En un escenario de alta tensión política, el papa León XIV, primer pontífice de origen estadounidense, ha decidido implementar una estrategia de prudencia frente al gobierno de Donald Trump.
Aunque en los inicios de su gestión el prelado nacido en Chicago mantuvo una postura crítica y directa, recientemente ha optado por el silencio y la mediación indirecta. Esta maniobra busca preservar la unidad de la Iglesia católica en un país profundamente dividido por la polarización y las políticas migratorias.
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Una diplomacia de moderación desde el Vaticano
Desde su elección en mayo de 2025, el papa León XIV no ha dudado en señalar decisiones que considera inhumanas, especialmente en temas de migración y el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Sin embargo, en las últimas semanas, su voz se ha vuelto más selectiva.
El pontífice ha evitado pronunciamientos directos sobre temas polémicos como el interés de Donald Trump en Groenlandia o los recientes incidentes violentos en Mineápolis. Su objetivo principal es evitar que su figura sea utilizada como un arma partidista dentro de los Estados Unidos.
Fuentes internas del Vaticano aseguran que el Papa es consciente de que su investidura tiene un peso universal y que cualquier declaración puede exacerbar la crisis interna de la fe en territorio norteamericano.
“León es muy cauteloso. Sabe que su voz es universal. Como estadounidense, es un poco opositor natural del trumpismo”, indicó una fuente de la Santa Sede. Esta moderación responde también al temor de que las acciones de la policía migratoria afecten directamente a las comunidades que la Iglesia católica atiende activamente.
El papel estratégico de los obispos estadounidenses
En lugar de entrar en una confrontación directa con la Casa Blanca, el papa León XIV ha delegado el peso de la respuesta social en la jerarquía eclesiástica local.
El pontífice considera que la primera línea de defensa de los valores cristianos debe surgir de los propios obispos de la nación.
Esta postura quedó evidenciada cuando figuras como el arzobispo Paul Coakley y el arzobispo Anthony Taylor denunciaron con firmeza la falta de respeto a la dignidad humana en eventos recientes, sin que el Papa tuviera que intervenir personalmente.
Esta descentralización de la crítica permite que el Vaticano mantenga abiertos los canales de comunicación oficiales con el gobierno de Donald Trump.
El secretario de Estado, Pietro Parolin, ha intentado gestionar crisis internacionales, como la situación en Venezuela, mediante reuniones diplomáticas privadas en lugar de comunicados públicos hostiles.
Se trata de un juego de ajedrez donde la Santa Sede prioriza los resultados a largo plazo sobre los titulares inmediatos.
El riesgo de la reputación institucional
La preocupación central para el papa León XIV es el legado histórico de la institución.
En un contexto donde la sociedad está hiperpolarizada, el riesgo de que la Iglesia católica sea percibida como una aliada del trumpismo es elevado.
Especialistas en historia eclesiástica señalan que una vinculación política de este tipo podría provocar una desintegración del papel social de la Iglesia en las próximas décadas.
Hasta el momento, el papa León XIV no ha concretado una reunión oficial con Donald Trump, aunque sí recibió al vicepresidente JD Vance.
Esta distancia calculada refuerza la imagen de una Iglesia que, aunque preocupada por la política estadounidense, busca mantenerse por encima de las disputas electorales.
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La meta final es garantizar que la misión pastoral no se vea comprometida por la volatilidad del clima político actual en la región.
*Esta nota fue hecha con ayuda de Inteligencia Artificial.



