Lo que empezó como un pasatiempos hace 17 años terminó convirtiéndose en algo que, según él mismo dice, parece una misión.
David Molina Roldán, ingeniero en Informática y quien con equipo especial detecta metales, asegura que ha encontrado, al menos, 25 entierros con brujerías en distintas zonas del Gran Área Metropolitana, especialmente en San José.
Casas, jardineras, parques y hasta el lago seco de La Sabana han sido lugares de sus descubrimientos mientras usa su detector de metales. Nos deja claro que el primer entierro encontrado jamás lo olvidará.
“Fue en una casa que demolieron en Desamparados, en una jardinera. Sí me asusté mucho, no sabía qué era en un principio, estaba envuelto en una bolsa. Lo toqué con guantes, pero en ese momento no entendía lo que tenía al frente.
“Me dio tanto miedo que lo primero que hice fue llamar a una bruja para que explicara y ella me enseñó una oración especial para deshacer ese entierro, que podía tirarlo a un río o dejarlo al sol del mediodía”, recordó.
Desde entonces, asegura que cada vez que encuentra un frasco de vidrio con brujería, siente una responsabilidad.
“Siento como una obligación moral, que si encuentro algo de eso tengo que deshacer la maldad que le hicieron a esa persona. No puedo simplemente dejarlo ahí”, reconoce.
Contenido que da mucho miedo
Con el paso del tiempo, David perdió el miedo inicial… pero no el respeto. Según cuenta, la mayoría de las brujerías tiene adentro cosas que casi siempre se repiten.
“Por lo general traen cabellos, fotografías, papeles con el nombre de la persona y hasta la fecha de nacimiento, todo envuelto en hilo rojo. También llevan miel de abeja, perfumes o algún líquido.
“Una vez encontré uno con la Santa Muerte y otro con un muñeco vudú en La Sabana… ese no lo toqué ni con un palo, se veía por fuera el muñeco y me dio demasiado miedo, me alejé inmediatamente, es un respeto-miedo”, confesó.
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El más reciente lo encontró hace apenas mes y medio en San Pablo de Barva de Heredia.
Fe, protección y una conexión extraña
David asegura que no anda “a lo loco” y que siempre se protege antes de salir.
“Me encomiendo todos los días a la Virgen de los Ángeles, tengo la imagen de la Negrita pegada en el detector de metales. Ando la oración de San Benito y la del Justo Juez en la billetera, además de la medalla de San Benito. Después del primer hallazgo pensé que era casualidad, pero cuando encontré el segundo sí me puse serio para protegerme con Dios”, dijo.
Incluso, cuenta una coincidencia que lo marcó.
“El pasado 5 de mayo fui a recoger a mi hijo y me desvié a un terreno a buscar y encontré dos imágenes de la Virgencita de los Ángeles. Para mí eso fue una señal de ella, como diciéndome que sí, puedo encontrar brujerías, pero ella siempre estará presente”, añadió.
En el país existe una comunidad de unas 30 personas que detectan metales, pero él asegura ser el único que encuentra brujerías enterradas, esto lo han hablado en un grupo de WhatsApp que tienen.
“Todos encontramos oro, plata o cosas valiosas, pero solo yo encuentro brujerías. Es como si hubiera una conexión que me llama”, afirmó.
“No lo abran por nada del mundo”
La historia de David choca poderosamente con la advertencia de la bruja de cuarta generación Mithzi Bonilla, en redes sociales la conocen como Mithzi-Tarot, quien fue clara: manipular estos objetos puede ser muy peligroso.
“Lo que está quieto se deja quieto. Cuando una bruja hace un trabajo, lo entrega a la naturaleza. Si usted encuentra un entierro y lo abre, está perturbando algo que ya fue manifestado. No se sabe qué demonio o espíritu maligno lo cuida ni qué energía hay ahí”, explicó.
La bruja insiste en que el mayor error es abrirlos, incluso usando guantes.
“Hablamos de verdadera magia negra enfrascada, o sea, demonios. Si usted lo abre, ese hechizo puede pasarse a usted. Puede ser un amarre, una maldición o algo peor.
“Se habla, incluso, de consecuencias que pueden afectar hasta siete generaciones. No es jugando. La persona se puede llevar a su casa y verse muy afectada por un demonio que no era para él ”, advirtió Mithzi-Tarot.
Fue tajante: ni quemarlos, ni abrirlos, ni tocarlos sin guantes.
“Si se lo encuentra, entiérrelo más profundo o déjelo ahí. Nosotros los sacamos de manera espiritual, con rituales. El mundo espiritual se respeta”, agregó.
La fe en Dios es importantísima
Por su parte, Vanessa Alvarado, investigadora de fenómenos paranormales del grupo Noctis-Proyecto Paranormal Latinoamérica, tiene una posición algo diferente y totalmente llena del poder de la fe en Dios.
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“El conjuro de un entierro está dirigido a una persona específica, por eso tiene fotos o cabello. Si alguien lo abre puede haber una afectación energética, pero no igual que para quien iba dirigido”, explicó.
Incluso, asegura que la fe en Dios puede marcar la diferencia.
“Si una persona tiene fe en que, por ejemplo, con agua bendita o con oración puede romper ese trabajo, esa fe la protege. Si él cree firmemente que al abrir el frasco y orar está ayudando, así será”, dijo.
Eso sí, recomienda hacerlo con cuidado. “Lo ideal es abrirlo con guantes, vaciarlo sobre papel aluminio, separar cada elemento, envolverlo y botarlo lejos. Si se tira cerrado al río, el conjuro sigue funcionando; solo se rompe cuando se abre y se desarma”, aclaró.
El caso de David deja al descubierto un mundo que para muchos es invisible, pero que para otros es muy real. Entre creencias, advertencias y experiencias personales, lo cierto es que estos hallazgos generan más preguntas que respuestas.
Mientras algunos recomiendan no tocar nada, otros aseguran que la fe puede más que cualquier maleficio.
Y David, fiel a su convicción, sigue caminando con su detector… y con la idea firme de que cada entierro que encuentra es una oportunidad para hacer el bien.











