Mientras millones de católicos observaban al papa León XIV recibir saludos y regalos de distintas partes del mundo, pocos sabían que el chorreador costarricense que sostuvo entre sus manos era el resultado del trabajo de seis ticos que, sin proponérselo, terminaron representando al país en uno de los lugares más importantes para la fe católica.
La historia comenzó con el periodista costarricense Jovel Álvarez, quien buscaba un detalle especial para entregarle al Pontífice. Quería algo que hablara de Costa Rica y que reflejara una de las tradiciones más arraigadas en los hogares nacionales: tomar café chorreado.
“Mi mamá tenía un puesto en las ferias del agricultor y ahí conoció el café que llevé (el cual hace una emprendedora alajuelense, Guisselle Meléndez. Vea la nota de ella AQUÍ).
“Cuando surgió la oportunidad de llevarle un regalo al papa pensé en algo muy nuestro. Pregunté en el chat de la familia y recordé que mis primas Vanessa y Andrea Chacón tenían este chorreador. Me pareció el regalo perfecto”, contó.
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El encuentro con el papa fue el pasado fin de semana. Jovel pensó que tendría que explicarle al santo padre cómo funcionaba el chorreador. Sin embargo, ocurrió algo inesperado.
“Me sorprendió porque yo le iba a explicar cómo se usaba, pero su expresión cuando ya lo tuvo en su mano fue de absoluto conocimiento de lo que era. Evidentemente lo conocía. Ahora el papa tiene su propio chorreador de Costa Rica”, explicó.
Una colaboración entre tradición y diseño
El chorreador nació gracias a una colaboración entre el emprendimiento costarricense El Canto, especializado en rescatar la tradición de la pintura de carretas en prendas y accesorios, la empresa PLINC y el artesano sarchiseño Luis Madrigal.
Vanessa Chacón, cofundadora de El Canto, junto a su hermana Andrea, explicó que el proyecto busca mantener vivas expresiones culturales profundamente ligadas a la identidad nacional.
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“Este es el resultado de una colaboración entre diseñadores, artesanos y empresarios que han dedicado años a investigar y desarrollar productos para enaltecer las raíces costarricenses a través de la pintura de carretas, la cultura del café y el trabajo hecho a mano en Costa Rica”, comentó Vanessa.
Para ella, ver el chorreador en manos del papa fue una experiencia difícil de describir.
“El papa lo tuvo en sus manos. Uno se queda sin palabras. Es una mezcla de shock y alegría. También es muy emocionante saber cuántas manos pasaron por este producto antes de llegar hasta él. Se convierte en una especie de bandera de Costa Rica”, aseguró.
El orgullo de un artesano de Sarchí
Uno de los que puso su talento en el chorreador fue Luis Madrigal, artesano de Sarchí con cuatro décadas dedicadas a la pintura tradicional de carretas.
Su trabajo consistió en decorar el chorreador con ornamentos inspirados en la carreta típica costarricense, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
“Cuando me di cuenta de que había llegado al papa, imagínese lo que sentí. Fue una emoción enorme. Como católico es un honor muy grande que una obra hecha por uno esté en manos tan importantes”, afirmó.
Madrigal considera que el regalo reúne dos elementos fundamentales para entender la historia del país.
“Costa Rica creció gracias al café y a la carreta. Son dos símbolos fundamentales. Por eso me parece tan significativo que ese mensaje llegara hasta el Vaticano”, comentó.
Un chorreador pensado para durar años
La base del regalo fue creada por los hermanos Jorge y Mario León, fundadores de PLINC, un emprendimiento especializado en la fabricación de chorreadores modernos.
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“Este diseño nació con la idea de modernizar el chorreador tradicional costarricense sin perder su esencia. Lo hicimos más práctico, ajustable y fácil de usar, pero manteniendo la tradición que representa”, explicaron.
El resultado final fue una pieza que combina diseño contemporáneo, tradición cafetalera y arte popular costarricense.
Gracias a esa unión de esfuerzos, seis costarricenses lograron que un objeto cargado de historia, identidad y orgullo nacional llegara hasta las manos del papa León XIV, quien incluso demostró conocer perfectamente para qué sirve.
El chorreador se lo dio Jovel al papa con una bolsita de café escogido, tostado, molido y empacado por las propias manos de una alajuelense, Guisselle Meléndez y su marca “Café Nogal”.
Y si el mensaje de Jovel se cumple, cada vez que el santo padre vea ese chorreador, también recordará a Costa Rica.






