La ganadora de la segunda temporada de Mira quién baila, Mariana Uriarte, compartió una profunda y emotiva reflexión luego de conocerse el caso de Yulixa Consuelo Toloza, la mujer venezolana de 52 años cuyo cuerpo fue hallado en una zona rural de Apulo, Cundinamarca, días después de desaparecer tras someterse a un procedimiento estético en una clínica clandestina de Bogotá.
El caso ha generado indignación en Colombia y Latinoamérica, no solo por las condiciones irregulares de la clínica conocida como Beauty Láser, sino también por las impactantes revelaciones de las autoridades.
En medio de toda la conversación que se generó en redes sociales, Mariana decidió pronunciarse desde una perspectiva mucho más humana y personal.
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La creadora de contenido confesó que el caso “le partió el alma”, especialmente porque ella ha tenido que enfrentar durante años comentarios negativos sobre su cuerpo.
“Muchas veces han querido que sienta que algo está mal conmigo o que por mi trabajo necesito encajar en lo que es bonito y perfecto”, escribió.
Uriarte aseguró que detrás de muchas cirugías estéticas no siempre existe superficialidad o vanidad, sino inseguridades acumuladas durante años por culpa de burlas, críticas y estándares sociales.
“A veces hay inseguridades sembradas durante años. Comentarios, burlas, comparaciones y rechazo. Una sociedad que les exige a las mujeres verse perfectas, jóvenes, delgadas, sin una sola imperfección, mientras destruyen la autoestima de quien no encaja”, señaló.
Señaladas por operarse
La influencer y maquillista también cuestionó la manera en que muchas personas reaccionan cuando una mujer decide realizarse un procedimiento estético, señalando que constantemente son juzgadas sin importar el resultado.
“Cuando una mujer decide operarse, la juzgan. Y cuando algo sale mal, también la juzgan. ‘¿Para qué se operó?’, ‘Eso le pasó por superficial’, ‘Se lo buscó’. Qué cruel puede llegar a ser la gente con una mujer incluso después de muerta”, escribió.
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Además, Mariana enfatizó que el caso de Yulixa no solo expone la negligencia y la falta de controles en centros clandestinos, sino también una realidad silenciosa que viven miles de mujeres diariamente: la guerra constante con su propia imagen.
“Significa entender que nadie merece morir por intentar sentirse suficiente. Nadie merece ser abandonado como si su vida no valiera nada”, añadió.
Mientras las investigaciones avanzan en Colombia, el caso de Yulixa Toloza continúa abriendo el debate sobre los riesgos que existen en las clínicas ilegales que no solo existen en este país.


