Desde que Lidier Guzmán y Jeudrin Ali Marchena salieron de Costa Rica el pasado 30 de marzo, sabían que les esperaba una aventura enorme hasta llegar a Alaska.
Lo que no imaginaban era que el viaje también les exigiría superar miedos, dudas, desperfectos mecánicos y momentos de nostalgia que por instantes les hicieron preguntarse si realmente valía la pena seguir adelante.
Hoy, después de atravesar Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá, los dos ticos ya ruedan por Alaska, uno de los destinos más soñados por quienes aman el mundo del 4x4, los campamentos y la exploración.
LEA MÁS: “Conociendo mi país” se sumerge en el Caribe: aventuras, playas y una fauna que enamora
Lidier, liberiano de la pura cepa, de 30 años y vecino de San Ramón, conduce una Toyota Tacoma 2023. Jeudrin, santacruceño de 32 años, quien actualmente vive en Heredia, viaja en un Isuzu D-Max 2023. Ambos son ingenieros en sistemas y amigos unidos por una pasión que comenzó entre rutas, montañas y noches acampando.
Sueño como una misión imposible
La aventura empezó con una meta clara: llegar al extremo norte del continente.
“Cuando empezamos en el mundo del 4x4, siempre escuchábamos hablar de dos lugares: Alaska y Ushuaia, en Argentina. Son como los dos extremos de América. Uno siempre piensa en llegar algún día y, poco a poco, el sueño fue tomando forma.
“También nos inspiró mucho la película Into the Wild. Queremos conocer los lugares donde estuvo el protagonista y llegar hasta el famoso autobús que hizo conocida esa historia”, contó Lidier.
LEA MÁS: Cartaga y josefino viajan de San José a Alaska en un recorrido de 13 mil kilómetros bien “pura vida”
La travesía no nació de grandes presupuestos ni de lujos. De hecho, ambos continuaron trabajando normalmente mientras ahorraban lo que podían.
“No se necesita ser millonario para cumplir un sueño. Nosotros seguimos trabajando de ocho a cinco. Con lo que quedaba de las quincenas íbamos pagando gasolina, preparando los carros y organizando el viaje.
“Tenemos patrocinadores que nos ayudaron con productos, pero esto se hizo principalmente con esfuerzo y mucha planificación”, explicó.
Lo más difícil
Sin dudarlo mucho, confirman que México fue el país que más los puso a prueba. Semanas antes de salir ocurrieron hechos violentos muy sonados allá y eso aumentó la incertidumbre.
“El miedo más grande era México. Cuando llegamos nos dio mal de patria. Mentalmente nos bajamos muchísimo. Pensábamos en nuestras familias y en si realmente valía la pena continuar. Había días en que uno se sentía agotado y hasta dudaba del viaje. Pero nos fortalecimos entre nosotros y seguimos adelante”, recordó Jeudrin.
A los desafíos emocionales se sumaron problemas mecánicos. “En Baja California se nos zafó una llanta por un problema con un tornillo. Ahí sentimos que el viaje se había terminado.
“Estábamos en un lugar lejano llamado La Soledad y por momentos creímos que no íbamos a llegar a Alaska. Nos tocó convertirnos en mecánicos y resolver sobre la marcha”, dijo.
LEA MÁS: Paseos de un día por ¢2 mil, en Conociendo mi país le mostramos opciones para todos los gusto
Lágrimas en la meta
Las recompensas también llegaron. Jeudrin celebró su cumpleaños en Canadá gracias a una familia costarricense de Orotina que vive en Whitehorse, Yukon, y que les abrió las puertas de su hogar.
“Eso llena el corazón. Uno está lejos de casa y de repente encuentra gente que lo recibe como familia. Nos celebraron el cumpleaños y nos hicieron sentir en Costa Rica otra vez”, recordó.
La emoción alcanzó su punto más alto al cruzar finalmente a Alaska. “Cuando llegamos fue una descarga de emociones. Después de todo lo vivido, de las dudas, los problemas y el cansancio, llegamos y hasta lloramos.
“Ahí uno entiende que salir de la zona de confort sí vale la pena porque el camino le enseña cosas que jamás aprendería quedándose en casa.
“Ahora la meta es llegar hasta el famoso rótulo del círculo polar ártico, a unos 300 kilómetros de Fairbanks, antes de iniciar el regreso hacia Costa Rica”, explica Jeudrin.
Mientras avanzan por carreteras donde prácticamente nunca oscurece, Lidier lleva consigo un rosario regalado por una sobrina y el recuerdo de una promesa muy especial.
LEA MÁS: Guanacaste suma una nueva conexión aérea con Estados Unidos
“Mi abuelita Gabina tiene 100 años. Antes de salir me dijo que me iba a esperar para verme regresar. Esa ha sido una de las motivaciones más grandes durante todo este viaje”.














