Cuando Fiorella Arias Bonilla hizo la maleta para viajar a Francia, no pensó solamente en su ropa, sus experimentos o lo necesario para una experiencia de microgravedad. Quería llevarse a Costa Rica.
Por eso, dentro de aquel equipaje terminaron una bandera costarricense, una guaria morada natural y semillas de productos que hablan de nuestra tierra. Tacaco, cas, jocote, pejibaye, maíz pujagua, café, frijol ingrato y flores de clitoria (aquí les dicen zapatito o, más recientemente, flor de mariposa azul).
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“Yo siempre que tengo una oportunidad como esta me tomo muy en serio el hecho de que yo no voy como Fiorella Arias, yo voy como Fiorella costarricense y voy a representar a mi país”, nos contó la ingeniera en biotecnología graduada del Tecnológico de Costa Rica (TEC).
Ocho horas para llevar a Costa Rica
Fiorella, oriunda de Paraíso de Cartago, fue seleccionada para la legión 2026 de Future Voices of Space (Las Futuras Voces del Espacio), iniciativa de Space for Humanity (El Espacio para la Humanidad) que busca acercar la ciencia y la exploración espacial a las comunidades.
El proceso fue tan rápido que tuvo apenas una semana para prepararse para el vuelo y unas ocho horas para conseguir buena parte de lo que quería llevar.
“Fue muy gracioso, seré honesta, tuve como una semana para prepararme para el vuelo y realmente tuve como ocho horas para recolectar todo lo que llevé, desde la bandera, la guaria, hasta las semillas”.
La ayuda llegó desde distintos rincones. Emprendimientos y empresas nacionales colaboraron con ella y hasta sus papás ayudaron a conseguir las semillas de tacaco que no aparecían por ningún lado.
Agradeció el apoyo de varios productores y emprendimientos nacionales, como PintoPinto, ClubClitoria, The Orchids CR y la Fábrica Nacional de Banderas, para completar la maleta tica.
“Mi intención siempre fue visibilizar productos no tradicionales de alto valor nutricional, rescatar nuestra identidad y cultura, resaltando la importancia del sector agro y el potencial de este gracias a la enorme diversidad de cultivos que tenemos.
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“Tanto a lo interno como a nivel internacional, reiterar la importancia de financiar investigación en esta área. Mezclando campos tan amplios como el agro, la bioeconomía y las ciencias espaciales”, contó la futura astronauta.
El momento en que el cuerpo no entiende
El Airbus A310 Zero G despegó de Burdeos. Durante el vuelo, el avión realizó maniobras parabólicas que permitieron generar periodos de caída libre de unos 25 a 30 segundos.
No significa que la gravedad desaparezca. El avión, las personas y los objetos en su interior caen prácticamente juntos y por eso se experimenta esa sensación de ingravidez.
Para Fiorella, explicarlo es mucho más fácil que vivirlo.
“Ya la experiencia de gravedad cero como tal me cuesta describirla en el sentido de que uno pasa por un pico de adrenalina enorme y el cuerpo está intentando entender qué es lo que está pasando”.
En esos segundos, dice, la mente parece buscar desesperadamente algo a lo que agarrarse.
“El cerebro, yo siento que honestamente como que se desconecta un poco porque no entiende de dónde agarrarse, no entiende porque no se siente ningún peso, no entiende porque está flotando”.
Y aunque desde afuera parezca que la persona simplemente está flotando, el esfuerzo físico es grande.
“Es increíble que usted pueda ver y se dice, ay, pero no me estoy moviendo mucho, pero de verdad uno sale agotado. El cuerpo sale agotadísimo”.
Una científica que sueña con el espacio
La experiencia también le permitió compartir con astronautas como Nicole Stott, de la NASA, y Charles Duke, integrante de la misión Apollo 16 y el décimo ser humano en caminar sobre la Luna.
Fiorella quiere llegar todavía más lejos. Su meta es convertirse en astronauta, aunque reconoce que para un latinoamericano el camino puede ser más complicado.
“Mi sueño definitivamente es ser astronauta de carrera, pero entiendo que hay algunas limitaciones; no quiere decir que sea imposible”.
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Su trayectoria ya está ligada a la exploración espacial y a la investigación en ambientes extremos. Incluso desarrolló su proyecto de graduación en la Universidad de California sobre hidrogeles para sistemas hidropónicos que podrían utilizarse en lugares como el espacio y las zonas afectadas por la desertificación.
Pero para ella, mirar hacia las estrellas no significa olvidarse de la tierra que la vio crecer.
“Debemos celebrar y creer que podemos llevar nuestra identidad, nuestra biodiversidad y nuestro conocimiento costarricense a espacios donde normalmente no imaginamos encontrarlos”.
Y eso fue exactamente lo que hizo.
En un avión que simuló la ingravidez en un ambiente totalmente espacial, una bandera costarricense ondeó, una guaria morada viajó y semillas nacidas de nuestra tierra llegaron a un lugar donde Costa Rica no siempre aparece en el mapa.
















