En Ciudad Quesada, entre palmas levantadas, oraciones y miradas llenas de fe, hay un Jesús que no solo camina en procesión… también transformó su vida por completo.
Se trata de David Jiménez Zamora, sancarleño de 44 años, abogado, esposo de Guiselle Barquero y, desde el 2018, el encargado de representar a Jesús en la procesión del Domingo de Ramos, la entrada triunfal a Jerusalén para la catedral de Ciudad Quesada. Su historia no es cualquier historia.
Un llamado que lo estremeció
David no llegó al papel de Jesús por buscar protagonismo. Él mismo lo dice con total seguridad: fue un llamado.
“Dicen que el personaje escoge a la persona y yo estoy convencido de eso. Yo no buscaba ser Jesús, yo solo quería servir en la iglesia en Semana Santa. Empecé como lector, después como soldado romano, pero sentía que quería más, que había algo más para mí”, contó.
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Ese “algo más” llegó en un ensayo.
“El muchacho que hacía de Jesús no iba a poder y dos personas de la iglesia me buscaron. Me dijeron que creían que yo era el indicado. Hasta el día de hoy se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo. Casi me voy de espalda. Yo sentí en ese momento que Dios me estaba llamando para representar a su hijo y dije sí inmediatamente”, recordó.
De no conocer la Biblia a vivirla
Lo que pasó después cambió su vida para siempre.
“Antes de eso yo no tenía Biblia, no sabía ni cómo se leía. Era un católico de ir a misa de vez en cuando y ya. Creía en Dios, pero hasta ahí. Después de interpretar a Jesús, algo se despertó en mí. Yo decía: ¿Cómo voy a representar a Jesús si no sé quién es realmente?”, confesó.
Ese cuestionamiento lo llevó a un cambio profundo.
“Sin que nadie me obligara, sentí en mi corazón que necesitaba acercarme más. Empecé a leer la Biblia, a meterme en cursos bíblicos, a rezar más. Hoy en día me levanto a las 3:30 de la mañana para compartir la palabra de Dios. Eso es un llamado directo que siento que Dios puso en mi vida”, dijo.
Y no se quedó solo en la Semana Santa.
“Yo no quería que Jesús se me quedara solo en esos días. Yo quiero reflejar a Jesús todos los días, en mis pensamientos, en mis acciones, en cómo trato a los demás. Ser un puente de su amor. Ese es el ideal que tengo como persona”, añadió.
Una procesión que se vive con el alma
Cada año, David recorre cerca de un kilómetro montado en un burrito, recordando la entrada de Jesús a Jerusalén, cuando fue recibido con palmas por el pueblo.
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El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa y simboliza ese momento en el que Jesús entra como rey, pero también como quien va camino a dar su vida por la humanidad.
“El primer año fue durísimo. Mucho nervio, mucho susto. Ir montado en el burrito, ver a tanta gente… pero también fue una emoción inexplicable. Cuando terminé me dije: quiero volver el próximo año”, contó.
Hoy, en lo que será su sétimo año (no hubo procesiones en el 2020 y 2021 por la pandemia), lo vive diferente.
“Ya no hay nervios. Ahora me preparo en oración, le pido a Dios que me use como instrumento, que me guíe. Esto no es solo ponerse un traje, es una disposición espiritual completa”, aseguró.
Jesús también en la vida diaria
El cambio en David no se queda como el Jesús de la procesión. Como abogado, asegura que también aplica lo aprendido.
“En mi trabajo trato de ser conciliador, de buscar la paz. Con mis clientes, con mi familia, con mis amigos. La gente que me conoce ha visto el cambio. El David de hace 10 años es muy diferente al de hoy. Hoy soy un hombre de Dios, con errores como cualquiera, pero con el deseo de parecerme más a él cada día”, afirmó.
Incluso, su familia ha sido tocada por ese cambio.
“Cuando le dije a mi mamá (Heylen Zamora) que iba a ser Jesús se puso muy contenta y orgullosa. Hoy ella también lee la Biblia todos los días y eso llegó después de ver a su hijo como Jesús. Ver ese cambio en ella me llena el corazón”, dijo.
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Una fe que se siente en la calle
La procesión será este 29 de marzo en Ciudad Quesada y, como cada año, David sabe que no será un momento cualquiera.
“Ver la cara de la gente, la esperanza, la emoción… eso no se puede explicar. En el 2022 fue impresionante, la gente tenía una fe especial, como un renacer porque se venía de dos años sin procesiones por el covid-19. Uno siente eso”, recordó.
Y entre todos los detalles, hay uno que le roba una sonrisa, el burrito en cual se monta durante la procesión.
“Él y yo somos amigos. Es el mismo todos los años. Es mansito, ya nos conocemos, cuando nos vemos es como saludarnos entre compas, nos abrazamos”, dijo entre risas.
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Pero más allá de todo, David tiene claro su propósito.
“De nada sirve representar a Jesús una vez al año si los otros 364 días me alejo de él. Yo le pido a Dios que me mantenga en este camino, que siga haciendo su obra en mí. Porque esto no es actuación… es una forma de vida”, concluyó.





