Hay gatos que llegan a una familia porque alguien los compra. Otros aparecen por casualidad. Y después está Viernes, un gatito amarillo, mestizo, que llegó entre maullidos desesperados y terminó convirtiéndose en el dueño del corazón de una familia entera.
Su historia comenzó hace cinco años, cuando Priscilla Sáenz escuchó un llanto que no la dejaba tranquila. El sonido venía del apartamento vecino.
“Un muchacho que alquilaba ahí se había ido para Puntarenas y dejó al gatito solo. Lloraba muchísimo y ya estaba molestando a los vecinos. Entonces llamé a la dueña de los apartamentos, le pedí permiso para entrar y una vecina me prestó una escalera. Me metí por una ventana, lo saqué... y desde ese día nunca volvió a llorar”, recordó.
Cuando el dueño regresó preguntó por el gato. Le dijeron que se había escapado. Más tarde supo que Priscilla lo tenía, pero nunca hizo el menor intento por recuperarlo.
Así, casi sin planearlo, Viernes encontró el hogar donde siempre debió estar. Pero el destino tenía preparada una historia todavía más especial.
En ese momento la familia estaba viviendo una situación muy dolorosa con otro gatito, llamado Domingo Antonio, un callejerito que habían rescatado poco antes.
“Empezó un domingo. Siempre pasaba por la calle y le dábamos comida porque era un gatito sin hogar. Un día mi esposo me dijo: ‘¿Quiere que lo rescatemos?’. Y así llegó a la casa. Le pusimos Domingo porque entró un domingo y Antonio porque significa el que vence a todos sus adversarios”, contó Priscilla.
Poco tiempo después descubrieron que Domingo tenía un tumor muy agresivo en la cabeza. Incluso hubo que retirarle un ojo para intentar salvarlo, pero la enfermedad avanzó y tuvieron que tomar la difícil decisión de dormirlo.
Aunque estuvo apenas unos meses con ellos, dejó una huella enorme... y hasta alcanzó a enseñarle cosas al recién llegado.
“Fue Domingo el que le enseñó a Viernes a hacer sus necesidades afuera. Antes de irse le dejó esa enseñanza”, dijo con una sonrisa que mezcla nostalgia y agradecimiento.
LEA MÁS: Julián, el gato que sobrevivió atrapado en una pared y hoy es el rey de la familia que lo salvó
Cinco años después, Viernes sigue demostrando que no todos los gatos vienen con el mismo manual.
“Es muy militar”, dice Priscilla entre risas. Y es que no le gustan los juguetes, no pasa pidiendo caricias ni anda buscando que lo chineen. Prefiere dormir solo, llevar una rutina casi exacta todos los días y salir a recorrer el barrio como si fuera el jefe de la cuadra.
Eso sí, tiene una debilidad imposible de esconder: las barbas. “Cuando llega mi esposo a la casa se le sube al pecho y empieza a restregarse en la barba. Le fascinan las barbas”, contó la mamá humana.
LEA MÁS: El gato que se niega a rendirse: Yodi, el “niño especial” que cambió la vida de su mamá humana
Quien también logró conquistar el corazón del felino fue Isaac, el hijo de la familia, que está por cumplir dos años.
Cuando Priscilla estaba embarazada, Viernes apenas se acercaba a la pancita. Sin embargo, todo cambió cuando el pequeño empezó a caminar. “Isaac le jala los bigotes, la cola, los pelitos, lo abraza, le da besos... y Viernes se deja hacer de todo. Tiene una paciencia increíble con él”, reconoció.
Las caminatas familiares también tienen un integrante muy particular. Cada vez que Priscilla sale a caminar con Isaac, el gato los acompaña como si fuera un perro.
“Va con nosotros y cuando regresamos vuelve con nosotros. Una vez hasta se metió a la casa de una vecina donde estábamos tomando café y esperó tranquilo hasta que nos devolvimos”.
Su rutina es casi de reloj suizo
A las once de la mañana sale un rato, al atardecer vuelve a comer, después recorre los techos del barrio, toma el sol con otros gatos y en la noche regresa nuevamente a la casa.
LEA MÁS: Baldomero de Jesús, el gato callejero que llegó golpeado y hoy es el rey de una familia herediana
“No necesita hacer piruetas para ser especial. No juega, no hace gracias, no busca llamar la atención. Simplemente llegó, creo, cuando más lo necesitábamos. Lo queremos mucho y sí es el chineado de la casa”, asegura doña Priscilla.
La mamá humana aprendió a amarlo tal cual es, aunque parezca un perro en sus actitudes.
“No es un gato que se muera por una caricia, tampoco de los que sienten si alguien está enfermo o triste. No. Él no. Viernes solo duerme, come, sale a ratos y vuelve a dormir. Ya nos acostumbramos y así se ganó un espacio en nuestro hogar”, concluye.
Día Internacional del Gato
Justo este 8 de agosto es el Día Internacional del Gato, declarado por Fondo Internacional para el Bienestar Animal.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) confirma que en hogares costarricenses hay 469.021 gatos: 320.735 en zonas urbanas y 148.286 en zonas rurales.
Pero ese no es el gran total de gatos en el país, esos solo son los que sí tienen casa. Hay en Costa Rica 775.693 gatos con y sin hogar.
En donde más hay gatos en es la región central que incluye parte importante de San José, Alajuela, Heredia y Cartago, en total, hay 453.780 gatos. La otra región con más gatos es la Huetar Caribe con 75.242.





