don José, siempre pegaditos a la malla y apoyando al León. Foto: Cortesía

Los Barrantes Herrera siempre se acomodan en la gradería oeste, la que ahora lleva el nombre de Wílmer “Pato” López.

“La verdad empecé a ver los juegos así desde que era carajillo porque uno en la gradería estaba viendo el partido y la gente de adelante se levantaba y uno no podía ver. Además no me quedo quedito viendo el juego, prefiero estar ahí de pie, porque nadie me tapa, nadie me molesta y durante los goles uno hasta se abraza con la gente que conoce ahí, que son como el grupo de la malla”, confesó Andrés.

Este vecino de barrio El Carmen de Alajuela y de 29 años, fue el que motivó a sus padres a ir a la malla, porque antes doña Gina y don José iban a la gradería a tirarse las mejengas bien sentaditos.

“Ahora no hay quién los siente”, confesó el liguista.

Ellos siempre buscan los espacios más cercanos a la media cancha, a la línea del centro del campo, porque a veces llegan algo tarde y ya hay gente bien parada ahí.

“Hay algunos conocidos, otros solo de vista y uno los saluda, pero no sé sus nombres, hay otros de más tiempo con los que uno ya hace amistad. Incluso hay gente con los que uno se toma una birra antes o después del estadio. Otros que van a llegar tarde me ponen un mensaje para que les guarde campo en la malla y con gusto lo hago", contó Andrés.

Ya hay barra en la malla

En la casa rojiamarilla ya hay una buena barra de compas que nunca se sientan durante un juego.

La barra de la malla en el Rosabal además de Byron (de negro) la conforman de izquierda a derecha: Jafet, Juan Diego, Diego, Fabián, Alex y Esteban.Foto: Cortesía
La barra de la malla en el Rosabal además de Byron (de negro) la conforman de izquierda a derecha: Jafet, Juan Diego, Diego, Fabián, Alex y Esteban.Foto: Cortesía

“Varios amigos, como seis o siete, íbamos a tomarnos algo antes del partido para vernos y conversar. Entrábamos faltando cinco minutos y como en los partidos importantes ya estaba lleno nos poníamos siempre en la malla, siempre del lado donde hacían los goles", contó Byron.

Estos son un pacho, ya todo el mundo los conoce y los fotógrafos les tomaban fotos bien pegados a la malla. Ellos tienen buena relación con algunos jugadores, con oficiales de seguridad y hasta con los junta bolas.

Dice Esquivel, de 30 años y vecino de San Francisco de Heredia que: “Llegábamos y nos saludaba hasta la Cruz Roja”.

Este grupo se ubica en la gradería norte o en sol general, ahí van acomodándose en donde les quede mejor para ver los goles de su amado equipo florense.

“Desde que tenía tres años, mi papá (Ricardo Esquivel) era el fotógrafo del equipo y me llevaba al estadio, pero hace como quince años empecé a moverme por mi cuenta y me hice muchísimo más fiebre”. señaló.

Muy intesos se viven los juegos en esta particular localidad. Foto: Cortesía / Minor González
Muy intesos se viven los juegos en esta particular localidad. Foto: Cortesía / Minor González

“Lo mejor de la malla es el ambiente, uno siente como que está casi que jugando con los jugadores, porque está muy cerca. Se vive más la posibilidad de intimidar al contrario y cuando somos muchos se facilita que los aficionados que están en las gradas se animen con más fácilidad”, indicó orgulloso.

Lo cierto es que en todos los estadios existen fiebres que aman ver las mejengas pegados a la malla, ya que disfrutan la cercanía, el poder hablarle a sus jugadores y gritarle a los rivales, porque esta es la forma en la que estos fiebres viven al cien por ciento el fútbol.