El periodista Edgar Silva asume uno de los desafíos más importantes de su carrera televisiva al debutar este martes 3 de marzo como nuevo presentador de ¿Quién quiere ser millonario?, que inicia su décima temporada tras la salida de Ignacio Santos, quien estuvo al frente del espacio durante 14 años, desde su estreno en febrero de 2009.
El presentador reconoció que el proceso de adaptación al formato no ha sido sencillo y lo comparó con una experiencia muy concreta.
“En general bien, es como agarrar un carro por primera vez. En el sentido de que hay ciertas partes de la operación que son mecánicas. Entonces hay que ponerle mucho cuidado porque la franquicia (dueña del formato) pide ciertos protocolos. Por ejemplo cómo plantear la pregunta, cómo volver a ver a la cámara. Hay ciertas formas que ellos esperan y eso en el primer programa todavía me pone a pensasr cuando me toque hacerlo”.
Silva confesó que en la grabación de este primer programa se mostró especialmente cauteloso, consciente de cada paso que debía seguir, lo cual espera que los televidentes no lo noten mucho.
“Estuve muy cauteloso en el sentido de que iba un poco pensando lo que seguía. Entonces es como cuando vas caminando y tenés un tropiezo, te estás acostumbrando a caminar. Pero en general, la producción o los productores habían quedado satisfechos, yo no tanto porque sentí que me tropecé algunas veces”, dijo siendo muy honesto.
El mismo ritmo
El presentador de Teletica detalló que, a diferencia de otros proyectos en los que ha participado, este exige una estricta fidelidad al formato.
Es decir, no es que copiará el estilo de Ignacio Santos al presentarlo si no que así lo pide la franquicia de Londres, aunque por ratos podrá ponerle su sello personal.
“Las preguntas se tienen que plantear siempre más o menos a un mismo ritmo. Tengo que asegurarme de que el concursante diga: ‘respuesta definitiva’. Yo debo recordar cada cierto tiempo la escalera. Esas cosas todavía no las he interiorizado”, recalcó.
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El programa es emocionante, es retador para el participante, yo lo que trataré de llevarlo a lo más cerca posible a mi personalidad, respetando los protocolos y las formas que ya el programa tiene".
— Edgar Silva, presentador
Lo que lo tiene un poco más preocupado o que quizás lo está retando más es el control corporal y los gestos que debe controlar frente a los participantes, como quien dice, para no soplarles que respondieron mal.
“Digamos que hay que cuidar mucho las expresiones de la cara para no insinuar o desviar al concursante. (…) Es cuestión de aprender a estar más consciente de lo que estoy haciendo con mi cuerpo y con la cara”, mencionó.
El liberiano señaló que nunca llegó a hablar con Santos sobre este formato y que, su salida del programa obviamente lo sorprendió y lo hizo recordar cuando una vez le contaron que él había dicho, en son de broma, que si se volvía a equivocar iban a traer a Silva en su lugar, sin imaginar que después ocuparía su misma silla.
Gran apoyo
Sobre la reacción del público en el estudio, Silva destacó que el apoyo lo recibió desde el primer momento y que hubo una señora en particular que lo hizo sentir menos presión.
“Había una señora que en el primer programa que me gritaba: ‘Edgar, tranquilo, vas bien’. Y eso me conmovió mucho. (…) Créanme que están compartiendo conmigo un día que para mí va a ser, honestamente, inolvidable. No les voy a negar que tengo un grado de ansiedad”, recordó.
Además, confirmó que ya llevan varios programas grabados porque ya tenía agendados dos viajes fuera del país, uno para este mes y otro para setiembre, por lo que hubo que adelantarlos.
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Lo que quiero es que la gente me vea como un facilitador, un acompañante, un guía de los participantes para que logren el monto económico más alto posible para ellos".
— Edgar Silva, presentador
Finalmente, manifestó su deseo es que esta temporada sea histórica, aunque desde ya lo es, pues es por primera vez tendrá 41 capítulos y se extenderá hasta el 8 de diciembre.
“Me encantaría que alguien tenga la oportunidad de llevarse los 35 millones de colones. Me emocionaría mucho. (…) Es muy bonito pensar que el programa y el conocimiento que ellos tienen les va a ayudar para lograr algo”, dijo.
Con humildad y realismo, Edgar resume este nuevo desafío como un proceso de aprendizaje constante, con la convicción de que, con el paso de los programas, logrará sentirse cada vez más cómodo en la emblemática silla caliente, en la cual desde ya dice estar cómodo.




