Uno de los hábitos más simples y, a la vez, más efectivos para prevenir enfermedades es lavarse y secarse bien las manos.
Debido a su uso continuo, las manos son uno de los principales vehículos de transmisión de virus, bacterias y hongos, ya que en solo centímetro cuadrado pueden habitar hasta 1.500 bacterias si no se realiza una limpieza adecuada.
Además, las personas se tocan la cara constantemente, en promedio, 23 veces por hora, según el American Journal of Infection Control. Este gesto facilita el ingreso de patógenos al organismo a través de ojos, nariz y boca.
¿Qué enfermedades se pueden prevenir con el lavado de manos?
La evidencia es contundente: una adecuada higiene de manos reduce de forma significativa la incidencia de diversas enfermedades infecciosas. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, este hábito puede disminuir en un 21% los casos de resfriados y en un 31% las enfermedades gastrointestinales.
Asimismo, contribuye a prevenir hasta en un 30% los episodios de diarrea y a reducir en un 23% las infecciones respiratorias agudas. Además, el lavado frecuente de manos ayuda a cortar la transmisión de enfermedades como el cólera, la disentería, la hepatitis E y la covid-19, entre otras infecciones de fácil propagación.
En conjunto, esta práctica también reduce la presión sobre los sistemas de salud al evitar consultas y tratamientos por enfermedades que pueden prevenirse con un hábito básico.
“Promover la higiene de manos como un acto cotidiano con impacto colectivo es fundamental. No solo protege a la persona, sino que ayuda a reducir la propagación de enfermedades en toda la comunidad”, señaló Alejandro Fernández, director comercial para Latinoamérica de Kimberly-Clark.
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Por eso es clave promover la adopción de buenas prácticas tanto en centros de salud como en la vida cotidiana, incorporando el lavado de manos en momentos clave del día: antes de preparar o consumir alimentos, después de usar el baño, al toser o estornudar, al regresar de la calle o utilizar transporte público, y antes de tocarse la cara.
Pero no es solo lavarse, es hacerlo bien. En el marco del Día Mundial de la Higiene de Manos, especialistas coinciden en que el problema no radica únicamente en la frecuencia, sino en la técnica. Un lavado efectivo requiere fricción completa —palmas, dorso, entre los dedos y debajo de las uñas— durante al menos 20 segundos, especialmente en momentos clave como antes de preparar o consumir alimentos, después de usar el baño, al toser o estornudar y tras el contacto con superficies de uso público.
Sin embargo, en la práctica, gran parte de la población omite pasos esenciales o reduce el tiempo de lavado, lo que limita su efectividad y deja una falsa sensación de protección. Esta brecha entre intención y ejecución sigue siendo uno de los principales desafíos para cortar la cadena de transmisión de enfermedades.
La técnica es tan importante como la frecuencia. Para que el lavado sea efectivo, los especialistas recomiendan hacerlo durante al menos 20 segundos, frotando palmas, dorso, entre los dedos y debajo de las uñas. Es clave utilizar suficiente jabón para cubrir toda la superficie y enjuagar con abundante agua.
Pese a ello, solo el 5% de las personas cumple con el tiempo recomendado. En promedio, el lavado dura apenas 7 segundos, según el American Journal of Infection Control.
El secado, clave ignorada en la cadena de higiene
Uno de los errores más comunes es pensar que el proceso termina al enjuagarse las manos. “El proceso de higiene no termina con el lavado. El secado adecuado es fundamental para evitar la recontaminación y reducir significativamente la presencia de bacterias en las manos”, agregó Fernández.
Además, estudios publicados en el Journal of Hospital Infection advierten que algunos secadores de aire pueden dispersar bacterias en el ambiente. En cambio, las toallas de papel ayudan a retener los microorganismos y reducen el contacto con superficies potencialmente contaminadas.
A seis años de la pandemia de covid-19, los especialistas advierten que aún persisten brechas en la frecuencia y calidad del lavado de manos, lo que incrementa el riesgo de contagios.
Reforzar este hábito no solo protege la salud individual, sino que también reduce la circulación de enfermedades y contribuye a entornos más seguros. Lavarse y secarse bien las manos sigue siendo una de las medidas más accesibles y efectivas para cuidar la salud.
En un contexto donde los sistemas de salud continúan enfrentando presiones, reforzar prácticas básicas como la higiene de manos sigue siendo una de las intervenciones más efectivas —y subestimadas— para prevenir enfermedades y proteger a la población.
Cada 5 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Higiene de Manos.



