Franklin Arroyo.24 marzo

En estos tiempos de aislamiento, donde las parejas deben pasar más tiempo juntas y en muchos casos con hijos en la casa, preguntamos al 9-1-1 si subieron los casos de violencia doméstica.

Sin embargo, los registros de la última semana, donde el confinamiento ha sido más estricto con respecto al mismo periodo del año anterior y con respecto a las semanas previas muestran un comportamiento similar.

Foto: Shutterstock.com
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La semana del 2 al 8 de marzo cuando no hubo aislamiento, pero se reportó el primer caso positivo de COVID-19 (6 de marzo) se registraron 2.215 llamadas de violencia doméstica al 9-1-1.

A la semana siguiente, con un primer llamado al confinamiento hubo una baja a 1.942 casos y en la semana que va del 16 al 22 de marzo volvió a repuntar a 2.094.

Ese comportamiento, con picos hacia arriba y hacia abajo, los expertos los consideran normales pues no son significativos.

“Es un momento para el perdón, la tolerancia, el diálogo, para que la mujer le diga al hombre esto es lo que sucede cuando vos te vas a trabajar”, Pedro Beirute, abogado familiar.

Si comparamos enero, febrero y hasta el 22 de marzo de este y del año pasado, hubo un incremento de siete llamadas más en el 2020 que en el 2019.

Marcela Arroyave, especialista en violencia del Inamu, dice que no es que las agresiones hayan cesado, sino que lo que sucede es que cuando el agresor está en la casa, la mujer tiene más dificultades para llamar o poner mensajes.

“Cuando el hombre sale a trabajar, la mujer sale sin control y puede poner la denuncia, o hacer una llamada sin problema. Es una tendencia que hemos visto cuando hay cierres colectivos como en diciembre, por ejemplo. En enero hay oleadas con las denuncias”, manifestó.

Sin embargo, para el abogado de familia Pedro Beirute, la explicación es diferente.

“La pareja ha tenido tiempo de interactuar más y se dan discusiones normales, que antes no ocurrían por el distanciamiento. Cuando uno de los dos no está, al momento en que llega el otro se da la explosión de quejas y muchas veces los hijos ven al papá como un ogro que les va a pegar”.

Beirute añade que muchas llamada al 9-1-1 no son precisamente una emergencia, sino por insultos, ofensas y todo el maltrato sicológico y mental, pero no necesariamente por violencia física.

“Esos números reflejan que existe violencia familiar, pero no es de la magnitud que señala Inamu. La mujer si se siente agredida, ¿usted cree que no va a llamar? o los hijos más grandecitos, no es por eso”, dijo.