Para doña Lorena Girón Román la Navidad no llega en diciembre. En su casa, la magia comenzó el pasado primero de agosto, cuando sacó sus adornos, sus amadas villas y empezó a construir poco a poco el mundo que durante todo el año había imaginado.
Tiene 58 años de edad y vive en calle San José de Grecia. Hace unos diez años, se le ocurrió hacer una pequeña villa navideña.
Comenzó con apenas tres casitas y aquello que parecía una simple idea terminó convirtiéndose en una verdadera pasión.
“Una vez que se me dio la loquera de que ‘¡ay, qué lindo hacer una villas!’, empecé con tres casitas. Y ahí fui, fui y seguí”, cuenta entre risas.
Hoy calcula que tiene unas 600 casitas y cada una forma parte de una escena distinta.
“Yo me meto en el ambiente navideño. Pongámosle, mirá, voy a hacer aquí la zona de esquiar y aquí están los muñecos porque esos se emborracharon porque es como una cantina. También hice la playa. Entonces cada sección lleva como su estructura, como su temática”, explica.
Agosto es Navidad
Doña Lorena ya terminó de armar la gran villa de este año. También puso el árbol principal y solamente le quedan algunos detallitos. Comenzó el pasado 1 de agosto y recién terminó el 8 de setiembre.
Su familia ya sabe que cuando llega agosto, en aquella casa comienza la temporada navideña. Su mamá, incluso, le cuestiona que arranque a adornar tan temprano en el año, ya que no deja ni que llegue el Día de la Madre ni que pase el 15 de setiembre.
“Mi mamá me dice: ‘Lorena, ¿Qué obsesión suya con la Navidad?’, porque yo todo es comprar y comprar y comprar cosas”, cuenta.
Su hija Ana Lorena, quien hace diez años tenía 27 cuando comenzó esta aventura, también se contagió de la pasión de su mamá.
“Es como todo, se contagia. Me da una risa porque ella llega a la casa, ahora estoy armando la villa, bueno, ya la terminé, ya lo que me quedan son detallitos y me dice: ‘Mami, qué feo se ve eso ahí. No, eso ahí no’ y así. Ya corrige”, explica entre risas.
Un mundo para escaparse
Para Lorena, montar una villa navideña no es simplemente colocar adornos. Es meterse en otro ambiente, uno lleno de gran felicidad.
“Usted se mete como en un mundo, ¿me entiende? Yo deseo como estar ahí metida. Solo el que hace villas y el que es así como apasionado con la Navidad me entendería. Porque no es lo mismo que yo le diga a usted: ‘Ay, sí, la Navidad es muy bonita’. Solo uno porque yo me meto en serio y me ambiento”, dice.
Su amor por estas fechas también tiene una raíz más profunda. Desde niña le ha gustado la Navidad, pero reconoce que en los últimos diez años esa pasión ha crecido mientras alimentaba un sueño sencillo: vivir esas escenas de familia que tantas veces imaginó.
“Siempre he querido como... hay como sueños por dentro. Entonces, pongámosle, siempre me he inspirado como en eso, de la cena familiar y estar, digamos, en familia. Y entonces, como a veces no se ha podido, celebro cada vez que se puede”, afirma.
Alegría entre recuerdos dolorosos
Aunque ama cada detalle navideño, doña Lorena también reconoce que estas fechas tienen para ella una parte dolorosa. En su vida familiar existen recuerdos difíciles, entre ellos el accidente que sufrió una hermana.
Por eso vive una curiosa contradicción: disfruta enormemente construir su mundo navideño, pero cuando llegan el 24 y el 25 de diciembre, desea que pasen rápido.
“Me encanta todo lo de Navidad, pero para mí hay mucho dolor. De hecho, vieras que cuando es el 24 y el 25, yo deseo que termine ya. Es muy curioso, me encanta lo de Navidad, pero para mí es muy dolorosa”, confiesa.
Sin embargo, hay algo que la mantiene encendiendo luces, colocando casitas y creando escenas: “saber que su alegría también puede contagiar a los demás”.
“Pero bueno, por lo menos estos días se alegran todos los ambientes y la gente pasa alegre. Es muy curioso, la gente ya a mí me conoce por mis adornos navideños. ‘¿Ya empezó a decorar?’, me dicen”, cuenta.
Y mientras afuera todavía falta mucho para diciembre, en la casa de Lorena ya hay Navidad. Porque para ella no se trata solamente de adornar una casa: se trata de construir, casita por casita, un lugar donde la ilusión tenga siempre donde vivir. “Yo me pierdo de la felicidad en eso. Es mi mundo, mi alegría”.






