El costarricense Jerry García nunca imaginó que aquel muchacho que recorría en bicicleta las calles del barrio La Victoria de Río Frío, en Sarapiquí, para vender plátanos y limones terminaría ayudando a salvar vidas en Estados Unidos.
A sus 29 años, es bombero en Trenton, Nueva Jersey, donde encontró una vocación que le llena el corazón: ayudar a los demás.
“Me vine de Costa Rica a los 14 años, pero desde pequeño me tocaba pulsearla. Vivía frente a Alimentos Don Mariano y pedía plátanos para venderlos en las verdulerías. También tenía palos de limón detrás de la casa, entonces agarraba los limoncillos y los llevaba a vender.
“Me daba vergüenza pasar frente a la escuela porque los carajillos se burlaban de mí. Yo iba en la bicicleta cargada de racimos de plátanos y limones. A esa edad, dan vergüenza esas cosas. Ahora entiendo que desde entonces estaba aprendiendo a trabajar, a esforzarme y a buscar cómo salir adelante”, nos contó.
En 2012, se fue con su papá a Estados Unidos. El cambio fue enorme: llegó sin saber inglés y tuvo que comenzar de cero en un país desconocido.
“Llegué en febrero y hacía demasiado frío. Los primeros años fueron muy duros porque no tenía amigos y sufría bullying en el colegio. Éramos un grupo de latinos que no sabíamos inglés y nos llamaban los niños raros. En la cafetería nos tiraban comida, cajas de leche, papeles y lápices.
“Me tomó tiempo aprender el idioma, conocer gente y empezar a sentirme parte de aquel lugar. Pero uno tiene que seguir, aunque al principio no entienda nada de lo que está pasando”.
El camino hacia los bomberos
Jerry aprendió construcción junto con su tata y también estudió en la universidad. Sin embargo, las dificultades económicas lo obligaron a replantearse su futuro. Mientras estudiaba, trabajaba de noche en una gasolinera para ayudar con la plata.
“Mi papá y yo estábamos muy mal económicamente. No teníamos dónde vivir y alquilábamos dos cuartos. Yo estudiaba, pagaba mis cosas y trataba de ayudarlo. Se me estaba haciendo demasiado duro y sentía que necesitaba buscar otra salida.
”Una madrugada, mientras trabajaba en la gasolinera, llegó un hombre uniformado del Ejército. Nos pusimos a hablar y me hizo pensar en mi futuro. Decidí entrar al Ejército porque necesitaba encontrar un rumbo y construir una vida mejor”, recordó.
Una conversación inesperada lo acercó a su vocación actual. “Un día llevaba mi perro y se orinó en el asiento del carro, fui donde un bombero para que me ayudara a limpiarlo. Empezamos a conversar y me habló de lo que significaba ese trabajo.
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”Me explicó que uno podía sentir que estaba haciendo una diferencia en la vida de otra persona. Yo pensé: ‘Pucha, solo tengo una vida y necesito hacer algo que me llene el corazón’. Apliqué y el proceso duró tres años. Otras oportunidades se fueron cerrando ante la espera de un espacio como bombero, ya que sentía que ese era mi camino”, explica con gran emoción.
Entrar al fuego para ayudar
Jerry se incorporó al Departamento de Bomberos de Trenton hace tres años y tuvo que acostumbrarse a turnos de 24 horas y a una gran cantidad de emergencias, incluso en los inviernos más duros.
“Los primeros meses fueron durísimos. En invierno podíamos entrar a una casa con la manguera, salir completamente empapados y encontrar otro incendio poco después. A veces tenía que volver a ponerme el equipo mojado, que con el frío se ponía duro por el hielo.
“Se tiene que aprender rapidísimo todo porque hay vidas dependiendo de lo que uno haga. Con el tiempo fui adquiriendo experiencia y aprendiendo de mis compañeros”, reconoció.
Actualmente, Jerry es operador de uno de los vehículos de bomberos y ya se prepara para presentar el examen que podría acercarlo a su siguiente meta: convertirse en capitán.
“Lo que más le llena es saber que puede ayudar a alguien. Hace poco atendió a una señora que no podía caminar y estaba en un lugar lleno de fuego. Poder ayudarla me dio una alegría enorme”, comentó.
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“Sé lo que es pasar momentos difíciles, sentirse perdido y tener que buscar una salida. Por eso quiero que mi historia también les sirva a otras personas.
“Mi sueño es llegar a ser capitán, aprender más y tener la oportunidad de hacer un impacto todavía mayor. Si uno puede abrirle el camino a alguien más o ayudarle a salir de una situación difícil, ya está haciendo algo importante”, dijo con orgullo.





