Bryan Castillo.1 abril
Cind y su hijo Fabrizio Jaen viven en un chuzo de casa. Foto: Agencia Ojo por Ojo.
Cind y su hijo Fabrizio Jaen viven en un chuzo de casa. Foto: Agencia Ojo por Ojo.

Cindy Mora, de 31 años, vive en una muy linda casa construida a base de botellas, bolsas, empaques y “bumpers” de carros plásticos que, una vez reciclados, fueron transformados por una empresa privada en 850 bloques.

Cada pieza mide 50 centímetros de largo, 10 centímetros de alto y 3,7 centímetros de grueso.

Para la construcción de esta vivienda, que mide 12 metros de largo por 6 de ancho, se utilizaron 2.500 kilos de plástico.

Cindy recibió su casita el 26 de mayo del 2018 luego de calificar para un bono que daba la empresa constructora Urbarium, que en conjunto con la compañía Procter & Gamble (P&G) se encargaron de donar la plata y la mano de obra.

Esta vecina de Lámparas, en Alajuelita, y quien trabaja miscelánea, cuenta que vivir en una casa con esas características es distinto a habitar en una de materiales tradicionales como madera o concreto.

Y cuenta que, al contrario de lo que se podría pensar, el calor y el frío no son problemas. Tampoco lo es la bulla.

“Cuando está caliente los bloques mantienen la temperatura fresca por dentro y cuando hace frío pasa lo contrario, se mantiene a una temperatura normal. En el caso de los sonidos las paredes lo absorben mucho más”, cuenta Cindy.

La casita está valorada en 15 millones. Foto: Agencia Ojo por Ojo.
La casita está valorada en 15 millones. Foto: Agencia Ojo por Ojo.

Cindy vive con su hijo Fabrizio Jaén, de siete años, y dijo que la comodidad que sienten ahora no la habían tenido antes. El nuevo hogar es otra cosa.

“Antes vivía con mis papás en Alajuelita, en un cuarto. Ahora tengo este espacio, que es muy bonito. Es hasta mejor que una casa normal. Una ventaja que tengo es que si quiero dejo las paredes sin pintar porque está diseñada para eso; además por el material de los bloques a pesar de ser plásticos, son aislantes para el fuego y también soportan inundaciones”, añadió.

La casa tiene dos cuartos, un baño, la sala, la cocina y un cuarto de pilas. A las paredes se les puede meter clavos y en caso que se deba hacer una mejora en la instalación eléctrica (que pasa por dentro de los bloques) no hay complicaciones. Los bloques se quitan sin ningún problema, ya que se arman y se desarman como si se tratara de un lego.

“Solo el piso, el techo y las ventanas no son de plástico, el resto sí”, detalló la feliz dueña.

Solicite información
Si usted desea obtener información sobre cómo optar por un bono de estos, lo puede hacer en la página web urbarium.org.

Para Cindy, tener una casa propia es un sueño cumplido. Cuenta que hubo días en los que pensó que ese día nunca iba a llegar.

“Por muchos años estuve calificando para bonos, hasta que me dieron esta oportunidad. En enero del 2018 fui seleccionada y en mayo (de ese mismo año) me estaban entregando la casa”, recordó.

Cindy tiene 31 años y en el 2018 estrenó su casa. Foto: Agencia Ojo por Ojo.
Cindy tiene 31 años y en el 2018 estrenó su casa. Foto: Agencia Ojo por Ojo.
200 años de vida

Marcela Alvarado, directora ejecutiva de Urbarium, nos contó que otra de las ventajas que tienen estas estructuras es su vida útil.

“Es de aproximadamente doscientos años, es un material resistente al que incluso se le puede extender su vida dependiendo del cuidado que se le dé”, mencionó.

Alvarado mencionó que gracias al diseño de los bloques se puede desarmar si más adelante se desea hacer ampliaciones.

“Se puede hacer una segunda planta, no porque sean de plástico significa que son débiles, al contrario, son bastante estables (como los bloques de cemento)”, indicó.

Los trabajadores de P&G son los que se encargan de la construcción. Foto: P&G.
Los trabajadores de P&G son los que se encargan de la construcción. Foto: P&G.
En varias partes

La empresa P&G tiene un proyecto de responsabilidad social y en conjunto con Urbarium seleccionan a una familia para construirle una casa.

De acuerdo con Fernando Calderón, gerente de comunicaciones de P&G, desde el 2013 han regalado nueve viviendas, seis prefabricadas, dos son completamente de plástico –una en Escazú y esta de Alajuelita– y una híbrida, es decir, de plástico y cemento que se encuentra en Naranjo de Alajuela.

“La compañía da el cincuenta por ciento de los gastos y el otro cincuenta por ciento lo dan los empleados por medio de una donación. La construcción está a cargo de los empleados, que durante tres semanas van al lugar para ayudar a levantar la estructura”, comentó Calderón.

“Lo que buscamos es darle confort a las familias de bajos recursos para que puedan tener una mejor calidad de vida”, añadió.

Uno de los requisitos más importantes para obtener este beneficio es contar con un lote. Las empresas involucradas se hacen cargo de los materiales y de la construcción.

Cada casa de estas tiene un valor aproximado de $25 mil, es decir, unos ¢15 millones.

Para la construcción de la casa de Cindy se necesitan de 850 bloques. Foto: P&G.
Para la construcción de la casa de Cindy se necesitan de 850 bloques. Foto: P&G.