Hay historias que huelen a mar, a esfuerzo y a comida recién hecha, así es la del nicaragüense Deyvis Mercado Lezama, de 37 años.
Nació entre las olas del Pacífico nicaragüense y que hoy cocina en el Pacífico guanacasteco, convirtiendo sus sueños y luchas en un ejemplo de superación.
Creció en un pueblito de pescadores, Masachapa, una zona costera que pertenece al municipio de San Rafael del Sur en el departamento de Managua. A unos 67 kilómetros al sur de la capital pinolera, en la costa del océano Pacífico.
Sin embargo, su papá, don José Filadelfio Mercado, sabía lo duro que era ese mundo de la pesca artesanal y no quería ese destino para su hijo.
“Mi papá decía que mientras él viviera, nosotros no íbamos a pasar lo que él pasó en el mar, porque es muy pesado”, recuerda Deyvis.
Aprendiz sin paga
Su vida dio un giro gracias a un tío chef (Carlos José Mercado) quien le abrió las puertas de una cocina. Desde los 15 años trabajó sin salario en un hotel, aprendiendo desde abajo, durmiendo donde podía y bañándose en el primer baño desocupado.
“Yo no estudié cocina, pero aprendí trabajando. Fueron cinco años duros, sin ganar nada, pero ahí me hice. Yo sabía que si aguantaba, algo bueno iba a venir”, recuerda agradecido con la vida.
Detrás de ese sacrificio también hay una familia que ha sido motor en su vida. Deyvis es padre de cuatro hijos que viven en Nicaragua, y aunque la distancia pesa, asegura que cada esfuerzo que hace tiene el nombre y apellido de sus pequeñitos.
“Todo lo que yo hago aquí es por ellos. Tal vez no los tengo cerca, pero siempre están en mi mente y en mi corazón. Uno como padre quiere darles algo mejor, una casita, un futuro más tranquilo”, dice.
Recuerda con cariño a su mamá, doña Isabel del Socorro Espinosa, y a sus hermanos, con quienes creció en medio de limitaciones, pero también de valores. Esa raíz humilde es la que hoy lo mantiene con los pies en la tierra, incluso cuando el negocio va bien.
“Soy un nicaragüense que no olvida de donde viene. Eso es lo que lo mantiene a uno enfocado, con hambre de salir adelante, pero también con ganas de ayudar a otros que están empezando”, agrega.
A los 18 años, ya con experiencia, un chef francés vio su talento y le dio una oportunidad. Desde entonces, el sueño empezó a tomar forma.
El salto a Costa Rica
Hace unos 10 años llegó a Costa Rica con una meta clara: crecer. Pero no todo fue fácil. Trabajó en cocina, luego en una finca durante la pandemia porque los restaurantes cerraron por completo y no logró conseguir trabajo.
“Yo siempre he querido algo propio, pero en Nicaragua es muy difícil, los salarios son bajos. Yo tenía negocios pequeños, pero vivía al día, sin poder avanzar”, explica.
Fue en medio de esas dificultades donde apareció una oportunidad que le cambiaría la vida.
Unos tacos que lo cambiaron todo
Un día, unos amigos costarricenses, ya estando aquí, probaron sus tacos de camarón y quedaron encantados. Ese sabor fue la llave.
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“Ellos siempre recuerdan esos tacos. Me dijeron que yo tenía algo especial, que mi comida tenía potencial. Gracias a ellos empecé a creer más en mi sueño”, dice.
Con ayuda económica de un amigo, quien incluso lo llevó a comprar desde la sal hasta cortes caros de carne, nació su primer negocio en Playa Copal: La Copaleña Mariscos y Carnes.
“Yo lloraba porque era mucha plata y él me decía: ‘tranquilo, después me paga’. Ese gesto nunca lo voy a olvidar”, recuerda con emoción.
Sabor nica y tico
Deyvis no solo pensó en turistas, también en los ticos. Apostó por platos accesibles, casados, mariscos y ese toque nicaragüense que lo distingue.
Hoy también tiene otro local, la soda “Deacachimba” con la pura cuchara nicaragüense, en Liberia, donde ofrece fritanga nica, carne asada, enchiladas, nacatamales y más.
Deacachimba en Nicaragua significa estar excelente, a ver, para que nos entendamos, significa estar pura vida.
“Quiero que la gente coma rico, rápido y con identidad. Mi sueño es hacer la primera fritanga autoservicio del país, algo tipo comida rápida, pero con sabor nicaragüense. Que la gente llegue en su carro y sin bajarse se lleve bien rápido unos nacatamales, por ejemplo”, afirma.
Un sueño que también ayuda a otros
Además de trabajar duro, Deyvis no olvida ayudar. Organiza purísimas, colabora con comunidades y apoya actividades para niños.
“Yo no solo quiero recibir, también quiero dar. Aunque sea poquito, uno puede ayudar”, asegura.
Agradecido con Costa Rica, pero con el corazón en Nicaragua, sigue luchando por su familia y por demostrar que los sueños sí se cumplen.
“Gracias a Costa Rica tengo oportunidades. Yo quiero hacer las cosas bien, crecer y seguir adelante. Esto es por mis hijos y por todo lo que he pasado”, concluye.








