Lo que para muchos suena a película de ciencia ficción, para el arquitecto costarricense Alejandro Sáenz es parte de su realidad desde hace más de tres décadas.
Este experto en el fenómeno extraterrestre, de 55 años, asegura haber tenido varios contactos cercanos del tercer tipo que, según dice, le dejaron un mensaje profundo para la humanidad.
Todo comenzó en los años noventa, a bordo de un autobús con rumbo a Barva de Heredia. Sáenz relata que, en aquel entonces, una experiencia inexplicable marcó un antes y un después en su percepción del universo, transformando su curiosidad en una disciplina de estudio que mantiene hasta el día de hoy.
El encuentro que lo cambió todo
Alejandro cuenta que meses antes había soñado con un hombre alto y robusto que le revelaba ser un extraterrestre. El impacto fue mayor cuando, tiempo después, asegura haberlo visto en la vida real.
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“Me monté en el autobús de Barva, idéntico al del sueño, y vi a la persona. Pensé que me estaba volviendo loco”, recordó. Se sentó detrás del sujeto y, según su testimonio, ocurrió lo inesperado.
“Él se volvió y me dijo: ‘Yo soy a quien usted ha estado esperando’. La comunicación no fue con movimiento de labios, sino mental; en ese momento me invadió la calma”, relató el arquitecto.
El supuesto visitante afirmó hacerse pasar por un biólogo danés llamado Joel Nielsen y aseguró que su especie ha trabajado con la humanidad desde hace mucho tiempo.
Desde Barva de Heredia
Intrigado, Sáenz reunió a otros aficionados al tema, entonces compañeros de la universidad, y meses después acudieron a una cita en las montañas de Sacramento de Barva. Tres personas llegaron aquella mañana.
“Faltando diez minutos para las 12 del mediodía, apareció un objeto brillante a unos 80 metros. Era enorme y flotaba. Sentíamos miedo, pero también mucha curiosidad”. Tiempo después, asegura, el objeto volvió a aparecer, esta vez posado en tierra.
“Pudimos ingresar a la nave. Por dentro era de un aspecto cristalino y fragmentado; las paredes eran metálicas y la luz parecía brotar de ellas. El mismo ser que vi en el autobús me estaba esperando, pero esta vez vestía un traje con un rombo amarillo en el pecho”.
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Según cuenta, de un momento a otro, del bosque comenzaron a salir varios seres de aproximadamente 1,50 metros de estatura, vestidos de rojo, quienes aparentemente realizaban labores científicas en la Tierra.
Los cuatro principios del rombo
Sin embargo, lo que más marcó a Alejandro no fue la estructura de la nave, sino el mensaje que asegura haber recibido de estos visitantes.
El rombo amarillo en el pecho representa los cuatro pilares de su civilización. “Ellos me dijeron que la humanidad no ha logrado cruzar el puente tecnológico sin autodestruirse porque ha olvidado estos principios”, afirmó Sáenz.
El primer nivel del rombo es la virtud. “Me explicaron que una sociedad debe sostener valores éticos reales: respeto por la vida, honestidad y equilibrio con la naturaleza. Sin virtud, todo lo demás se cae”.
El segundo nivel es la sabiduría. “No se trata solo de conocimiento, sino de saber aplicar lo aprendido para el bien común. Ellos dicen que la tecnología sin sabiduría es peligrosa”.
Luego viene el sentido de la vida. “Cuando una civilización une virtud y sabiduría, automáticamente encuentra propósito. La gente vive con dirección, no en el caos”.
En la parte superior del rombo se encuentra la trascendencia, que, según Sáenz, es la meta final. “Ellos hablan de evolucionar la conciencia y conectar con la fuente creadora. Para ellos es el mismo Dios, pero dicen que la humanidad lo ha distorsionado”.
Un mensaje para la Tierra
El arquitecto asegura que estos seres habitan en una luna del sistema estelar más cercano al nuestro, Alfa Centauri, e indica que incluso lo instaron a investigar conocimientos ancestrales en comunidades indígenas de Talamanca.
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“Nos dijeron que, antes de mirar hacia otros planetas, debíamos aprender de quienes viven en equilibrio con la naturaleza aquí en la Tierra. Fueron claros al señalar que ese equilibrio lo mantienen desde hace siglos los pueblos indígenas bribris y cabécares”, explicó.
Hoy, Sáenz trabaja en el libro gratuito Un escalón al paraíso, el cual pronto estará disponible para el público. No lo puede vender, una condición que, según dice, le advirtió el visitante.
“Si cobramos un cinco, se pierde toda relación con ellos”, sentenció Sáenz. Mientras tanto, el arquitecto sigue firme en su relato.
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“Yo sé que muchos dudan, pero lo que vivimos fue real. Si la humanidad entendiera esos cuatro principios, otro sería nuestro futuro”, concluye el arquitecto.






