¡Qué angustia más grande es tener a los niños enfermos; eso le quita la paz a cualquiera!
Muchas veces los pequeños se contagian en la escuela o en la guardería de virus y sufren vómitos y diarrea. Aunque esos casos son frecuentes y muchas veces no pasan a más, cuando un niño está con esos males, corre el riesgo de deshidratarse.
Por eso, los especialistas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) piden a los papás estar muy “pellizcados” con ciertas señales físicas que los niños presentan y que, por ningún motivo, se deben pasar por alto.
¿Cómo saber si mi hijo está deshidratado?
Hay síntomas claros a los que hay que prestar atención. Por ejemplo, si usted nota que su hijo tiene los ojos hundidos o ve que llora sin lágrimas, hay que encender las alarmas.
También, revise bien si tiene la mucosa oral seca (la boquita por dentro) o si nota que la mollera o fontanela está hundida, sobre todo en los más pequeñitos.
¡Póngale mucho ojo a esta prueba! Los médicos utilizan el llamado signo de pliegue. Esto consiste en hacer un pellizquito suave en la pancita; si la piel se queda arrugada y no vuelve rápido a su lugar, nos está confirmando que el paciente se encuentra deshidratado.
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¿Qué hacer para levantarles la energía?
Si nota alguna de estas señales de deshidratación, hay que actuar rápido. La Caja cuenta con sobres de suero que se diluyen en agua y son buenísimos para estos casos.
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Tome nota de las cantidades exactas: en bebés menores de 2 años, debe darles al menos 2 a 3 onzas de suero de rehidratación oral después de cada deposición (cada vez que va al baño).
Si el niño tiene más de 2 años, la cantidad sube. Hay que darle por lo menos 6 a 8 onzas (casi un vaso completo) de estas sales de rehidratación para evitar que el cuadro empeore.
¡La prevención es el mejor remedio!
Las autoridades de salud nos recuerdan que evitar estos sustos está en nuestras manos. ¿Se acuerda de que, durante la pandemia, casi nadie sufrió enfermedades gastrointestinales? ¡Fue por el constante lavado de manos!
Además, es clave garantizar el consumo de agua potable. Si en su casa o en su comunidad no hay agua segura, la mejor recomendación es hervirla para que los niños no se contagien de ninguna bacteria.
Finalmente, un acto de amor y responsabilidad: si su chiquito amanece malo del estómago, no lo lleve a la guardería o al kínder. Estos lugares suelen ser la fuente principal de contagio, así que, dejando a su hijo en casa, cuidará de él y de todos sus amiguitos.


