Franklin Arroyo, Karen Fernández.16 mayo

La otra cara de la moneda en el desmadre de los cilindros son los dueños de bares, restaurantes, cafeterías y sodas que quieran seguir ganándose la vida con su negocito pues deberán tocarse el bolsillo para enfrentar los nuevos requisitos.

Y a como está la cosa de dura con la platica, eso implica un duro golpe.

La soda y cafetería La Florida sacó los cilindros fuera del negocio como parte de los requisitos. Fotos Melissa Fernández
La soda y cafetería La Florida sacó los cilindros fuera del negocio como parte de los requisitos. Fotos Melissa Fernández

Algunas municipalidades y el Ministerio de Salud obligaron los obligaron a ponerse en cintura con este tema porque si no no les renovaban las patentes o los permisos. El que no quería o lo más común, no podía, se quedaba sin abrir el negocio.

Según el reglamento, los cilindros deben estar fuera de la cocina, en un encierro de cemento y con una tubería que transporte el gas, con válvulas de medición, entre otras especificaciones.

Wálter Chacón, dueño del bar El Para en Coronado debió meter cerca de ocho tejitas y media para poder mantener el establecimiento abierto, pero al menos ya está con todas las de la ley.

Don Wálter debió instalar el cilindro de 100 libras fuera del local y comprar la tubería para poder llevar el gas hasta la cocina. Ancló el cilindro y le puso una especie de malla y aún así se lo robaron al mes. Ese cilindro cuesta cien rojitos.

Esta tubería amarilla lleva el gas del encierro (abajo en rojo y amarillo) donde está el cilindro hasta el bar El Pará, ubicado dos negocios después. Fotos Melissa Fernández
Esta tubería amarilla lleva el gas del encierro (abajo en rojo y amarillo) donde está el cilindro hasta el bar El Pará, ubicado dos negocios después. Fotos Melissa Fernández

“Tuve que contratar ingenieros por aparte para que me dieran una certificación, es una gran inversión y la cosa no da para tanto, pero hay que hacerlo”, dijo.

También debió pasar de dos a cinco extintores.

En la soda y cafetería La Florida, en Tibás, quien alquila el lugar dijo que para él todo el tema del gas fue una pesadilla.

“Me tuvieron cerrado 22 días. Yo hice lo arreglos en cinco días pero ellos (inspectores de la muni) no llegaban y no podía abrir. Igual tenía que pagar el alquiler del local (cerrado), el alquiler donde vivo y la inversión. Al mes de poner los cilindros de cien libras, me los robaron y uno estaba lleno. Son ¢250.000 solo en el robo”, explicó el comerciante, quien prefirió no dar su nombre.

Al final, debió ponerle doble candado a los cilindros. “Esa pesadilla del gas me costó como tres millones y medio de colones. Ni me quiero acordar”.

Esa es la realidad de los comerciantes, que también la pulsean.