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Perdió su empleo en Nicaragua, emigró a Costa Rica y hoy cumple “Mil sueños” con su negocio

Ligia Solano dejó Tipitapa junto a su esposo buscando un futuro para sus hijos y hoy tiene una tienda de ropa en el centro de San José

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Antes de que el ruido del centro de San José llene las aceras, la nicaragüense Ligia Solano León levanta la cortina metálica de su tienda, acomoda algunos bolsos y sube al pequeño taller donde las máquinas de coser esperan el inicio de otra jornada.

A veces, se queda unos segundos en silencio. Mira las mesas de trabajo, las telas acomodadas, las blusas terminadas y sonríe.

No puede evitar remontarse muchos años atrás, cuando cruzó la frontera desde Tipitapa, Nicaragua, con su esposo, Néstor Lechado, y sus hijos , Jeison y Gilia, buscando simplemente una mejor oportunidad.

“Todavía me cuesta creer que tenemos este emprendimiento. La primera máquina de coser la compré para arreglarme la ropa y la de la familia, jamás imaginé que un día iba a tener un negocio y un taller. A veces, me quedo viendo todo y digo: ‘¡Pucha!, ¿cómo logramos llegar hasta aquí?’“, cuenta emocionada mientras ve a su nieta Yoleidy, quien la acompaña en la tienda.

Ligia Solano León dejó Tipitapa, Nicaragua, con su esposo (Néstor Lechado) y sus hijos (Jeison y Gilia)  buscando una mejor oportunidad.
Ligia Solano llegó desde Tipitapa junto a su esposo con la ilusión de construir un mejor futuro para sus hijos. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

En Nicaragua, las cosas se pusieron cuesta arriba muy temprano. La necesidad económica la obligó a dejar los estudios y a empezar a trabajar desde joven en una zona franca, donde aprendió el oficio de la costura.

Más adelante, cuando quedó embarazada, perdió el empleo y volver a encontrar trabajo se convirtió en una misión casi imposible.

“Sentía que ya no me daban oportunidades. Fueron momentos muy difíciles. Uno piensa en los hijos y hace lo que sea para salir adelante. Ahí fue cuando mi esposo y yo decidimos venirnos para Costa Rica”, recuerda.

Los primeros meses estuvieron llenos de enormes dudas. No conocían a nadie y el dinero apenas alcanzaba para sobrevivir.

Mientras Ligia buscaba trabajo, su esposo también lo hacía y caminaba largas distancias porque muchas veces ni siquiera había plata para pagar el pasaje del bus.

“Siempre hemos sido un equipo. Él caminaba muchísimo buscando trabajo y cuando uno trabajaba, el otro estaba pendiente de los chiquillos. Nunca ha sido un esfuerzo de una sola persona. Todo lo que tenemos lo hemos construido juntos”, dice con orgullo.

Ligia Solano León dejó Tipitapa, Nicaragua, con su esposo (Néstor Lechado) y sus hijos (Jeison y Gilia)  buscando una mejor oportunidad.
La tienda, ubicada en el centro de San José, recibe clientes de diferentes partes del país. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

Con el tiempo encontró trabajo haciendo limpieza en casas y después volvió a trabajar en un taller, pero apareció un nuevo obstáculo: no tenía con quien dejar a sus hijos.

“Muchas veces me los llevaba al taller. Ellos crecieron entre máquinas de coser. Uno hace lo que tenga que hacer cuando quiere salir adelante”.

Como les ocurrió a miles de personas, Ligia perdió el empleo en 2020 por la pandemia. Sus hermanas también se quedaron sin trabajo y la incertidumbre volvió a tocar la puerta de la casa. En lugar de quedarse esperando, decidieron ponerse frente a las máquinas de coser.

“Empezamos a hacer mascarillas. Íbamos negocio por negocio ofreciéndolas y, gracias a Dios, la gente nos apoyó muchísimo. Eso nos permitió salir adelante cuando todo estaba tan difícil. Ahí fue cuando entendí que sí podíamos vivir de lo que hacíamos con nuestras manos”, recuerda.

Cuando la emergencia sanitaria terminó y las mascarillas dejaron de venderse, Ligia volvió a preguntarse qué hacer. Su hija empezó a insistirle en que cosiera ropa y ella le ayudaba a venderla por redes sociales.

“Ella me decía: ‘Mamá, intentémoslo. A la gente le va a gustar’. Empezamos haciendo poquitos. Cuando llegaron encargos más grandes trabajábamos hasta tarde para cumplir. Poco a poco, la gente comenzó a recomendarnos y el sueño empezó a crecer,” cuenta.

Ligia Solano León dejó Tipitapa, Nicaragua, con su esposo (Néstor Lechado) y sus hijos (Jeison y Gilia)  buscando una mejor oportunidad.
La primera máquina de coser la compró para hacer arreglos de ropa; hoy es el símbolo del negocio que levantó con su familia. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

espués vino el pequeño taller, más máquinas, un local en Alajuelita; pasó por la plaza de la Cultura y, finalmente, la tienda en el centro de San José, llamada “Mil diseños”, donde hoy recibe a clientes de diferentes rincones del país y está ubicada a la par del Pague Menos de la avenida 1 y la calle 1.

Ligia sonríe cuando recuerda que mientras ella quería lanzarse a probar nuevas ideas, su esposo siempre analizaba cada paso con más calma.

Ligia Solano León dejó Tipitapa, Nicaragua, con su esposo (Néstor Lechado) y sus hijos (Jeison y Gilia)  buscando una mejor oportunidad.
Ligia sueña con seguir creciendo, abrir nuevas oportunidades de empleo y continuar cosiendo historias de esfuerzo. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

“Él es más prudente y yo soy más lanzada. A veces, me decía: ‘¿Y si no resulta?’. Pero nunca me dijo que no me apoyaba. Al contrario, siempre estuvo ahí. Desde que salimos de Nicaragua hemos trabajado hombro a hombro y todo lo que hemos logrado ha sido gracias al esfuerzo de los dos”, afirma.

Por eso, cuando alguien la felicita por el negocio, ella siempre habla en plural. Dice que ese sueño pertenece a toda la familia, incluso a su esposo, que nunca dejó de trabajar.

Aunque Costa Rica le abrió las puertas cuando más lo necesitaba y aquí encontró la oportunidad de construir un futuro, Nicaragua sigue ocupando un lugar especial en su corazón.

Ligia Solano León dejó Tipitapa, Nicaragua, con su esposo (Néstor Lechado) y sus hijos (Jeison y Gilia)  buscando una mejor oportunidad.
Durante la pandemia, Ligia y sus hermanas hicieron mascarillas, una decisión que cambió el rumbo de sus vidas. (Eduardo Vega Arguijo/Eduardo Vega Arguijo)

Extraña los sabores de su tierra: el baho, las güirilas, el quesillo y los abrazos de quienes se quedaron allá.

Aconseja a quienes quieren intentar un emprendimiento: “Que se animen. Si uno siente que puede hacerlo, hay que intentarlo. Tal vez no sea fácil, pero con disciplina, perseverancia y ganas de trabajar los sueños sí se cumplen”.

Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.

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