En una casa de Curridabat centro vive un gato que no solo se robó los sillones, las camas y los corazones de una familia entera, sino que también se convirtió en compañero silencioso durante enfermedades, tristezas y noches difíciles.
Se trata de Julián, aunque de cariño todos le dicen “Pipi”, un gatito criollo tipo tuxedo (de esos que parecen andar con smoking), que llegó hace ocho años a la vida de la profesora de música Marta Sánchez.
La historia de Julián comenzó de una forma inesperada y hasta angustiante. Cuando apenas tenía cerca de un mes de nacido, quedó atrapado dentro de una pared luego de que su mamá gatuna se cayera.
Fue entonces cuando Manuel Sánchez, papá de Marta, escuchó los maullidos y decidió romper parte de la pared para rescatarlo.
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“Ese gato nos cayó del cielo. Estaba demasiado pequeñito, no tenía ni colmillos y hubo que darle leche con gotero. El veterinario nos dijo que no tenía ni el mes de nacido”, recordó la mamá humana.
De Juliana a Julián
Al principio, Marta creyó que el gatito era hembra, así que empezó a llamarlo Juliana. Sin embargo, meses después descubrió que era macho, pero ya el peludito solo respondía a ese nombre.
“Como a los cuatro meses me di cuenta que era macho, pero ya entendía por Juliana, entonces le dejé Julián”, contó entre risas.
Aunque la idea inicial era salvarlo, enseñarlo a comer y luego darlo en adopción, el plan cambió rápidamente.
“Me enamoré del gatico. Él siempre andaba detrás mío. Si yo estaba lavando, ahí estaba; si tendía ropa, ahí estaba conmigo. Cuando hice mi tesis, pasaba pegado a mí en la computadora. Se creó un lazo demasiado bonito, casi como de madre e hijo”, aseguró.
Marta recuerda aquellas madrugadas alimentándolo con gotero como una de las experiencias más tiernas que ha vivido. Dice que desde entonces Julián se acostumbró a dormir en sus regazos y acompañarla prácticamente en todo.
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Acompaña en silencio
Lo que más sorprende de Julián no es solo su nobleza, sino la sensibilidad que parece tener hacia las emociones humanas.
En la casa aseguran que el gato percibe cuando alguien está enfermo, triste o pasando un momento difícil.
“Mi abuelita Teresita, que tiene 93 años, se fracturó la cadera y él pasó muchísimo tiempo acompañándola en la cama. Después, cuando mi papá tuvo covid-19 en el 2021, también se quedaba con él. Es increíble porque él siente cuando alguien tiene dolor”, asegura doña Marta.
Según cuenta, el gato suele acercarse todavía más cuando nota tristeza. “Es un amor muy fiel. Acompaña desde el silencio. Siento que han sido ocho años de amor sincero e incondicional”, afirmó.
El gato más sociable de la cuadra
Aunque muchos gatos son territoriales o desconfiados, Julián es todo lo contrario. Doña Marta asegura que es extremadamente sociable.
“Se lleva bien con perros, pájaros, conejos y con cualquier animal. Cuando llegan visitas no se esconde ni se asusta. Es demasiado dócil. Mi sobrina lo abraza, lo estripa, se lo quiere comer y él jamás le ha aruñado. Se queda quedito porque la ama demasiado”, dijo.
Hace algunos años Julián sí protagonizó un susto familiar cuando desapareció durante tres días mientras exploraba afuera de la casa.
“Tenía como ocho meses. Volvió y quedó curado porque ahora ni al techo se sube”. Desde entonces, el peludito prácticamente no sale, en parte porque la calle lo pone nervioso. “Cuando lo llevamos al veterinario va maullando todo el camino. No le gusta salir”, explica la mamá.
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Ama la cuchara tica
Si algo define a Julián, además de su ternura, es que tiene gustos muy costarricenses para comer. Aunque consume alimento para gatos, también disfruta muchísimo de la comida casera.
“Le encanta la olla de carne, el pollo, la torta de huevo y hasta come pan con mi mamá”, cuenta doña Marta entre risas.
Para todos los gustos
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Doña Inmaculada Calvo, conocida cariñosamente como doña Lada (la abuelita de Pipi), ya tiene una rutina fija con el gatico. “Todos los días a las 6 de la tarde está esperando que mi mamá le dé un pedacito de torta de huevo”.
Veterinarios recuerdan que aunque algunos gatos prueban alimentos caseros, lo ideal es que su dieta principal sea alimento balanceado de buena calidad y evitar ingredientes que puedan afectar su salud, como exceso de grasa, sal o café en grandes cantidades.
Hoy Julián sigue siendo el gran chineado de la familia y también compañero de Batsy, la gata de seis años del hermano de Marta, con quien hasta duerme abrazado.
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“Antes de Julián yo nunca había tenido un gato propio. Y ahora no imagino la vida sin él”, concluyó doña Marta.




