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Familia y amor: el mejor tratamiento para vencer el cáncer de próstata

José Luis Fuentes vive agradecido con Dios por darle una segunda oportunidad

José Luis Fuentes es un ejemplo de que un diagnóstico de cáncer y muerte no son lo mismo.

José Luis contó a La Teja que en 2003 sintió dolores de cintura y molestias al orinar, así que buscó a un médico privado amigo de él y se fue a revisar.

José Luis contó a La Teja que los primeros síntomas fueron dolor de cintura y molestias al orinar. Fue entonces que buscó a un médico privado amigo de él y se fue a revisar.

“Yo vivo en Tres Equis de Turrialba y el médico tenía el consultorio en el centro de Turrialba, me dijo que tenía un problema en la próstata pero que era manejable; me dio tratamiento unos meses pero yo cada día me sentía peor, así que decidí ponerme en control en la Caja”, explica.

“Mi esposa me acompañó a la primera consulta en el hospital Max Peralta, ese mismo día el doctor me dijo que tenía un cáncer avanzado, sentí una congoja tremenda, sobre todo de ver la reacción de Nelly, la noticia la hizo sufrir”, recordó.

La incidencia de cáncer de próstata en el país es de 58 personas por cada 100.000, puede sonar baja, pero duplica el promedio mundial, que es de 29 por cada 100.000. Cada año fallecen unas 450 personas debido a este mal.

El especialista que atendió a José Luis fue claro con él, le dijo que debía tomar una decisión lo antes posible si quería vivir más. Necesitaba una operación, pero esa cirugía que lo libraría del cáncer le quitaría también la posibilidad de mantener relaciones sexuales.

“Le dije al doctor que me dejara pensarlo, yo tenía cincuenta y algo de años y no quería dejar a mi esposa sin su compañero sexual. Me fui para la casa con una angustia grande y días después me fui para donde otro amigo doctor y le pregunté qué me recomendaba”.

El especialista le respondió con una pregunta: si amaba a su familia.

“Le dije que claro que sí, que era eso en lo que más pensaba desde que me dijeron que estaba enfermo y él me dijo que entonces me operara porque esa era la única solución para que yo siguiera con mis seres queridos”.

Mucho apoyo

José Luis tomó el consejo y la cirugía se la hicieron en setiembre del 2005.

“Llegué a operarme pero me sentía como resignado, era consciente de que de todas formas podía morir. Me hicieron la cirugía en el hospital Calderón Guardia y en menos de una semana ya estaba en mi casa. Me fue bastante bien, me fui recuperando poco a poco y ahora estoy muy agradecido con Dios por no abandonarme nunca. Estuve yendo al hospital México para que me pusieran radioterapia y me hizo bastante bien”.

Cinco años después llegó a la familia otra noticia triste: su esposa fue diagnosticada con cáncer de seno. José Luis fue un gran apoyo para ella pues sabía exactamente por lo que estaba pasando.

“A ella la operaron y le pusieron quimioterapia y aquí sigue conmigo, gracias a Dios. En estos procesos tan fuertes el apoyo de la familia es muy importante y gracias a Dios los dos hemos tenido la ayuda de nuestros hijos y otros seres queridos”, detalla.

“Yo ahora me siento como un chiquillo, estoy muy bien y mi esposa y yo aprendimos a sobrellevar la falta de las relaciones sexuales, el amor es mucho más que eso”, explica.

Lleno de bendiciones

Antes de que José Luis fuera diagnosticado con cáncer no tenía nietos, pero ahora es otra historia: está lleno de pequeños que le alegran la vida tanto a él como a Nelly.

"Ya tengo nueve nietos, el primero nació cuando estaba yo todavía en el tratamiento. Ellos me hacen muy feliz, la familia es el mayor tesoro que uno puede tener y hay que luchar por ella.

“Yo ando en la finquita y hago lo que puedo, siempre me ha gustado trabajar el campo pero ya tengo 73 años y sé que tengo que cuidarme”, añadió.

Dice que luego de pasar por una experiencia tan dura y preocupante les recomienda a los hombres cuidarse mucho y revisarse.

"Uno como hombre a veces es machista y no le gusta ir a un médico, menos enfrentar un problema que puede afectar su sexualidad, pero por experiencia les digo que no tengan miedo, la vida es muy bella y hay que luchar.

“Estoy muy agradecido con los médicos que me atendieron, ellos fueron ángeles de Dios en la tierra y gracias también a esos especialistas hoy estoy aquí, feliz, viviendo una vida que pensé que ya no podría”.

La clave para superar el diagnóstico y la enfermedad fueron haber ido al médico a tiempo y el amoroso respaldo de una familia que lo quiere.

Rocío Sandí

Rocío Sandí

Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana; Periodista de la Universidad Internacional de las Américas, con experiencia en Sucesos, Judiciales y Nacionales. Antes trabajó en La Nación y ADN Radio.