Desde las montañas de Miravalles de Boruca, donde el barro se pega a los pies y el sol castiga sin piedad, salió un muchacho que nunca dejó de soñar, ni siquiera en los días más duros, cuando en su casa solo había para comer arroz o frijoles, porque no alcanzaba para los dos juntos.
Mesac Ramírez Varela, de 17 años, indígena boruca de pura cepa brunca, hoy tiene una historia que le eriza la piel a cualquiera.
Pasó de caminar horas para ir a la escuela, muchas veces descalzo, a ganarse una beca que lo llevará a representar a Costa Rica en el Campamento Nacional de Ciencias para Jóvenes 2026 en Estados Unidos. Su historia no es de suerte, es de lucha.
Infancia de sacrificio
Mesac creció en una familia humilde, criado por su mamá, Nancy Varela Gómez, en medio de limitaciones económicas muy fuertes.
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Para ir a la Escuela Alto de las Moras, unidocente, ubicada a más de 3 kilómetros y medio de Boruca, caminaba cerca de una hora de ida y otra de vuelta, bajo la lluvia o el sol, sin excusas. Hubo días en los que no había dinero para comprar zapatos.
Le tocó ir en botas de hule hasta que se rompían, y cuando ya no había más, simplemente caminaba descalzo.
Incluso, recibió clases así, con los pies tocando la tierra, porque en la casa no había dinero para comprar otro par. Pero nada de eso lo frenó.
“Nunca he renunciado a mi sueño”
Hoy, ese mismo muchacho que creció entre carencias brilla en el Colegio Científico de San Vito, donde cursa quinto año y vive lejos de su familia, en una residencia estudiantil, apostando todo por su futuro.
“Esta oportunidad representa un gran paso para mí, para mi futuro. Realmente, puedo mejorar para lograr lo que quiero alcanzar en mis estudios.
“El proceso de selección fue difícil, me preparé con mis profesores de 7 a 9 de la noche para la entrevista y tuve que hacer un examen de inglés”, contó Mesac, con una madurez que sorprende.
“Fuimos tres estudiantes del colegio y solo escogían a uno. Gracias a Dios, me eligieron. Mis profesores me guiaron y ayudaron bastante”, agregó.
El joven también ha destacado en áreas como matemáticas (donde obtuvo medalla de bronce en la prueba Canguro Matemático) y forma parte del equipo de robótica.
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“Yo vengo de un lugar donde todo cuesta más, pero eso también me enseñó a valorar cada oportunidad. Hubo días muy difíciles, pero siempre tuve claro que estudiar es el camino para salir adelante.
“Ir al campamento ya es un logro enorme para mí y para mi familia. Quiero aprovechar cada segundo, aprender todo lo que pueda y regresar para demostrar que sí se puede, que los sueños no tienen límites si uno lucha de verdad por ellos”.
Orgullo de una madre que nunca se rindió
Detrás de este logro hay una mamá que sembró valores en medio de la adversidad. Doña Nancy Varela lo dice con el corazón en la mano:
“Siempre les dije a ellos (sus hijos) que tenían que estudiar, que no se definían por el momento que estuvieran pasando. Si no había dinero, eso no los definía.
“Vengo de una familia muy campesina; de mis hermanos, solo yo aprendí a leer y escribir, pero siempre quise algo diferente para mis hijos. Mesac es un ejemplo de resiliencia, de perseverancia y disciplina. Siempre ha querido dar lo mejor”, comenta la orgullosa mamá.
Mesac es el segundo de cuatro hermanos, y hoy es motivo de orgullo para toda su familia. La hermana mayor, Nancy, tiene 26 años; David, 20, y la menor, Isabella Sánchez, tiene cinco años.
El sueño que apunta a las estrellas
El joven no se conforma. Sueña en grande. Quiere estudiar ingeniería aeroespacial y convertirse en astronauta.
El campamento al que asistirá se realizará del 11 de julio al 1.° de agosto en Virginia Occidental, Estados Unidos, y reunirá a jóvenes de todo el mundo para compartir con expertos en ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas.
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“Van científicos de muy alto nivel; incluso en los años ochenta estuvo el astronauta estadounidense Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna. Habrá charlas y actividades. Es una oportunidad enorme”, explicó Mesac, quien ya se prepara para vivir una experiencia que le puede cambiar la vida.
Desde las montañas de Boruca hasta el mundo. Así de grande es el sueño de este muchacho que un día caminó descalzo… pero nunca dejó de avanzar.






