Hay decisiones que cambian el rumbo de una vida entera y para Mónica Oviedo Rodríguez no hubo espacio para devolverse.
Ella es la tica que vive en Alemania y el pasado domingo 15 de marzo hizo un sabrosísimo arroz con leche para compartir con sus vecinos y ninguno le abrió la puerta. Aquí les contamos quién es Mónica.
Nacida en Ciudad Quesada y criada en Venecia de San Carlos, es una fisioterapeuta de 30 años quien decidió dejar atrás su zona de confort, su familia y su tierra para irse a Alemania con su hijo Camilo, de apenas 5 años, en busca de una oportunidad profesional.
“Yo siempre soñé con vivir en otro país. Desde que estaba en la universidad tenía esa espinita. Quería vivir la experiencia, conocer otra cultura, crecer”, recuerda la graduada en Fisioterapia de la Universidad Santa Paula. Pero ese sueño venía acompañado de una promesa que marcó su camino.
LEA MÁS: Perrita callejera tica se convirtió en princesa en Alemania
“Siempre me prometí, incluso estando embarazada, que nunca iba a dejar de cumplir mis sueños. Mucha gente dice que por ser mamá joven ya se le acabó la vida a uno, que ya no hay oportunidades, pero yo nunca lo creí”.
Con ese pensamiento claro, el 25 de marzo del 2025 empacó su vida y la de su hijo en una maleta y se fue rumbo a Alemania, ya con un trabajo asegurado dando fisioterapia a soldados del ejército de Estados Unidos y sus familias, por medio de una compañía alemana.
Bienvenida con una estafa
Era su primera vez saliendo del país, su primer contacto con Europa… y también su primer gran golpe.
“Me estafaron con el apartamento. Yo creí que era como en Costa Rica, que uno va, lo ve y ya. Mandé el depósito y el primer mes, eran como 3 mil euros, y el señor desapareció. Yo iba en escala en París con mi hijo y sin saber dónde iba a dormir”, recuerda.
La angustia fue enorme, pero su fe y su familia se convirtieron en su red de apoyo.
“Llamamos al Banco de Costa Rica, mi familia en Costa Rica se movió (sus papás, doña Ana Ruth Rodríguez y su papá, don Néstor Oviedo), y gracias a Dios el estafador no había sacado el dinero. El banco logró recuperarlo. Yo siempre digo que solo Dios hizo eso posible”.
Ya en Alemania, específicamente en Wiesbaden, le tocó enfrentarse a una realidad completamente distinta: trámites complejos, dificultad para conseguir vivienda y adaptarse a un idioma nuevo.
“Aquí no es como en Costa Rica, aquí ellos lo escogen a uno para alquilar. Me costó muchísimo conseguir apartamento, estaba en un hotel mientras trabajaba y buscaba quién me aceptara”.
A eso se sumó otro reto enorme: el cuido de su hijo.
“Mi horario es hasta las 6 de la tarde y la mayoría de guarderías cierran temprano. Fue complicado, pero encontré un kínder internacional donde le enseñan alemán, inglés y español. Eso me dio tranquilidad. Ahora él hasta me corrige palabras en alemán”, dice con orgullo.
Frialdad que congela
Sin embargo, uno de los choques más fuertes no fue el idioma ni el clima… fue la diferencia cultural. En carne propia vivió ese frío de los europeos el pasado domingo.
“Yo soy de Venecia de San Carlos, donde mi papá regala sus aguacates a los vecinos con mucho amor y mi mamá hace picadillos y le lleva a sus vecinas.
“El pasado domingo 15 de marzo hice arroz con leche y salí con mi hijo a tocar puertas a mis vecinos para regalarles… y nadie abrió. Me sentí muy triste, fue un impacto muy grande".
A pesar de eso, Mónica no dejó de ser quien es.
“Ese arroz con leche lo hice con mucho amor. Duré casi una hora moviéndolo a fuego lento, como me enseñó mi tía (Yorleny Rodríguez). Le puse leche, pasas, canela y hasta usé leche pinito que la cuido mucho para que me dure. Es un arroz con leche veneciano de la pura cepa y cuchara”.
Compañeros sí son cálidos
Aunque esa experiencia la golpeó, en su trabajo encontró todo lo contrario.
“Mis compañeros son lindísimos. Trabajo con alemanes y estadounidenses y me han tratado superbién. Las mamás de los niños me escriben cartas, me regalan chocolates… eso me llena el corazón porque confirma que estoy haciendo bien mi trabajo”.
Para ella, ese reconocimiento tiene un significado especial.
“Yo estudié fisioterapia para ayudar a los demás, y ver que las mamás se van contentas, que los niños mejoran, me hace sentir realizada”.
Hoy, a punto de cumplir un año en Alemania, Mónica mira hacia atrás y entiende todo lo que ha tenido que dejar… pero también todo lo ganado.
LEA MÁS: El increíble invento de dos ticos en Europa para poner nuestras bellezas en los ojos del mundo
“Uno cuando toma una decisión renuncia a algo, pero también gana otras cosas. Yo renuncié a mi familia cerca, a mi cultura del día a día, pero gané crecimiento, experiencia y una oportunidad para mi hijo”.
Y aunque la distancia pesa, hay algo que no cambia.
“Yo sigo siendo la misma tica. No me falta el gallo pinto en la mañana, el café, mis costumbres ticas. Esto me ha hecho más fuerte, más resiliente. Y sobre todo, más agradecida con Dios”.
Desde Europa, pero con el corazón en San Carlos, Mónica demuestra que fueron los vecinos alemanes los que se perdieron de uno de los mejores arroces con leche del mundo, el que hace una tica con amor.






