El periodista y cantante Omar Cascante le hizo una conmovedora promesa a su hermano Gustavo, quien falleció este martes por la noche a los 40 años.
Cascante dejó atrás el silencio y tras darle santa sepultura a su hermano menor, erizó la piel con una carta pública que le escribió y que la compartió en sus redes.
LEA MÁS: Omar Cascante con el corazón destrozado: muere a los 40 años su hermano menor
Omar le prometió a su querido Tocho, como le decían de cariño a Gustavo, cuidar de su hijo Samuel, quien el pasado enero cumplió 17 años.
El joven era el único hijo de Gustavo, cuyo fallecimiento dejó con un gran dolor a toda la familia de la exfigura de Teletica.
La promesa de Omar a Tocho
“Hoy con el alma hecha pedazos, quiero hacerte una promesa: mientras Dios me dé vida, a Samuel nunca le faltará un abrazo, un consejo, una oración ni una mano que lo sostenga. Voy a cuidar de tu hijo hasta mi último respiro”, afirmó Omar en su mensaje.
El comunicador dijo que Gustavo, más que hermano, era un confidente y amigo, y reconoció el noble corazón que tenía.
Asimismo, lo destacó como el alma de las fiestas familiares.
Omar compartió varias fotografías del recuerdo junto a su hermano.
Esta es la carta completa que dedicó Omar a su hermano:
LEA MÁS: Esta habría sido la causa de la muerte del hermano de Omar Cascante y los datos de su funeral
CARTA A MI HERMANO
Hay trenes que uno jamás imagina que van a partir.
Quizá porque pasamos la vida creyendo que ciertos abrazos serán eternos. Que todavía queda tiempo. Otra conversación. Otro diciembre sentados a la mesa.
Pero la vida… la vida es un soplo. Efímera. Fugaz.
Un suspiro breve entre una llegada y una despedida.
Hace pocas horas perdí a mi hermano.
Y con él… también perdí una parte de mi vida.
Su partida inesperada deja silencios en lugares donde antes había hogar.
Apenas pude disfrutarlo 40 años. Parece mucho… hasta que el amor hace cuentas y uno entiende que ni cien años alcanzan cuando se ama de verdad.
Se fue mi confidente. Mi amigo. Uno de los hombres con el corazón más noble que jamás conocí.
La casa ya no volverá a sonar igual. Las fiestas familiares tendrán risas… pero ya no tendrán esa risa.
Y habrá una silla vacía que nadie podrá ocupar.
¡La vida te costó, hermano!
Te golpeó duro muchas veces. Te hizo llorar.
Pero aun en medio de tus luchas… nunca dejaste de amar.
Hoy los misterios del cielo me resultan imposibles de entender.
Hay preguntas que jamás tendrán respuesta de este lado de la eternidad.
Gracias, Tochito de mi alma… por amar a mis hijos como suyos,
por cada abrazo, por cada beso en la frente acompañado de aquel: “te amo, mi Cachorrito”.
Hoy con el alma hecha pedazos, quiero hacerte una promesa: mientras Dios me dé vida, a Samuel nunca le faltará un abrazo, un consejo, una oración ni una mano que lo sostenga.
Voy a cuidar de tu hijo hasta mi último respiro.
Porque una parte tuya seguirá viviendo en él… y otra, para siempre, seguirá viviendo en mí.
Quizá de eso se trata el último tren.
De entender, a veces demasiado tarde, que los momentos más simples eran sagrados. Que un abrazo cualquiera, puede terminar convirtiéndose en el último. Como el que te di ayer.
Hoy el tren partió demasiado pronto para mi corazón.
Y desde este lado del andén… solo puedo decirte algo: gracias por haber viajado conmigo.
Estoy seguro que algún día volveremos a encontrarnos… allá, del otro lado del sol… donde ya no existen despedidas.



