Gigi es una perra raza pomerania que llegó a la familia Picado Salas cuando el silencio y el dolor empezaron a pesar más de lo normal. A la peludita la encontramos dando gran apoyo en los Juegos Deportivos Nacionales Limón 2026.
Tenía apenas un mes de nacida cuando la adoptaron y, sin saberlo, entró a un hogar que atravesaba uno de los momentos más duros de su historia reciente, tras la muerte de don Jaime Picado, ocurrida en diciembre del 2024.
Desde entonces, su presencia se volvió cercana y necesaria, no como una mascota más, sino como parte de la familia y de un proceso de luto que todavía se está aprendiendo a transitar.
Nohelia Picado, hija de don Jaime, y María Salas, su esposa, cuentan que en la casa Gigi se mueve como si entendiera cada emoción.
Duerme con Montserrat, la hija menor y jugadora del equipo de balonmano de Tarrazú, acompaña a todas durante el día y tiene una facilidad especial para acercarse cuando percibe tristeza.
“Es como una personita más”, coinciden, al explicar que la perrita se convirtió en una especie de terapia diaria, capaz de arrancar una sonrisa en medio del duelo y de acompañarlas cuando las fuerzas no alcanzan.
En más de una ocasión, fue ella la que logró distraerlas en plena crisis emocional, recordándoles que el cariño también puede ser una forma de sostén.
Apoyo en Juegos Nacionales Limón 2026
Gigi no se queda en casa, porque hoy es parte de la afición más fiel de Montserrat, quien disputa sus primeros Juegos Nacionales con el equipo de balonmano de Tarrazú.
Cada partido, cada traslado y cada jornada de competencia la familia la vive acompañada por la perrita, que se convirtió en símbolo de apoyo y compañía en una experiencia que mezcla emoción, nervios y orgullo.
Para Montserrat, participar en sus primeros Juegos Nacionales tiene un significado especial. No solo representa un paso importante en su carrera deportiva, sino también un momento familiar cargado de emociones.
Hermana excampeona
Desde la gradería, quien la acompaña con especial orgullo es su hermana Nohelia, ya retirada del balonmano competitivo y campeona nacional el año anterior con Cartago, cuando cerró su etapa en Juegos Nacionales con una medalla de oro.
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Hoy, Nohelia vive la experiencia desde afuera, con otra mirada, apoyando a su hermana menor y compartiendo con ella un proceso que antes le tocó protagonizar dentro de la cancha.
“Ahora se vive diferente”, reconoce Nohelia, al explicar que regresar a los Juegos sin jugar despierta sensaciones encontradas.
Las ganas de estar en la cancha siguen ahí, pero el rol cambió y el apoyo se volvió la prioridad. En ese cambio, Gigi también ocupa un lugar importante, acompañando desde la gradería y convirtiéndose en parte del ritual familiar de cada partido.
La ausencia de don Jaime se siente especialmente en estos Juegos. Él siempre acompañaba a la familia en las competencias y su falta es imposible de ignorar. Sin embargo, la presencia de Gigi ayudó a llenar, en parte, ese vacío cotidiano.
No reemplaza, pero acompaña. No borra el dolor, pero ayuda a atravesarlo. Para la familia Picado Salas, la perrita se transformó en un punto de equilibrio entre el duelo, el deporte y la vida diaria.
Así, mientras Montserrat da sus primeros pasos en Juegos Nacionales con Tarrazú y Nohelia acompaña desde la experiencia de quien ya lo vivió todo, Gigi sigue ahí, pequeña, inquieta y fiel, recordándoles que, incluso, en los momentos más difíciles siempre puede aparecer algo o alguien que ayude a seguir adelante.


