Kimberly Soto nunca imaginó que convertirse en mamá la llevaría a vivir uno de los momentos más complicados de su vida.
Durante su primer embarazo subió 42 kilos, comenzó a sufrir fuertes migrañas y durante años intentó volver a su peso original con métodos que, según reconoce, no le funcionaron.
Hoy, la entrenadora personal cuenta esa historia como una de las experiencias que más la marcaron y que finalmente la llevaron a transformar por completo su estilo de vida.
Soto recordó que durante su infancia y adolescencia nunca tuvo problemas de obesidad. Era una persona sedentaria y podía comer lo que quisiera sin preocuparse demasiado por su peso.
Se casó a los 19 años y, tres años después, quedó embarazada de su primer hijo. La felicidad de convertirse en mamá estuvo acompañada de un fuerte aumento de peso.
“Feliz de tener a mi pollito en mis brazos, pero enferma la mayor parte de los días por el exceso de peso que subí durante esos nueve meses de embarazo, nada más y nada menos que 42 kilos”, contó.
Según contó, las molestias comenzaron incluso antes de dar a luz. Desde el sexto mes de gestación, sufrió fuertes migrañas prácticamente todos los días.
“Pensaba siempre que todo terminaría al nacer mi niño, lo cual no fue así, todo lo contrario, aumentaban con el pasar del tiempo”, confesó.
Los dolores llegaron a ser tan fuertes que debía tomar pastillas todos los días para controlarlos y entre dos y tres veces por semana necesitaba inyectarse para aliviar las crisis.
Aquel problema se mantuvo durante años y Kimberly entendió que recuperar su peso era una parte importante para volver a sentirse bien.
Durante tres años y medio, probó diferentes métodos y cayó en lo que ella misma describe como el “camino fácil”: dietas extremas, pastillas y tés que prometían ayudarla a bajar de peso rápidamente, pero nada funcionó.
La gran solución
En 2012, decidió cambiar de estrategia y tomó una de las decisiones más importantes de su vida: entró por primera vez a un gimnasio y modificó su alimentación.
“Los cambios que no vi en los tres años y medio desperdiciados con dietas relámpagos, los empecé a ver al mes de cambiar mi estilo de vida”, afirmó.
Para Soto, el verdadero secreto fue dejar el sedentarismo, comer de manera saludable y hacer del ejercicio un hábito.
Y hubo un resultado que para ella fue todavía más importante: las migrañas desaparecieron tres meses después de recuperar su peso ideal.
Pero su transformación no terminó ahí.
Su autoestima y confianza comenzaron a crecer y, un año después de aquel cambio, ella se atrevió a representar a Costa Rica en un certamen de señoras en Guatemala. Para su sorpresa, consiguió la corona para el país.
Después volvió a quedar embarazada y nuevamente aumentó bastante de peso, esta vez 22 kilos. La diferencia fue que ya sabía cómo enfrentarlo.
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Tardó tres meses en perder ese peso y, poco después, descubrió otra pasión: las carreras de obstáculos, lo que la llevó a la televisión a los 30 años. En dicho espacio participó junto con su esposo, Ryan Weiss.
“Me di cuenta de lo fuerte y competitiva que podía ser y entendí que cuando deseas algo y pones tu mayor empeño en obtenerlo, dejando todas las excusas de lado, descubrirás lo lejos que puedes llegar”, manifestó.
La historia que hoy comparte Kimberly comenzó con 42 kilos de más, fuertes dolores de cabeza y varios años de frustración, pero terminó convirtiéndose en una transformación que le cambió la vida.
“¿Fácil? Para nada. Pero ¿satisfactoria? Esto sí que es indiscutible”, concluyó.





