Doña Dulce María perdió la movilidad de sus piernas hace 17 años, luego de una cirugía de corazón pero este miércoles pudo “volar” gracias a una iniciativa del escultor mexicano Jorge Marín.
La señora fue la primera en posar en la rampa del parque Morazán donde estarán de manera permanente unas gigantes alas de bronce. La invitación la recibió de parte de la oficina de accesibilidad de la Municipalidad de San José.
“Yo había entendido que iba a probar una rampa, así que cuando me pidieron subir y dijeron que era la primera fue muy emocionante”, comentó doña Dulce.
Esas emociones son las que el artista quiere provocar en la gente, como ya pasa con la obra igual que tiene en la Ciudad de México, Tel-Aviv (Israel), Berlín (Alemania), Singapur, Quebec (Canadá), Nagoya (Japón) y las ciudades gringas de San Antonio y Los Ángeles.
La Muni estudió varios lugares y al final decidió que la alas compartieran espacio con el Templo de la Música en el Morazán, lugar que le dio la bienvenida con la participación de la Banda Municipal de San José y bajo la mirada curiosa de estudiantes de la Escuela Buenaventura Corrales.
Los alumnos de esta institución tuvieron la oportunidad de recibir una pequeña clase antes de la inauguración de la obra con el propio artista y hasta hicieron su propia versión de las alas en plastilina.
Uno de los que tuvo la oportunidad de mostrar su obra a quien fue maestro de artes plásticas por un día fue Sebastián Salas, alumno de tercer año que llegó con su mamá para llevarse un recuerdo del día y la felicitación del escultor. “Me inspiré en una foto que vi en una pantalla de la escuela”, contó Sebastián, que desea ser futbolista. Quizás llegue a ser un artista del balón.
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Regalo especial
Desde este miércoles, la capital se convirtió en la segunda ciudad de América Latina en contar con esta obra, un regalo del escultor y del Gobierno de la Ciudad de México a la capital de Costa Rica, que estará a cargo de su mantenimiento y cuidado.
El artista conversó con La Teja y explicó que la obra nació inspirada en la vida diaria de las personas, en la figura humana. “Busqué una manera en la que nos comunicáramos mucho mejor todos y fue así que encontré una obra interactiva que nos hermanaba”, explicó.
Las alas se construyeron en la Ciudad de México, en el taller del artista. "Se hace con bronce porque es un material que se oxida al estar a la intemperie y esto hace que en cada ciudad tome una coloración muy particular, es decir, esa ciudad del mundo se ha hecho parte de México y México se comparte con ese país”, explicó.
La rampa que le hicieron tiene un sentido: que la gente se acerque sin peligro, que la obra no se dañe y que puedan tomarse su foto incluso quienes usan bastones o sillas de ruedas.
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