El cierre de negocios tras ser escena de un crimen no solo afecta la economía de los dueños, sino también la del país, pues el temor de la gente puede provocar que los comercios tengan que cerrar por la baja demanda.
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A inicios de esta semana ocurrió un lamentable suceso en un gimnasio ubicado en Cartago. Un hombre de 34 años, identificado como de apellido Araya, falleció baleado mientras realizaba ejercicio dentro del establecimiento.
Este hecho generó temor entre los clientes. Una mujer le contó a La Teja que escuchó los disparos mientras tomaba agua. Esta situación le quitó el sueño y el deseo de seguir entrenando por los nervios.
Sin embargo, no es la primera vez que ocurre un homicidio dentro de un local comercial, pues se han reportado casos dentro de sodas, restaurantes, bares e incluso en las afueras de supermercados.
A medida que la inseguridad va aumentando, los negocios tendrán que invertir en implementos de seguridad para resguardar la vida de los clientes.
“Creo que para los negocios podría ser una carga y una dificultad que la gente no sienta el espacio seguro y no esté tranquila en algunos lugares. Eso es un problema muy grande”, dijo el economista Fernando Rodríguez.
Un estado presente
El experto señaló que más leyes o más condenas contra los criminales no podrían resolver los problemas de seguridad, sino que lo que el país necesita es un Estado presente.
“Hay que garantizarle a la gente espacios seguros y a los negocios que el gasto se va a asumir a través de los servicios de seguridad nacionales y no de forma individual, porque es una manera más costosa de hacerlo y, probablemente, no sea tan eficaz”, comentó.
Rodríguez indicó que algunos negocios podrían no lograr soportar el gasto en implementos de seguridad si sus consumidores no están dispuestos a aceptar un precio más alto para cubrir la inversión.
“Los hace quedar expuestos a más riesgos y, eventualmente, sufrir un problema que, finalmente, haga que el negocio tenga que desaparecer”, dijo.
El especialista en economía mencionó que contratar a un guarda de seguridad para que cuide la entrada a un establecimiento implica un gasto.
“Si ya esto requiere que cada negocio tenga una persona responsable de seguridad en su puerta, pues ya está llegando un nivel de absurdo. Ese es el gran problema. Es un fenómeno que no sabemos dónde va a reventar”, opinó.
Negocios pequeños son más vulnerables
Rodríguez cree que una soda está más expuesta al riesgo de desaparecer porque tendría que hacer un gran gasto para resguardar la seguridad de sus clientes.
“Si tiene dos o tres personas cocinando y va a tener que sacar a una para poner un guarda que no produce; es decir, no cocina ni contribuye con aumentar el nivel de producción, puede ser que la soda termine teniendo problemas, generando menos ingreso y desapareciendo”, dijo.
El economista señaló que los negocios muy pequeños, sobre todo los micronegocios como las sodas, son los más vulnerables.
En cambio, un negocio grande, como un gimnasio que tiene una membresía y con ingreso más alto, podría asumir este tipo de gasto para la seguridad.
Jean Rodríguez, dueño del restaurante La Muerte Lenta, opinó que el problema no es que sea accesible tener unos sistemas de armas, sino la seguridad de que se puede acceder.
“Las cámaras no son efectivas en este momento bajo ese tipo de ataques. Es algo que ya llega al punto de que ocurre dentro del negocio y nosotros ni siquiera podemos evitarlo”, dijo.
“Llega a un punto donde, más allá de nosotros, a menos que tengamos una persona armada dentro del negocio, cualquier otro tipo de suceso no nos serviría”, añadió.
Además, mencionó que económicamente es imposible aplicar este tipo de gastos, pues tendría que sacrificar a una persona de planilla, por ejemplo, una persona de cocina o de servicio.
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