Detrás de cada póster o mapa de los recordados Zumbi hay mucho más que dibujitos graciosos. Hay horas interminables de trabajo, equipos completos metidos de lleno y hasta una etapa clave vivida en Costa Rica que marcó el rumbo del proyecto.
Así lo contó el diseñador gráfico colombiano Fernando de Narváez, creador de estos icónicos personajes, quien recordó con lujo de detalles cómo era el proceso para darles vida a estos dinosaurios amarillos… y no era nada sencillo.
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La familia Zumbi y todos sus zumbiamigos regresan 35 años después en la edición del próximo lunes 27 abril de La Teja y durante las próximas cinco semanas.
“Cada póster tenía por lo menos 700 Zumbi, se llamaban ‘mapas’, entonces diseñaba 700 Zumbi a mano”, explicó, dejando claro que el nivel de detalle era brutal.
Según señaló, el trabajo no era solo sentarse a dibujar. Todo arrancaba con los fondos, que eran realizados con ayuda de personas cercanas, como su hermano, mientras él se encargaba de darle forma, uno por uno, a cada personaje.
“Yo dibujaba a mano en lápiz los Zumbis, todos. Después los coloreábamos con témpera. Había una o dos personas echando témpera con técnicas especiales, y luego yo hacía otra vez la línea en negro”, detalló.
Además, el proceso era tan intenso que cada lámina o mapa implicaba semanas de trabajo en equipo.
“Un mes entre cuatro personas, trabajando de diez de la mañana a diez de la noche, todos los días. Todo eso para que saliera una vez a la semana en el periódico”, recordó.
Adaptados a lo tico
Y es que cada Zumbi tenía su propia gracia. No eran figuras repetidas, sino escenas cargadas de acción y humor.
Esa era la clave, según su creador, para que gustaran tanto, porque siempre estaban haciendo algo gracioso o algo especial. Ese nivel de detalle era precisamente lo que más tiempo les tomaba.
“Era dibujar persona por persona, sin importar el color, la forma… todos tenían algo. Eso nos llevaba mucho tiempo”, añadió.
Pero más allá del trabajo artístico, Costa Rica jugó un papel fundamental en el despegue de los Zumbi.
De Narváez contó que tuvo que venirse al país en 1991 durante cinco meses para ayudar a “poner a caminar” el proyecto en el periódico La Nación, donde empezaron a publicarse.
“Tuve una gran química con toda la gente de La Nación. Ellos querían que yo estuviera ahí porque el proyecto era muy grande y necesitaban que yo ayudara directamente”, explicó.
Su rol era clave, ya que el proyecto requería ajustes constantes, principalmente para adaptarlos al vocabulario tico, para poder salir a tiempo en el periódico todos los viernes.
“Yo tenía textos pensados en Colombia, pero tocaba adaptarlos. Acá no se dice igual, entonces había que cambiar todo para que la gente lo sintiera propio”, recordó.
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Gratos recuerdos
Más allá del trabajo, el diseñador guarda un cariño enorme por el país, donde asegura que vivió una de las mejores etapas de su vida.
“Costa Rica es un mundo sublime, de personas sublimes. Todo es amor, alegría. Yo venía de un país muy violento y llegar acá era otra cosa completamente distinta”, agradece.
Durante esos cinco meses vivió cerca del edificio del Grupo Nación para poder cumplir con las exigencias del proyecto, y aunque reconoce que eran días intensos, también hubo espacio para disfrutar.
De hecho, guarda gratos recuerdos de sus paseos a las playas de Limón y de la buena fiesta que se armana a la orilla del mar. Y ni que decir de las ticas, de las cuales dijo haberse enamorado desde el primer momento.
“Me amañé en Costa Rica, uno hace amigos muy rápido. La gente es muy amable. Era una época hermosa, tenía 23 años, estaba soltero…”, contó entre risas.
Hoy, con el regreso de los Zumbi al país, De Narváez siente que todo se cierra como un ciclo especial.
“Volver a Costa Rica con los Zumbi en este momento de mi vida es como un regalo del cielo, porque definitivamente tengo mucho éxito en mi show (El show de los Zumbi, que presenta en Colombia) y la gente me halaba todos los días, pero volver con el proyecto que hizo realidad todo esto es realmente emocionante para mi”, concluyó.



