“El baloncesto me sacó de la depresión”, dice Shirley Mora, una mujer de 41 años que perdió una pierna en un accidente de tránsito y que hoy volvió a competir gracias al deporte de los aros, en silla de ruedas.
El deporte le devolvió la fuerza para seguir adelante y representar a Puntarenas en los Juegos Deportivos Nacionales Limón 2026.
La vida de Shirley cambió para siempre el 24 de diciembre del 2016, cuando un accidente de tránsito le provocó la amputación de su pierna por encima de la rodilla izquierda.
Recomenzar de cero
En ese momento no solo tuvo que aprender a caminar con prótesis, también tuvo que reorganizar su vida como madre, trabajadora y sostén de hogar.
“Te cambia la vida totalmente, el trabajo, los hijos, la estabilidad económica, todo”, contó.
Madre de tres hijos de 15, 17 y 21 años, Shirley tuvo que seguir adelante mientras enfrentaba cirugías, hospitalizaciones y un proceso emocional que con el tiempo la hizo caer en depresión.
El baloncesto apareció cuando menos lo esperaba, a través de un mensaje que la invitaba a probar un deporte que no conocía y que jamás imaginó practicar.
“Yo nunca me vi compitiendo con hombres, es un deporte de choque, de riesgo, y uno se queda con ese estigma”, confesó Mora.
Aquel primer día
Aun así, decidió intentarlo y desde que “probó” una silla de ruedas deportiva sintió algo distinto.
“Desde que me senté y di la primera vuelta, sentí la adrenalina, la felicidad, las ganas de seguir entrenando”, relató.
No fue fácil. Hubo golpes, lesiones, manos llenas de ampollas y momentos en los que pensó en no volver.
“Yo caí al hospital, tomé pastillas y decía: ‘yo ya no vuelvo’”, recordó, aunque siempre terminaba regresando.
Con apenas ocho meses practicando el deporte, Shirley forma parte del equipo que representa a Puntarenas en los Juegos Nacionales, pese a que vive en Heredia.
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Bien pulseadora
Divide su tiempo entre entrenamientos, viajes, su casa y varios emprendimientos con los que sostiene a su familia.
“Yo le hago a la costura, hago repostería, cuido pacientes, es ir resolviendo el día a día”.
El apoyo familiar ha sido clave. Para poder competir en Limón 2026, envió a sus dos hijos menores a casa de su madre en San Carlos.
“Para venirme con tranquilidad y no estar pensando”, argumenta. Sus hijos reaccionaron con sorpresa cuando supieron que jugaría baloncesto.
“El mayor me dijo: ‘mamá, ¿estás loca?’; el del medio me dijo, ‘inténtelo’; y el chiquitillo me dijo que no me faltaba un tornillo, que me faltaba la ferretería entera”, recuerda entre risas.
Fuerzas y esperanza
Más allá de las bromas, Shirley asegura que el deporte fue lo que la sacó del hueco emocional en el que estaba.
“El baloncesto me ayudó a salir de mi cuadro depresivo porque me desconecta, me da esperanza y me da fuerza”, afirmó.
Competir contra jugadores con 25 o 30 años de experiencia no la intimidó, al contrario, la impulsó a seguir.
“Yo sé que no puedo comparar ocho meses con 25 años, pero en algún momento diré: ‘¡sí, se logró!’”.
Hoy, Shirley no habla de su amputación como una derrota.
“Ha sido una muy buena mala experiencia”, aseguró, porque le enseñó a valorar cada momento y a demostrar que puede hacer lo mismo que cualquier otra persona.
En la cancha encontró una familia que va más allá de colores y resultados. “Para mí esto no es de equipos, es de familia”.
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Aunque su equipo perdió en su debut, Shirley lo tiene claro.
“El simple hecho de estar participando en Juegos Nacionales y estar compitiendo ya lo significa todo, porque lo que más agradezco es estar viva”, afirmó, convencida de que su historia, más que inspirar, demuestra que siempre se puede volver a empezar.