En Río Jiménez de Guácimo, en Limón, hay una joven que respira música. Se llama Betsabeth Morán Delgado, tiene apenas 16 años, pero cuando habla de instrumentos, partituras y escenarios, lo hace con la seguridad de quien encontró muy temprano el amor de su vida: la música.
Desde pequeña, Betsabeth sentía que algo especial ocurría cada vez que escuchaba un instrumento. En la casa tenía una flauta dulce que no soltaba y que pasaba tocando a todas horas.
Hubo un momento que le marcó el camino.
“Yo tengo un primo que toca saxofón y me encantaba escucharlo. Desde ahí me enamoré de ese instrumento”, recuerda la joven limonense.
A los siete años, su mamá, Jessica Delgado, decidió inscribirla en el SINEM de Guácimo. Aquella decisión cambiaría su vida para siempre.
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Música y disciplina
Aunque el saxofón fue su primer amor, al inicio no había instrumentos disponibles en el SINEM. Entonces apareció el clarinete, que era lo único libre.
Lejos de desanimarse, Betsabeth lo tomó entre sus manos y descubrió otro mundo.
“Me lo presentaron en el SINEM porque no había saxofones y quedé encantada. Estuve con clarinete tres años”, cuenta.
Desde entonces, la música se volvió parte de su rutina diaria. Los lunes tenía, en Limón centro, clases de instrumento antes de ir a la escuela y luego debía regresar a Río Jiménez para cumplir con sus clases académicas.
No siempre ha sido fácil equilibrar ambas cosas, pero lo ha logrado con disciplina.
“Me apasiona demasiado la música, la amo. Nunca me ha afectado en lo académico. Ir a clases de música es una alegría total para mí”, afirma con orgullo. De hecho, Betsabeth es alumna de honor en el colegio.
El regalo que nunca olvidará
El amor por el saxofón se hizo aún más fuerte cuando recibió un regalo que jamás esperaba. En diciembre del 2019, su abuelo materno, Jaime Rojas, le regaló uno y explotó de alegría.
“La verdad me agarró por sorpresa. No me esperaba un regalo tan bueno. Me puse demasiado feliz y de inmediato quise tocarlo”, recuerda.
En ese momento tenía apenas 10 años y el instrumento le quedaba grande, pero ni pensó en eso. Con el tiempo aprendió a dominarlo y hoy también toca saxofón tenor, clarinete, clarinete requinto y hasta clarinete bajo, que aprendió recientemente para una presentación especial.
La música abre puertas
Betsabeth comenzó su formación en el SINEM de Guácimo, pero desde hace tres años continúa su proceso en el de Pococí.
Además, todos los sábados se levanta a las 4 de la mañana para viajar a Limón centro y asistir al preuniversitario de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica, sede Caribe. El esfuerzo ha valido la pena.
Gracias a su talento musical ha obtenido becas y oportunidades que han sorprendido, incluso, a su familia.
El pasado 9 de febrero fue invitada a participar en la inauguración de unas capacitaciones nacionales, donde estuvo a cargo del acto cultural y tocó tanto clarinete como saxofón frente a autoridades del país, como el propio ministro de Educación.
“Ese día el país la vio. Nosotros no sabíamos el nivel que era”, recuerda su mamá con emoción.
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Una experiencia inolvidable
Betsabeth se preparó con todo para una de las experiencias más importantes de su vida: tocó por primera vez en el Teatro Nacional.
La joven participó en un encuentro musical con otras mujeres jóvenes de distintos países, en el que interpretaron obras compuestas exclusivamente por mujeres.
“Eso me encantó. Se tocaron piezas de varios países, como Fantasía de Puntarenas, una parrandera de Guanacaste y Sal de Sales, que es de Chile”, explica.
Fue su primera vez tocando en el Teatro Nacional. “Cuando toco con orquesta me siento muy bien y no me dan nervios; siempre hay, pero poquitos”, dice con una sonrisa.
La música como camino
Para su mamá, la música ha sido mucho más que un pasatiempo. Ha sido una guía.
“Es muy importante que ellos, los niños y jóvenes, tengan algo que hacer. La música los enfoca. Uno ve jóvenes muy jóvenes ya con hijos o en malos pasos, pero mi hija pasa ocupada entre estudios y música”, cuenta doña Jessica.
Betsabeth también ha influido en su hermano menor, Mateo, de 9 años, quien ya toca piano y batería.
Sueños que suenan fuerte
Hoy la joven cursa el quinto año en el Liceo Experimental Bilingüe de Río Jiménez y tiene muy claro su futuro. Quiere estudiar música a nivel universitario.
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“Me gustaría seguir creciendo en la música, salir del país a tocar con otras orquestas y ojalá algún día tocar con la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica”, dice.







