Durante la misa y unción de los enfermos que realizó monseñor José Manuel Garita, obispo de Ciudad Quesada, en el sancarleño Hogar de ancianos San Vicente de Paul, el sacerdote invitó a todos los católicos a que “no tengamos miedo de acercarnos al dolor ajeno”.
“Aprendamos a descubrir a Cristo en el que sufre. Y que, como comunidad, seamos signo de la presencia de Dios que no abandona, que sostiene y que salva”, asegura monseñor.
El sacerdote celebró misa el viernes pasado y dijo: “Hermanos, la palabra (de Dios) se hace viva de una manera muy especial en este hogar de ancianos. No estamos aquí solo para “visitar”, sino para reconocer, contemplar y servir a Cristo vivo en medio de nuestros hermanos mayores y enfermos.
“En cada uno de ustedes, queridos ancianos, en cada fragilidad, dolor y limitación, la Iglesia reconoce el rostro sufriente de Cristo”.
Además, recordó que Dios nunca nos abandona. “Cristo, que en el Evangelio es perseguido, continúa hoy su pasión en quienes experimentan la enfermedad, el cansancio del paso del tiempo, la soledad, el sentirse a veces olvidados.
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“Y, sin embargo, así como el Padre no abandona a su Hijo, tampoco abandona a ninguno de ustedes. Dios está con ustedes como ‘fuerte guerrero’, consuelo silencioso y presencia que sostiene incluso cuando las fuerzas humanas disminuyen”, aseguró el obispo de Ciudad Quesada.
Antes del sacramento, comentó: “La unción de los enfermos que vamos a celebrar adquiere un significado profundo. No es solo un rito, ni un gesto simbólico: es Cristo mismo quien se acerca, toca, consuela y fortalece.
“Es Cristo quien dice al corazón de cada enfermo: ‘No estás solo, yo estoy contigo’. Este sacramento trae paz, fortaleza, unión con la pasión de Cristo y, según la voluntad de Dios, también alivio físico y espiritual”, explicó.




