Los viernes, cuando termina la semana de trabajo, el nicaragüense Adán Castro Chavarría se quita el casco, deja atrás el ruido de la construcción y el polvo del cemento, pero su día todavía no termina.
Al llegar a su casa, se cambia las botas de trabajo y se convierte en el mariachi de Dios; toma sus instrumentos y sale nuevamente, esta vez no para levantar paredes, sino para elevar corazones con canciones dedicadas a Dios.
Así es la vida de este pinolero de 39 años, nacido y criado en Jinotega, quien llegó a Costa Rica en setiembre del 2018 buscando un mejor futuro.
Lo que jamás imaginó fue que, además de encontrar trabajo, terminaría cumpliendo uno de los sueños que había guardado desde muy joven: integrar un mariachi con violines y poner cada una de sus notas al servicio de Cristo.
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Llegó con un sueño y mucha fe
“Yo no quería venirme a la deriva. Antes de salir de Nicaragua me comuniqué con un mariachi cristiano para saber si tenían espacio.
“Ellos me dijeron que por el momento estaban completos, pero me recomendaron con el mariachi Manantial de Vida, de Heredia, porque necesitaban un bajista. Gracias a Dios, se abrió esa puerta y todo comenzó a acomodarse”, recuerda.
Hoy, casi ocho años después de haber llegado al país, asegura que cada oportunidad que ha recibido la considera una bendición.
Del cemento a las alabanzas
Aunque la música ocupa el primer lugar en su corazón, reconoce que el mariachi cristiano todavía no genera suficientes presentaciones para vivir únicamente de él.
Por eso, de lunes a viernes trabaja en construcción y cuando termina su jornada comienza la parte que más disfruta.
“La música cristiana está un poquito baja y no alcanza para vivir solo de eso. Entonces, trabajo en construcción. Salgo a las cinco de la tarde y, si hay una actividad en la noche, voy directo.
“Los viernes, sábados y domingos casi siempre estamos tocando en iglesias o actividades cristianas. Es cansado, pero cuando uno hace las cosas para Dios, el cansancio pasa a segundo plano”, asegura.
Viendo mariachis por televisión
Desde adolescente se enamoró de la música ranchera. Pasaba horas viendo videos del famoso Mariachi Vargas (de México) y había algo que siempre capturaba su atención: el sonido de los violines.
En Nicaragua, en aquel momento, era poco común encontrar un mariachi cristiano con esa formación, por lo que parecía un sueño muy lejano.
“Yo veía esos mariachis y decía: ‘Algún día voy a andar en uno que tenga violines’. Ni siquiera conocía un violín de cerca; solo los veía en videos. En Nicaragua sí logré tocar con un mariachi.
“Cuando llegué a Costa Rica y vi que el mariachi donde entré tenía tres violines, sentí que Dios me estaba cumpliendo un sueño que había tenido durante muchos años”.
Pero en lugar de quedarse admirando a quienes tocaban ese instrumento, decidió aceptar un nuevo reto.
YouTube, su maestro
El trabajo no le dejaba tiempo para matricularse en una academia de música, así que buscó una solución diferente.
Compró un violín y comenzó a aprender solo, apoyándose en videos de YouTube y practicando cada vez que tenía un espacio libre.
“Hace como dos años me propuse aprender. En Nicaragua un profesor me enseñó unas bases hace mucho tiempo, pero realmente comencé de cero. Me ponía a ver tutoriales en YouTube, repetía los ejercicios una y otra vez y poco a poco fui avanzando.
“Después recibí algunas clases con un profesor, pero mi sueño sigue siendo aprender a leer música y llegar a tocar profesionalmente”.
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La música llegó a su vida cuando tenía apenas 16 años. Empezó con la vihuela, después aprendió guitarrón, guitarra, piano y ahora también toca el violín.
Nunca ha dejado de cantarle a Dios
A diferencia de otros músicos, Adán asegura que todo su camino artístico ha estado ligado a la música cristiana.
“Desde que empecé siempre le he cantado a Dios. Hay canciones que uno está tocando y de repente lo quebrantan.
“A veces, estoy con el piano o con el violín y termino llorando porque las letras llegan muy profundo. Para mí la música no es solamente tocar un instrumento; es una manera de agradecerle a Dios todo lo que ha hecho por mí”.
Durante varios años utilizó instrumentos prestados porque no tenía dinero para comprar los suyos. Sin embargo, nunca dejó de tocar.
Con esfuerzo fue ahorrando hasta comprar primero un guitarrón, luego una vihuela y finalmente un violín.
“Hoy, gracias a Dios, tengo mis tres instrumentos. Cada uno representa una bendición y un sueño cumplido. Cuando veo todo lo que ha pasado en mi vida, entiendo que Dios nunca me dejó solo”.
Todavía guarda un sueño en el corazón. Quiere ahorrar lo suficiente para regresar algún día a Nicaragua y formar un mariachi cristiano que siga llevando esperanza a través de la música.





